Mons. Eusebio Hernández Sola, nuevo obispo de Tarazona, ordenado ayer por Mons. Manuel Monteiro


Este sábado, 19 de marzo, solemnidad de San José, a las 11 de la mañana en la Iglesia del Monasterio de Santa María de Veruela ha recibido la ordenación episcopal Mons. Eusebio Hernández Sola, OAR como obispo de la diócesis de Tarazona, conferida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Secretario de la Congregación de Obispos en Roma y antiguo Nuncio de Su Santidad en España al que acompañaron como consagrantes principales Mons. Renzo Fratini, Nuncio de Su Santidad en España y Mons. Francisco Cardenal Álvarez, Arzobispo emérito de Toledo.
Al término de su ordenación episcopal, Mons. Mons. Eusebio Hernández Sola pronunció la siguiente alocución:

Alocución de Mons. Eusebio Hernández Sola, nuevo obispo de Tarazona en la ceremonia de su ordenación episcopal

Señor Cardenal, señores Obispos, sacerdotes, consagradas y consagrados.
Excelentísimas e ilustrísimas autoridades, señoras y señores, amigos todos y hermanos
en Cristo.
Saludo con especial deferencia a Su Excelencia Mons. Manuel Monteiro de Castro, actual Secretario de la Congregación para los Obispos, que se ha dignado ordenarme; y a Su
Excelencia Mons. Renzo Fratini, Nuncio Apostólico en España. A través de él deseo expresar
mi profunda comunión y obediencia al Santo Padre, Benedicto XVI, así como mi agradecimiento por la confianza que me ha otorgado al nombrarme para este ministerio apostólico.
El sentimiento que embarga hoy mi corazón es la gratitud. Me conmueve profundamente que, a través de la Iglesia, el Señor me haya llamado a formar parte del colegio episcopal. Que Jesús, que eligió a los doce apóstoles, haya pronunciado también mi nombre y me
haya asociado a su misión. Agradezco también, queridos hermanos, vuestra presencia orante
aquí, en este momento de gracia. Me anima y me da más fuerza para responderle a Él con
fidelidad.
Consciente del don y de la misión apostólica que he recibido hoy, quisiera tener siempre presentes las palabras que San Agustín dirigió a los fieles de Hipona en un aniversario de
su ordenación episcopal “Con vosotros soy cristiano, para vosotros soy obispo. El ser cristiano es en beneficio propio; el ser obispo, es únicamente para vuestra utilidad.” “Si por una
parte me asusta lo que soy para vosotros, por otra me consuela el estar con vosotros”. (Sermo, 340,1). Sí, queridos hermanos y hermanas de la Iglesia de Tarazona, el poder caminar
junto con vosotros es para mí un signo maravilloso del amor de Dios para conmigo.
Escogí para mi ordenación este día, festividad de San José, esposo de María y patrón
de la Iglesia universal, porque es ejemplo de vida, hombre justo y sencillo, del que no conservamos ninguna palabra, pero que supo acoger como nadie el proyecto de Dios sobre su vida.
Acogió en la fe el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, y luego vivió únicamente al
servicio de Jesús y María. Como José, salvando las distancias, me siento pequeño y limitado
al asumir esta nueva misión que el Señor y la Iglesia me encomiendan. He suplicado al Señor
durante estos días que me dé lo que manda y que mande lo que quiera, que me ayude a ser
para vosotros pastor según el corazón de Cristo, pastor bueno al servicio de nuestra querida
iglesia de Tarazona.
Siento fuertemente la necesidad de pedir vuestro apoyo y oración para llevar adelante
según el plan de Dios este ministerio pastoral que se me ha encomendado, y que es para mí
una carga, una carga que acepto con gusto por amor a Él y por amor a vosotros; lo hago de
nuevo con san Agustín, porque también él pedía con frecuencia oraciones a sus fieles: “Aligerad, pues, hermanos mi carga; aligerad mi carga ayudándome a llevarla, compadeceos de mi: rezad por mí y vivid bien” (Serm 239,4 y 46,2).
