Cardenal Rouco: “Las vocaciones sacerdotales son un don de Dios que debe ser implorado con humildad y perseverancia”

Con motivo del ‘Día del Seminario’, que se celebrará el próximo sábado 19 de marzo con el lema “El sacerdote, don de Dios para el mundo”, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha hecho pública una carta en la que recuerda que la solemnidad de San José y la celebración del ‘Día del Seminario’ son “dos conmemoraciones relacionadas entre sí por misiones análogas: la de S. José, velando como padre adoptivo por el crecimiento de la santa humanidad de Jesucristo” y “la del Seminario como comunidad educativa, acompañando a los futuros sacerdotes en el discernimiento de su vocación, en la ayuda para responder generosamente a ella, y en la preparación para el ejercicio del ministerio sacerdotal”.

Este año, señala, el ‘Día del Seminario’ se celebra cuando faltan seis meses para “el gran acontecimiento” de la Jornada Mundial de la Juventud, “de la que nuestra Archidiócesis tiene la inmensa gracia de ser organizadora y anfitriona”, y que “será, sin duda, una verdadera misión joven bajo la presencia pastoral del Santo Padre”. “Estoy seguro de que un acontecimiento espiritual de tales características provocará en los jóvenes un encuentro más vivo y cercano con el Señor que les impulse a vivir con un sentido luminoso y verdadero ‘arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe’ (Col 2,7), en medio de un mundo tan relativista como el nuestro, en donde difícilmente encuentran cimientos sólidos para anclar con fidelidad y esperanza los proyectos personales, y razones suficientes para trabajar con entusiasmo por un futuro mejor que el mundo actual de sus mayores”. En este sentido, añade que “mientras nos preparamos espiritualmente para tal evento, orar por los frutos de la JMJ es, también, orar por las vocaciones sacerdotales”.

“Casi doscientos seminaristas integran en el presente curso nuestros Seminarios diocesanos, el Conciliar de la Inmaculada y San Dámaso y el misionero ‘Redemptoris Mater’. En estos tiempos de escasez vocacional en no pocos países de antigua tradición cristiana, el número y la calidad humana y cristiana de nuestros seminaristas son una verdadera bendición de Dios para la Iglesia madrileña, que, en ellos, puede contemplar con esperanza su futuro y ofrecer ayuda solidaria a otras iglesias necesitadas”.

Vocación, signo de contradicción

Reconoce que “no resulta fácil el seguimiento apostólico de Jesucristo en la sociedad actual; la escasa estima por los sacerdotes en no pocos ambientes y el intento actual en algunos medios de presentarlos como socialmente insignificantes cuando no anacrónicos, pone de manifiesto que hoy, la vocación de cada seminarista, es un signo de contradicción, pero necesario de la presencia amorosa de Dios hacia los hombres que, también en este tiempo de los avances científicos y tecnológicos, siguen teniendo sed de Dios y de una vida verdadera y con sentido”. Por ello, “el ‘Día del Seminario’ abre la oportunidad a todos los fieles cristianos de ofrecer el afecto y el reconocimiento a quienes mañana les servirán como presbíteros, encomendándolos al Buen Pastor, colaborando económicamente con generosidad en las necesidades de su formación y alentándolos siempre con el afecto y el reconocimiento”.

Aunque “las vocaciones sacerdotales son un don de Dios que debe ser implorado con humildad y perseverancia”, asegura que esto “no nos excusa de la responsabilidad de educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que sean sensibles y generosos a una posible llamada del Señor”. Por ello, exhorta a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos o asociaciones de fieles a manifestar “la vitalidad de su madurez cristiana proponiendo a sus jóvenes la vocación sacerdotal. La experiencia confirma que, allí donde se cuida con rigor evangélico y fidelidad eclesial la vida cristiana, surgen vocaciones”. A los presbíteros les pide “que ofrezcáis a los jóvenes sin reparo alguno el testimonio alegre y abnegado de vuestro sacerdocio con la palabra y con el ejemplo de la entrega sacerdotal de cada día”. A “los profesores y educadores cristianos, dada la importancia de vuestra tarea educativa para la formación cristiana de adolescentes y jóvenes”. Y a las familias cristianas, “que eduquéis a vuestros hijos para escuchar la llamada de Dios con generosidad de corazón sin dejar de implorar al Señor el don de un hijo sacerdote como el mejor regalo de Dios”.

Invita a todos los fieles a mostrar “vuestra estima y afecto a los futuros sacerdotes encomendándolos al Señor para que haga de ellos apóstoles entregados del Evangelio de Cristo y servidores incondicionales de todos los hombres”. Y a ser “generosos en la ayuda económica para aliviar las múltiples necesidades de la formación sacerdotal”.

Concluye pidiendo a la Virgen de la Almudena que “acompañe el crecimiento educativo de nuestros seminaristas renovando en ellos la disponibilidad para servir como sacerdotes de su hijo Jesucristo”.

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