Discurso del nuevo obispo de Huesca y de Jaca, Julián Ruiz Martorell, al final de su celebración de ordenación episcopal

Dios Padre Todopoderoso, te doy gracias porque me diste la vida en el seno de una familia que siempre me ha acompañado y respetado en el camino de la fe.
Por el bautismo me incorporaste a tu Iglesia, que hoy has convocado alrededor del altar en la comunión representada por el Sr. Cardenal, el Sr. Arzobispo de Zaragoza, el Sr. Nuncio y los Sres. Arzobispos, obispos, abades, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos, religiosas, miembros de institutos de vida consagrada, sociedades de vida apostólica, institutos seculares y todo tu pueblo santo congregado en esta celebración.

Bendice y protege a las autoridades autonómicas, provinciales y locales, ejecutivas, legislativas y judiciales, militares y académicas que nos acompañan.

Señor Hiio Jesucristo, tú eres el sacerdote y la víctima, tú eres el oferente y la ofrenda. Sin ti no podemos hacer nada. Te doy gracias porque me llamaste para que estuviera contigo y me concediste el don de configurarme con tu voluntad, robusteciendo la fe en el Colegio Salesiano de Cuenca y en el de Zaragoza. Me bendijiste con la ayuda de los Formadores y compañeros del Seminario Metropolitano de Zaragoza y los profesores del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón. Me concediste el regalo de ser tu testigo como sacerdote recién ordenado en Plasencia de Jalón, Bardallur, Bárboles, Oitura y Pleitas.

Te doy gracias porque pusiste en mi camino excelentes profesores y compañeros en la Pontificia Universidad Gregoriana y en el Pontificio Instituto Bíblico. La convivencia en el Pontificio Colegio Español supuso un nuevo regalo de tu generosidad. Me otorgaste el don de conocer a las Religiosas di San Giovanni Battista en la Chiesa del Santissimo Sacramento.

En Zaragoza me concediste el don de trabajar con magníficos sacerdotes y feligreses en la Parroquia de Santa Rafaela María. Me diste a conocer el carisma de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Me hiciste experimentar el don de la fraternidad en el Cabildo Metropolitano de Zaragoza. Me permitiste trabajar con los miembros del Consejo Episcopal, del Consejo Presbiteral, del Colegio de Consultores y del Consejo Diocesano de Pastoral.

Me has concedido encontrar un generoso equipo de colaboradores en la Casa de la Iglesia, en la Secretaría General, en la Administración Diocesana, en las Delegaciones Episcopales, en los Tribunales Interdiocesanos de Primera y Segunda Instancia y todos los que trabajan en aquella gran familia.

Bendito seas, Señor, porque me has permitido colaborar con los compañeros de claustro y alumnos del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas Nuestra Señora del de la Extensión de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a Distancia “San Agustín” y del Instituto de Teología para Seglares. Bendito seas por estos meses de vivencia pastoral en el Seminario Metropolitano de Zaragoza. Continúa iluminando y dando fuerza a mis hermanos formadores y a los seminaristas.

Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Te hemos invocado y te has hecho presente. La Iglesia que peregrina en Huesca y en Jaca merece un obispo santo. Sólo tú puedes transformar a este sencillo oyente de la palabra en un ministro fiel. Hazme pastor según tu corazón. Acompaña los pasos de todos los cristianos de la Iglesia que peregrina en ambas diócesis.

Santísima Trinidad, un solo Dios, bendice a todas las personas que han contribuido a rendirte homenaje de gratitud y de alabanza en esta celebración. A D. Manuel Ureña Pastor, Arzobispo de Zaragoza, que me honra con su paternal solicitud, al Sr. Cardenal D. Agustín García-Gasco, al Sr. Nuncio Apostólico Mons. Fratini, al Sr. Arzobispo de Oviedo, D. Jesús Sanz Montes, que ha trabajado generosamente en estas diócesis, a los Sres. Obispos y Abades que se han desplazado hasta esta noble tierra, a los Vicarios generales de Huesca y de Jaca, al Cabildo de esta Catedral, a todos los voluntarios que han entregado su tiempo y su esfuerzo para darte gloria. Bendice, también, a las Hermanas de la Caridad de Santa Ana que me han acogido viviendo intensamente el carisma de su congregación.

Padre misericordioso, tú lo sabes todo. Perdona cualquier sombra de vanidad que haya en mí en estos días. A ti la gloria por los siglos. Sólo a ti. Concédeme escuchar tu Palabra. Señor Jesucristo, concédeme conocerte y amarte cada vez más, de modo que puedas ser más conocido y amado. Espíritu Santo bendice y protege al Santo Padre. Que la intercesión de San Lorenzo y Santa Orosia me acompañen y que pueda servir a todos “para que tengan vida”. Amén.

5 de marzo de 2011

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