Apremiante llamada de atención de Benedicto XVI sobre la depresión post-aborto

“Los padres, los médicos y toda la sociedad deben asumir su propia responsabilidad tutelando la vida del concebido y el verdadero bien de la mujer, para que nunca se sienta sola. Dios nunca nos abandona. Por medio de la conciencia, nos invita a defender la vida humana, a reconocer nuestros errores y a abrirnos a su infinita Misericordia” , ha manifestado Benedicto XVI a los miembros de la Pontificia Academia para la Vida.
Al recibir a los participantes en la plenaria de la Pontificia Academia para la Vida, Benedicto XVI ha reiterado, según Radio Vaticano, este sábado la importancia de los temas tratados en estos días – es decir la depresión post-aborto y la utilización de los bancos de cordón umbilical, por el bien de toda la comunidad civil – que interrogan y desafían profundamente a la sociedad contemporánea llamada a dar respuestas adecuadas por el bien de la persona humana.

Refiriéndose al primer tema, el de la depresión post-aborto, es decir el grave malestar psíquico que sufren a menudo las mujeres que han recurrido al aborto voluntario, el Papa hizo hincapié en que «este sufrimiento revela la voz que no se puede suprimir de la conciencia – a veces ofuscada – de los padres de los niños que a menudo dejan solas a las mujeres embarazadas»:

«A cuantos quisieran negar la existencia de la conciencia moral en el hombre, reduciendo su voz al resultado de condicionamientos externos o a un fenómeno puramente emotivo, es importante reiterar que la cualidad moral del actuar humano no es un valor extrínseco y opcional, y tampoco una prerrogativa de los cristianos o de los creyentes, sino que acomuna a todo ser humano. En la conciencia moral Dios habla a cada uno e invita a defender la vida humana en todo momento. En esta relación personal con el Creador está la dignidad profunda de la conciencia moral y la razón de su inviolabilidad»

Tras señalar que es tarea de la conciencia moral discernir el bien del mal, Benedicto XVI alentó a la esperanza cristiana que ayuda a sanar el alma herida:

«Aún cuando el hombre rechaza la verdad y el bien que el Creador le propone, Dios no lo abandona, sino precisamente a través de la voz de la conciencia, sigue buscándolo y hablándole, para que reconozca el error y se abra a la Misericordia divina, capaz de sanar cualquier herida»

«Los médicos, en particular, no pueden faltar a su grave deber de defender del engaño la conciencia de muchas mujeres, que piensan que encontrarán en el aborto la solución de dificultades familiares, económicas, sociales o de salud de sus hijos», advirtió el Santo Padre, refiriéndose a que, en especial, en esta última situación se convence a menudo a la mujer, y lo hacen muchas veces los mismos médicos, que el aborto representa no sólo una decisión moralmente lícita, sino incluso una debida acción ‘terapéutica’ para evitar sufrimientos al niño y a su familia, así como un ‘injusto’ peso para la sociedad». Una vez más, el Papa recordó que cada uno se debe asumir su propia responsabilidad, ante contextos culturales caracterizados por un eclipsis del sentido de la vida, que atenúa la gravedad moral del aborto y de otras formas que atentan contra la vida humana:

«Se requiere a los médicos una especial fortaleza para que afirmen que el aborto no resuelve nada, sino que mata al niño, destruye a la mujer y obceca la conciencia del padre del niño, destrozando a menudo la vida familiar. Tarea que no sólo es deber de la profesión médica y de los sanitarios. Es necesario que toda la sociedad se esmere en la defensa del derecho a la vida del concebido y del verdadero bien de la mujer, que nunca, en ninguna circunstancia, se alcanza en el aborto. Al mismo tiempo, es necesario, como indican vuestros trabajos, hacer que nunca falten las ayudas necesarias a las mujeres que, habiendo lamentablemente recurrido al aborto, experimentan todo ese drama moral y existencial»

Alentando luego las múltiples iniciativas de solidaridad de la comunidad cristiana que no puede renunciar a este tipo de corresponsabilidad, en favor de la plena recuperación humana de esas mujeres que han recurrido al aborto, por medio de ayuda psicológica y espiritual, Benedicto XVI ha citado la encíclica del próximo beato Karol Wojtyla, dedicada al Evangelio de la vida:

«Quisiera evocar la invitación dirigida por el Venerable Juan Pablo II a las mujeres que han recurrido al aborto. La Iglesia sabe cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor. Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida (Encíclica Evangelium vitae n. 99)»

El Santo Padre destacó también que la conciencia de los investigadores y de toda la sociedad civil está íntimamente implicada también en el segundo tema tratado en esta Plenaria, es decir el de la utilización de los bancos de cordón umbilical, con fines clínicos y de investigación. Reiterando el deber de promover investigaciones éticamente válidas y el valor de la solidaridad humana y cristiana, Benedicto XVI hizo hincapié en la importancia de las células estaminales provenientes del cordón umbilical y de impulsar las donaciones. En este contexto, el Papa compartió la preocupación de muchos investigadores y médicos ante bancos privados para la conservación de sangre del cordón umbilical con fines autólogos.

El discurso del Santo Padre concluyó con su profundo reconocimiento por el valor científico y ético de los miembros de la Pontificia Academia para la Vida, al servicio del bien de la persona humana, con mentes y corazones sensibles ante las necesidades de toda la familia humana.

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