Hoy, como pastor vuestro, con palabras del venerado Juan Pablo ll, os invito y comprometo a todas las personas de esta querida diócesis de Tarazona, a que hagamos de esta
iglesia una “casa y escuela de comunión” (NMI 43). Quisiera que ese desafío propuesto por el
Santo Padre para toda la Iglesia, lo hiciésemos realidad en esta amada Iglesia particular de la diócesis de Tarazona. Desearía que todos juntos creásemos una verdadera comunidad de mujeres y hombres que creen, esperan y aman.
El lema de mi servicio apostólico lo he señalado con las palabras de San Pablo: “caritas in veritate” (1Cort 13,6). El fuego de la “caridad” constituye el alimento, el calor, el ambiente donde se forja la convivencia familiar; en torno al fogón de la caridad se estrechan las
relaciones humanas, se siente su calor y se ilumina la casa; con ella podremos crear una verdadera familia, donde todos se sientan acogidos y amados. Y “escuela” donde todos podamos escuchar al Divino Maestro, donde todos podamos aprender las enseñanzas del evangelio, donde todos encontremos la verdad, la única verdad: Cristo Jesús.
Para lograr este objetivo es imprescindible que todos trabajemos en la misma dirección, con el mismo entusiasmo pastoral; que todo el prebisterio, especialmente, viva unido.
“El presbiterio está inserto sacramentalmente en la comunión con el Obispo y con los otros
presbíteros para servir al Pueblo de Dios que es la Iglesia y atraer a todos a Cristo” (PDV
12). Sé que mi labor pastoral sería irrelevante sin vosotros, queridos sacerdotes. Confío en
vosotros y espero que también vosotros tengáis confianza conmigo. Juntos podremos construir una diócesis en la que sea fácil vivir unidos, donde la Palabra de Dios sea la luz que ilumine nuestros pasos pastorales y la Eucaristía sea el centro de animación y alimento de nuestras vidas.
Junto con el presbiterio me dirijo también a las diversas formas de vida consagrada
presentes en la Diócesis, sin olvidar los monasterios de vida contemplativa. Espero que vuestra identidad carismática, vida fraterna y misión apostólica sirvan para acompañar y revitalizar la vida pastoral de nuestra diócesis.
Como uno de los objetivos pastorales prioritarios quisiera aludir explícitamente a la
familia, célula fundamental de la sociedad y de la Iglesia; centro donde se instauran relaciones
interpersonales, ricas de interioridad y de entrega gratuita. Si queremos construir una sociedad
sana, próspera, creadora de bienestar y de paz, la tenemos que fundamentar en la familia. Ahí
es donde se forja el joven, el hombre y la mujer, el futuro de la sociedad. A ella quisiera dedicar una atención especial de mi servicio apostólico. Quisiera ayudar a los cónyuges y a los
padres en el cumplimiento de sus deberes y contribuir a fomentar la vida cristiana en el seno
de la familia. En ella se forjan las vocaciones de especial consagración. Promovamos una cultural vocacional que ilusione a los jóvenes y juntos caminemos hacia la Jornada Mundial de la juventud.
Dentro de mis preocupaciones pastorales reservaré siempre un lugar preferente a las
personas más débiles y vulnerables, a los niños, jóvenes, los pobres, los enfermos, los ancianos, los emigrantes, los que se encuentran solos, los que han perdido el sentido de la vida, los que se sienten marginados por la sociedad, los desempleados, los que sienten la soledad del espíritu, los que sufren especiales dificultades en el cuerpo o en el espíritu. Espero que juntos podamos encontrar caminos y respuestas para aliviar y afrontar esos problemas y situaciones de dolor y sufrimiento.
Al nombrar a estos grupos de personas no quiero que nadie se sienta marginado de mis
preocupaciones, interés y afecto. Deseo que todos y cada uno de los que componéis esta parcela que el Señor me ha confiado ocupe un lugar especial en mi corazón de pastor.
No quisiera concluir estas palabras sin mostrar públicamente mi agradecimiento a
Mons. Demetrio, anterior Pastor de esta Diócesis y administrador apostólico hasta hoy. Gracias por su generoso servicio pastoral y denodado empeño en favor de esta querida iglesia
particular. Sé bien cuánto la ha amado y cuánto seguirá amándola.
Gracias al colegio de consultores, a los diversos responsables de las actividades pastorales de la diócesis y a todos aquellos que durante este tiempo habéis trabajo con tanta generosidad por mantener la actividad pastoral de la diócesis y preparar esta ordenación. Mil gracias.
