"El sacerdote, don de Dios para el mundo", carta del obispo de Plasencia con motivo del Día del Seminario


Queridos diocesanos:
Con el lema “El sacerdote don de Dios para el mundo”, celebra nuestra Diócesis el día del Seminario en la festividad de San José. Os escribo convencido de que vosotros, los que habitualmente recibís y acogéis los mensajes que os dirijo a lo largo del año, estáis de acuerdo plenamente con el lema. Los católicos sabemos muy bien que el sacerdote y su misión es un regalo de Dios. Lo sabemos cuando recibimos su servicio y lo sabemos también cuando nos faltan los sacerdotes. Pero el sacerdote no es sólo necesario por lo que hace, es necesario sobre todo por lo que es: por ser un hombre de Dios, por ser alguien que está entre nosotros por la voluntad misma de Dios para ser servidores de sus bienes en favor de los hombres. De cualquier modo, tanto lo que el sacerdote es como lo que hace, viene de Dios. Sea lo que sea; lo más espiritual que ofrece y lo que no lo parece tanto, como por ejemplo, acompañar el desarrollo social, cultural y humano de la gente, todo lo hace el sacerdote como hombre de Dios. El origen de la vocación y de la misión del sacerdote está en el amor de Dios por nosotros. Por eso, ser sacerdote es ser amor de Dios para la humanidad.
El sacerdocio tiene perfiles divinos
Si os habéis fijado, el cartel que presenta la campaña del día del seminario de este año, recoge, al fondo de unos cuadrados en los que aparecen rostros juveniles y fotografías de templos parroquiales, a Cristo en la cruz. En efecto, el Crucificado es la cumbre del amor, es la expresión en el mundo del amor más dulce, más tierno y más hondo de Dios. Por eso, ser sacerdote es vivir en el crucificado. Así se lo dice el Obispo a cada presbítero en su ordenación: “Conforma tu vida en el misterio de la cruz del Señor”. De ahí que en la conciencia de cada uno de los sacerdotes está hondamente gravada la cruz y, por ella, el amor.
Por eso, la vida del sacerdote no se puede valorar como cualquier otra profesión, aunque haya que pedirles en su servicio ministerial el sentido de responsabilidad con que se ejerce cualquier otro trabajo. Cada vida sacerdotal es un misterio unido siempre al misterio de Dios. El sacerdocio, en efecto, tiene perfiles divinos, porque es vivencia y presencia del sacerdocio de Cristo. Somos sacerdotes de Jesucristo y, por eso, seremos mejores sacerdotes en la medida que seamos fieles a quien nos ha llamado y elegido a ser su imagen y representación.
Quizás no hacía falta tanta explicación, porque todos vosotros estáis en contacto con un “cura” y sabéis muy bien, por el olfato espiritual que tenéis, de dónde viene y a dónde va su tarea. Pero, si me he ocupado un poco en insistir en su relación con Dios, es también para invitaros a ser testigos del valor del sacerdocio ante aquellos que por una razón o por otra no están tan cerca de su misión y por eso no la entienden. Hoy más que nunca es necesario que los católicos, más allá de las circunstancias, seamos testigos de la verdad y la bondad de nuestros sacerdotes. Es necesario que los valoremos y defendamos ante ciertas visiones erróneas de lo que son y lo que hacen.
Seminario mayor y menor
Pero mi carta, además de hablar del sacerdote, pretende sobre todo que os acerquéis a nuestro seminario. Como sabéis, tenemos un pequeño grupo de chicos, francamente muy buenos en el seminario menor. Sus formadores cuidan con esmero su desarrollo humano, cultural y espiritual. Ciertamente se les ve crecer día a día y por eso despiertan nuestra esperanza. Me gustaría decirles a los sacerdotes y a los padres cristianos que estén atentos a cualquier manifestación vocacional de nuestros niños y preadolescentes y que no se deje pasar ese momento. Ofreced el seminario como lugar de desarrollo de la vocación sacerdotal.
En el Seminario Mayor, donde se forman los jóvenes que ya se orientan a lo largo de seis cursos hacia el sacerdocio, tenemos, además de los tres diáconos, que próximamente serán sacerdotes, a seis seminaristas más, que a criterio del Señor Rector, de sus formadores y del Obispo progresan adecuadamente. Rezad por ellos, para que sigan por el camino que les marca el Señor, bajo la guía de la Iglesia.
Os cuento esto, porque todo lo que suceda en la casa que llamamos seminario nos interesa a los sacerdotes, los consagrados y los laicos. Es nuestro seminario diocesano. También, por supuesto, nos interesa cómo viven. De eso quiero hablaros también en esta carta, especialmente en lo que se refiere a su espacio físico. Actualmente los menores viven en el Colegio de las Josefinas Trinitarias, en una zona que generosamente nos han cedido. Los mayores en la Casa Sacerdotal. Esto es así provisionalmente hasta que comience la restauración del viejo edificio del Seminario, situado en la plaza de la catedral en Plasencia. Los trámites están muy adelantados y muy pronto empezarán las obras. Antes os daremos a conocer en qué van a consistir las mismas. Os aviso que pediremos la ayuda generosa de todos. Pensad, cuando os llegue la petición, que en cada gesto vuestro estáis agradeciendo el don del sacerdocio; porque colaborar con el seminario es reconocer que el sacerdote es un don del Señor.
Para esta campaña de 2011 os pido vuestra colaboración como cada año. Ésta ha de consistir: primero en rezar por las vocaciones y, junto a eso, en colaborar económicamente con generosidad en el mantenimiento del hogar diocesano de las vocaciones sacerdotales.
Con agradecimiento y afecto, os bendice.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia

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