"Bienvenido, Don Santiago", carta del arzobispo de Sevilla ante la ordenación episcopal de su auxiliar Mons. Santiago Gómez


El pasado 18 de diciembre, fiesta de Ntra. Sra. de la Esperanza, a mediodía, la Santa Sede hacía público el nombramiento de Mons. Santiago Gómez Sierra como Obispo titular de Vergi y auxiliar de Sevilla. Con gran gozo, yo mismo di la noticia a la Archidiócesis, mientras repicaban las campanas de nuestra Catedral anunciando el acontecimiento. En esa mañana invité a todos los diocesanos a dar gracias a Dios por este regalo que el Señor nos hacía en las vísperas de Navidad a través del Santo Padre: un regalo que, estoy seguro, ha llenado de alegría y esperanza no sólo al Arzobispo, que se va a ver ayudado de forma significativa en su ministerio, sino a toda la comunidad cristiana de Sevilla, a la que D. Santiago viene a amar y servir.

En la carta pastoral que entonces os escribí, os invitaba además a elevar al Señor preces especiales para que conceda a D. Santiago el corazón, las entrañas y el estilo de Jesucristo, Buen Pastor, para que se entregue sin descanso al servicio de nuestra Iglesia, para que encuentre en nosotros un pueblo bien dispuesto y sea siempre fiel al ministerio de salvación que la Iglesia pone en sus manos.

Yo sé que todos habéis orado por él. Lo he comprobado a lo largo de estos dos meses en mis visitas a las parroquias y comunidades. Llega ahora el momento de darle la bienvenida. Efectivamente, el próximo sábado, 26 de febrero, tendré el honor y el gozo de imponerle las manos, en presencia del Nuncio apostólico, de dos Cardenales (entre ellos, Fray Carlos Amigo Vallejo, nuestro Arzobispo emérito), de un grupo de Obispos y de los sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos de nuestra Archidiócesis. Nos acompañarán en nuestra Catedral Metropolitana sacerdotes, consagrados y laicos de las diócesis hermanas de Córdoba y Toledo. Por la ordenación episcopal, don Santiago Gómez Sierra recibirá la plenitud del sacerdocio y entrará a formar parte del Colegio Episcopal como sucesor de los Apóstoles. A partir de ese momento, la Iglesia de Dios que peregrina en Sevilla será su nueva familia en la fe, con la que D. Santiago compartirá su vida, su ministerio, sus afanes y proyectos y el intercambio de dones.

Os invito ahora a acogerlo con calor, con espíritu sobrenatural, como a quien viene en el nombre del Señor y enviado por Él. No dudo que él se abrirá camino y que se hará querer entre nosotros con su cercanía, su humildad y sencillez y con los muchos dones que Dios le ha regalado, que sin duda nos van a enriquecer a todos. Os invito de nuevo a orar por él, para que el Señor, que le ha conducido hasta aquí con su custodia amorosa y fiel, le sostenga y aliente a partir de ahora y le conceda los dones de su Espíritu, especialmente la sabiduría, el consejo, la piedad y la fortaleza.

Ni el ministerio sacerdotal ni el ministerio episcopal son hoy empeños fáciles. Como les sucedió a los Apóstoles y a todos los que se nos encomienda el oficio de amor que es apacentar la grey del Señor, tendrá, sin duda, momentos difíciles. Que gracias a nuestra plegaria, no olvide entonces que el Señor navega y camina a su lado y le dice con palabra soberana, sólo propia de Dios: «Soy yo. No temas. Yo estoy contigo». Se lo pedimos también a la Santísima Virgen en su título de los Reyes, patrona de la Archidiócesis, y en tantos títulos y advocaciones hermosísimas como tachonan todo el territorio diocesano. Pongamos su ministerio en sus manos maternales, para que Ella le proteja, le guíe y llene de fecundidad su ministerio para la gloria de Dios. Que le acompañe también la protección de los santos sevillanos, especialmente los Beatos obispos Marcelo Spínola y Manuel González.

A partir de ahora, como en el caso de los Apóstoles, su dedicación preferente será la oración y el servicio de la Palabra y de los Sacramentos. Sólo desde el venero fecundo que es la plegaria con los brazos alzados al Cielo, crecerá cada día su caridad pastoral al servicio del rebaño que el Señor le encomienda apacentar para ofrecerle los dones de la salvación. Su plegaria constante y nuestra oración le sostendrán en su tarea primordial, el anuncio de Jesucristo, único Salvador y Redentor, camino, verdad y vida de los hombres. Le ayudarán también a servir a los últimos, los que no cuentan, los pobres y los débiles, los enfermos, las víctimas de la injusticia y los esclavos de tantas cadenas, imitando a Jesucristo, Buen Pastor, jefe y modelo de pastores, que no vino a ser servido, sino a servir.

En nombre de todos, doy a don Santiago la bienvenida más cordial a Sevilla. Le felicito anticipadamente por el don grande que va a recibir. Para él, mi abrazo fraterno. Para todos los fieles de la Archidiócesis, mi saludo cordial y mi bendición.

† Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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