El Papa Benedicto XVI reza y manifiesta su cercanía a quienes en el Japón han sufrido las consecuencias del terremoto y del tsunami


El Papa Benedicto XVI ha dirigido este domingo desde la ventana de su apartamento del palacio Apostólico la oración mariana del Ángelus, ante una multitud de fieles y peregrinos que, no obstante la lluvia, se hicieron presentes en la Plaza de San Pedro. Según ha difundido Radio vaticano, el Santo Padre tras el rezo mariano ha tenido presente a las víctimas a causa del terremoto y porterior maremoto que han asolado la parte septentrional de Japón:
Las imágenes del trágico terremoto y del posterior tsunami en Japón nos han dejado a todos fuertemente impresionados. Deseo renovar mi espiritual cercanía a las queridas poblaciones de aquel País, que con dignidad y valentía están afrontando las consecuencias de tal calamidad. Rezo por las víctimas y por sus familiares, y por todos aquellos que sufren a causa de estos tremendos acontecimientos. Animo a cuantos, con encomiable prontitud, se han comprometido para ayudarles. Permanezcamos unidos en la oración. ¡El Señor nos está cerca!

En este primer Domingo de Cuaresma, el Santo Padre ha recordado que es el Tiempo litúrgico de cuarenta días que constituye en la Iglesia un itinerario espiritual de preparación para la Pascua.

Se trata sustancialmente de seguir a Jesús que se dirige decisivamente hacia la Cruz, culmen de su misión de salvación. Si nos preguntamos: ¿por qué la Cuaresma? ¿por qué la Cruz?, la respuesta, en términos radicales es esta: porque existe el mal, es más, el pecado, que según las Escrituras es la causa profunda de todo mal.

Esta afirmación, ha subrayado el sucesor de Pedro, no se debe dar por adquirida, la misma palabra “pecado”, no ha sido aceptada por muchos, porque presupone una visión religiosa del mundo y del hombre. En efecto es verdad: si se suprime a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Como cuando se pone el sol, desaparecen las sombras; las sombras solamente aparecen cuando hay sol; así el eclipse de Dios comporta necesariamente el eclipse del pecado.

Por ello el sentido del pecado – que es una cosa diversa del “sentido de culpa” como lo entiende la psicología – se adquiere descubriendo de nuevo el sentido de Dios. Lo expresa el salmo Miserere, atribuido al rey David en ocasión de su doble pecado de adulterio y de homicidio: “Contra ti – dice David dirigiéndose a Dios –contra ti solo pequé” (Sal 51,6).

Ante el mal moral, ha proseguido reflexionando el Pontífice, la actitud de Dios es el de oponerse al pecado y salvar al pecador. Dios no tolera el mal, porque es Amor, Justicia, Fidelidad; y precisamente por esto no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Por salvar a la humanidad, Dios interviene: lo vemos en toda la historia del pueblo judío, a partir de la liberación de Egipto, ha recordado Benedicto XVI:

Dios ha determinado liberar a sus hijos de la esclavitud para conducirles a la libertad. Y la esclavitud más grave y más profunda es precisamente la del pecado. Por eso Dios ha enviado a su Hijo al mundo: para librar a los hombres del dominio de Satanás, “origen y causa de todo pecado”. Lo ha enviado en nuestra propia carne mortal para que se convirtiera en víctima de expiación, muriendo por nosotros en la cruz.

Antes de concluir su breve alocución previa a la plegaria mariana Benedicto XVI ha afirmado que, “contra este plan de salvación definitivo y universal, el Diablo se ha opuesto con todas sus fuerzas, como demuestra en particular el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, que viene proclamado cada año el Primer Domingo de Cuaresma.

En efecto, entrar en este Tiempo Litúrgico, ha subrayado el Papa, significa cada vez ponerse de la parte de Cristo contra el pecado, afrontar – tanto personalmente, como con la Iglesia – el combate espiritual contra el espíritu del mal (Miércoles de Ceniza, Oración Colecta). Por ello invocamos la maternal ayuda de María Santísima para el camino cuaresmal recientemente comenzado, para que sea rico en frutos de conversión. Y a este punto el Papa ha pedido que se recuerde, especialmente en la oración, tanto a él como a sus colaboradores de la Curia Romana, que esta tarde iniciarán la semana de Ejercicios espirituales.

Tras el rezo del Ángelus y del responso por los fieles difuntos el Santo Padre ha saludado en varias lenguas. Estas han sido sus palabras en español:

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular al grupo de ucranianos llegados desde España y a los fieles de las parroquias de san Nicolás, de Plasencia y san Francisco de Sales, de Mérida. En este tiempo de Cuaresma, la imagen del desierto nos invita a recogernos interiormente y, con espíritu de penitencia, progresar en nuestro camino espiritual. Que apoyados en la Palabra de Dios y guiados por el ejemplo del Salvador vivamos con alegría y aprovechemos este tiempo de gracia. Os ruego también un recuerdo particular por mí y por mis colaboradores de la Curia romana, que esta tarde comenzaremos los ejercicios espirituales. Feliz domingo.

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