Mi agradecimiento para mi querida madre que nos acompaña en estos momentos. Gracias, madre, por tus oraciones y ejemplo de vida; sé que ellas me han sostenido y alentado en
el transcurso de mi vida. No puedo dejar de mencionar a mi querido padre, que descansa en la
paz del Señor. Estoy seguro de que desde allí me acompaña en esta nueva misión.
Agradezco también la ayuda, la seguridad que me han dado mis hermanos, mis familiares y amigos. Un saludo cordial a todos los vecinos de Cárcar que me acompañan en esta
celebración. Gracias a todos.
Quiero agradecer a la Orden de Agustinos Recoletos, representada aquí en la persona
del Prior General, P. Miguel Miró, y algunos miembros del Consejo General. Gracias por todo
lo que habéis hecho conmigo. Gracias a la Orden hoy estoy aquí como pastor de esta querida
diócesis de Tarazona.
Quiero dedicar también un recuerdo especial a la Congregación para los Institutos de
vida consagrada y Sociedades de vida apostólica, representada aquí dignamente por su Su
Excelencia Mons. Joao Braz de Aviz, Prefecto de la CIVCSVA, y por diversos colegas venidos expresamente desde Roma para acompañarnos en esta eucaristía. Han sido 35 años de
trabajo, ricos de experiencias, de viajes, de amor a la Iglesia y de esfuerzos por la vida consagrada. Gracias a todos los que me ayudaron a servir y amar más a la Iglesia.
Finalmente, gracias a todos….Que María, Reina y Madre de misericordia nos acompañe y proteja en nuestra misión apostólica. Gracias.
+Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

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HOMILÍA DEL ARZOBISPO MONS. MANUEL MONTEIRO DE CASTRO, SECRETARIO DE LA CONGREGACIÓN DE OBISPOS EN LA ORDENACIÓN EPISCOPAL DEL OBISPO DE TARAZONA

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
1. Nos hemos congregado, hoy, para celebrar la solemnidad de San
José y para participar en la ceremonia de la consagración episcopal de
Mons. Eusebio Hernández Sola, obispo electo de la histórica diócesis
de Tarazona, encomendándole al Señor para que le conceda un
fructuoso y feliz ministerio apostólico.
Un afectuoso saludo a todos y a cada uno de ustedes.
Me sea permitido manifestarles mi alegría al estar con ustedes en esta
inolvidable fiesta, que me trae a la memoria placenteros recuerdos de
Aragón, de sus amables gentes, de la Reina Santa Isabel, que han dado 2
a los portugueses y que es modelo perene de amor a Dios, a la familia
y a los más necesitados. Y, además, para la consagración episcopal de
un amigo, con el cual trabajé desde 1985, año en que inicié mi misión
de Nuncio Apostólico y participábamos en reuniones, a veces de una
semana, de las Conferencias de los Institutos de Vida Consagrada,
hasta septiembre de 2009, en España.
Deseo expresar sentimientos de viva gratitud al Excmo. y Rvdmo.
Mons. Demetrio Fernández González por el dedicado y fructuoso
trabajo pastoral por más de cinco años en esta diócesis así como al
Excmo. y Rvdmo Mons. Carmelo Barrobia.
Queridos hermanos, celebramos hoy la fiesta de San José, esposo de la
Virgen Santa María, hombre de fe inquebrantable; hombre bueno,
prudente, ponderado, justo; hombre fiel a la misión que el Señor le
confió. Por su intercesión, pidamos al Señor la gracia de imitarle.
2. Los textos litúrgicos que hemos escuchado son muy ricos de
contenido. La primera lectura, que es del profeta Samuel, nos recuerda
una de las más notables profecías mesiánicas, que se cumple en la
persona de Jesús, descendiente de David por parte de San José, su
padre adoptivo. Frente a la ley, Jesús es de la descendencia de David
por su padre San José. La alianza hecha a David bajo juramento, que
es perpetua, tiene como fundamento el amor y la fidelidad. Proclama
el salmista: “Las misericordias del Señor cantaré eternamente […] Tu
eres mi Padre, mi Dios, la Roca de mi salvación. Le guardaré por
siempre mi misericordia, mi alianza con él será firme. Asentaré su
linaje para siempre”.
