Palabras del nuncio, Mons. Renzo Fratini a la plenaria de la Conferencia Episcopal

Eminentísimo Señor Cardenal Presidente,
Eminentísimos Señores Cardenales,
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,
Señoras y Señores:

Como representante del Santo Padre en España, acojo con gratitud la cordial invitación que, como signo de comunión con el Sucesor de Pedro, me han presentado para acompañarles en esta Apertura de la XCVII Asamblea Plenaria. Aprovecho la oportunidad, en primer lugar, para saludar fraternalmente a todos los hermanos en el episcopado.

Mirando el bien común de la sociedad y acompañando a los creyentes y hombres de buena voluntad, esta Conferencia Episcopal ha tenido ocasión reiterada de reflexionar y referirse a los temas que afectan profundamente a una sana convivencia. Entre ellos sobresalen el amor y el aprecio a la vida y los derechos referentes a la educación.

1.- El amor y aprecio a la vida.

Conscientes de que ninguna persona es jamás inútil – es un proyecto de Dios amor – siempre es oportuna una rotunda defensa de la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Nunca hay motivos para frustrar el proyecto y la posibilidad de vivir a ningún ser humano concebido, ni de quitar una vida por ceder a una falsa compasión o a una equivocada idea de progreso haciéndose “cómplice de un grave mal moral” que “contribuye a minar los cimientos de la convivencia en la justicia” (La Eutanasia es inmoral y antisocial. Declaración de la Comisión Permanente CEE. 18 febrero 2007. nº 19). Entre eutanasia y muerte digna, no hay equivalencia. Las diferentes terapias disponibles hoy y el amor humano, no se excluyen, se complementan. Solo es digna la muerte natural aceptada personalmente y acompañada por el amor de los demás. Que alguien acabe con una vida contradice la naturaleza y el sentido de la misma vida humana.

2.- El derecho de los padres y la escuela católica.

Sabemos también que la educación incide en la libertad humana. Las notas débiles de nuestro mundo presentan los síntomas del desinterés por las verdades fundamentales de la vida humana, del individualismo, del relativismo moral y del utilitarismo. La escuela católica educa para la entrega de la vida percibiendo en Cristo la verdadera fraternidad y la unidad profunda de la naturaleza humana. En este sentido no está de sobra recordar las líneas del precioso documento de esta Conferencia Episcopal: “La Escuela Católica. Oferta de la Iglesia en España para la educación en el siglo XXI”.

Como ahí bien afirman ustedes el fundamento y razón básica del ser y el hacer educativo “es Dios, Verdad, Bien y Belleza supremas…La paternidad de Dios hace posible en los hijos la fraternidad universal, su vida entregada por todos nosotros es fundamento de nuestro amor desinteresado, su ser eterno al que estamos destinados es el sentido de nuestra vida.” Esa Verdad, como vemos en S. Agustín, es descubierta, no puesta, y trasciende tanto al maestro como al alumno.

Por tanto siendo “Jesucristo el marco de referencia continuo del proyecto educativo católico” se ofrece al alumno una “Luz en medio del mundo que les sirve de guía, un Maestro a quien imitar, una Vida con la que conformarse y una Persona en quien poner su confianza, Jesucristo”. Enseñándoles a trabajar “por superar aquellas conductas, situaciones y estructuras que se oponen a esta nueva vida” el proyecto educativo católico pretende “renovar al hombre entero y su cultura… purificar y elevar las aptitudes más profundas de los alumnos, restaurar y completar en Cristo, como desde dentro, las características y cualidades propias de los alumnos. Así contribuye a educar a los niños y jóvenes para la libertad interior que les va a hacer libres desde lo más hondo de su ser.”

Por eso la Iglesia, aún respetuosa con las diversas opciones, sabe que educar es para ella, no un derecho concedido o reconocido por la sociedad, sino parte integrante de la misión que su Señor le ha confiado para fomentar la unidad y la comunión con El y de los hombres entre sí.

No puede negarse la aportación de la Escuela católica a la sociedad con efectos de beneficio, también económico, para la misma sociedad. Debería respetarse, por parte de todos, cualquier forma de educación, ya mixta o diferenciada. La decisión primera, en todos los aspectos educativos, corresponde a los padres. A ellos les asiste una normativa legal constitucional y en su opción son movidos por sus convicciones religiosas y sociales, así como las experiencias contrastadas y estudios pedagógicos. En esto, como en tantas cosas, la libertad del los padres debe ser respetada en consenso por las diferentes opciones políticas buscando el bien común por encima de cualquier otro interés.

3.- La colaboración a la misión “ad gentes”.

A nivel intra eclesial esta Asamblea tratará el asunto de la misión “ad gentes” en la aprobación del documento “Directorio de la Cooperación Misionera entre las Iglesias para las Diócesis de España”. Me alegra que, sensibles al Magisterio Pontificio, respondan, mediante este instrumento, a los diversos aspectos que están apareciendo, de una o de otra forma, en las Diócesis españolas en referencia a la animación misionera, y que repercuten en la cooperación a favor de la Iglesia Universal.

Aprecio vivamente el gran elenco de posibilidades mediante las cuales el episcopado español desea contribuir a su vasta historia de proverbial generosidad de misioneros y misioneras y de medios materiales, oraciones y sacrificios espirituales. En su Mensaje para la próxima Jornada Mundial Misionera 2011, el Papa recuerda que “La misión universal implica a todos, todo y siempre. El Evangelio no es un bien exclusivo de quien lo ha recibido, sino que es un don que compartir, una buena noticia que comunicar… Y – sigue el Santo Padre – en ello están implicadas también todas las actividades. La atención y la cooperación en la obra evangelizadora de la Iglesia en el mundo no pueden limitarse a algunos momentos y ocasiones particulares, y tampoco pueden ser consideradas como una entre las muchas actividades pastorales: la dimensión misionera de la Iglesia es esencial, y por tanto debe tenerse siempre presente”.

4.- Las vocaciones al sacerdocio.

Por último, les animo muy vivamente en el estudio de una “renovada pastoral de las vocaciones sacerdotales”. Respondiendo también a la iniciativa del Santo Padre, fruto concreto del recientemente pasado “Año Sacerdotal”, esta Asamblea tratará este punto vital para la vida de la Iglesia. Será una forma privilegiada de preparar ya la próxima Jornada Mundial de la Juventud y sus ecos. En los jóvenes, como sabemos, existen impulsos de donación que necesitan de orientación para poder seguir, con totalidad y certeza, a Jesucristo el Señor. Como gustaba tanto decir al Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II, prontamente beatificado, “ellos son la esperanza de la Iglesia”.

Señores Obispos, confiando en la maternal intercesión de la Santísima Virgen María les aseguro mi oración por sus trabajos al servicio del Reino de Dios.

Muchas gracias.

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