3. San José, hombre justo y fiel a la misión que el Señor le confió. El
Evangelio que hemos escuchado aplica a San José el adjetivo “justo”.
Justo es aquel que da a cada uno lo que le corresponde. A Dios le
corresponde el primer lugar. San José, artesano, acostumbrado a tratar
con quien le solicitaba servicios, era muy consciente de este principio.
Era un judío creyente.
Como hemos escuchado en el Evangelio de hoy, el Señor ha confiado
una misión a San José: “José, hijo de David, no tengas reparo llevar a
María, tu mujer, porque la creatura que hay en ella viene del Espíritu
Santo, dará a luz un Hijo, y tu le pondrás por nombre Jesús”. San
José cumplió plenamente la misión que le ha sido confiada.
Dificultades tuvo muchas, desde Belén a Egipto, Nazaret y Jerusalén.
También nosotros debemos estar preparados para superar las
dificultades con espíritu de fe.
4. A la Iglesia, a Pedro y a sus sucesores ha sido confiada la misión de
llevar al mundo la Palabra del Señor.
Su Santidad Benedicto XVI ha llamado ahora el navarro P. Eusebio
Hernández Sola, de la Orden de los Agustinos Recoletos, con una
relevante preparación humana, intelectual, teológica, jurídica e del
gobierno central de la Iglesia, confiándole la misión de sucesor de los
apóstoles y particularmente la misión en la diócesis de Tarazona.
El Padre Eusebio nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944,
hijo de Don Ignacio y Doña Áurea de Hernández Sola. Es el mayor
de cuatro hermanos.
Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos
Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. Completados los
cursos de humanidades y de filosofía, fue ordenado sacerdote el 7 de
julio de 1968.
Ayudó pastoralmente como asistente en la Parroquia de “Santa Rita”
de Madrid. Terminados sus estudios universitarios, inició su trabajo en
la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades
de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la
formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la
elaboración y publicación de los documentos de la Congregación;
además, dirigió una escuela bienal de teología y derecho de la vida 4
consagrada. Desde 1995 es “capo ufficio” del mismo Dicasterio. Por
razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado
misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados
congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional.
Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de
la orden en Roma.
4. Querido Mons. Eusebio,
La Iglesia te consagra hoy obispo, sucesor de los apóstoles, para el
munus pastoral en la diócesis de Tarazona y en el Colegio Apostólico:
hermosa misión la de hacer conocer a Jesucristo, que nos reveló la
Trinidad Santísima y que nos enseñó como amar a Dios y al próximo.
La misión del obispo, que es la tuya, tiene un campo muy vasto.
Señala Su Santidad Benedicto XVI: “Aunque pueda parecer que
grandes partes del mundo moderno, de los hombres de hoy, dan las
espaldas a Dios y consideran que la fe es algo del pasado, existe el
anhelo de que finalmente se establezcan la justicia, el amor, la paz, de
que se superen la pobreza y el sufrimiento, de que los hombres
encuentren la alegría. Todo este anhelo está presente en el mundo de
hoy, el anhelo hacia lo que es grande, hacia lo que es bueno. Es la
nostalgia del Redentor, de Dios mismo, incluso donde se lo niega”
(Homilía, 5 de febrero de 2011).
Querido Mons. Eusebio, concluyo recordando las siguientes palabras
del Santo Padre: la misión del obispo es la de obrero “en la mies de la
historia del mundo con la tarea de curar abriendo las puertas del
mundo al señorío de Dios, a fin de que se haga la voluntad de Dios en
la tierra como en el cielo” (Homilía, 5 de febrero de 2011).
Te acompañan nuestras humildes plegarias al Señor para que, por
intercesión de nuestra Madre Santísima, venerada en toda la tierra de
Aragón bajo la tan querida y celebrada advocación del Pilar y aquí
bajo el título de Veruela, contando con el valimiento de los santos 5
patronos de esta diócesis San Prudencio y San Gaudioso, te conceda la
gracia de ser, hoy y siempre, un buen pastor de su santa grey.
Así sea
19 de marzo de 2011
? Manuel Monteiro de Castro
Arzobispo titular de Benevento
Secretario de la Congregación de los Obispos

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