Cardenal Rouco: “Son muchas las voces que hoy, ante el desconcierto educativo, se alzan exigiendo una verdadera educación integral”

Con el lema“¡Son el futuro! Evangelizar en la escuela”, el sábado 5 de marzo se celebrará la XXVI Jornada de Enseñanza. Con este motivo, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha hecho pública una carta pastoral en la que señala que con este encuentro “además de ofreceros una nueva ocasión para seguir afianzando vuestra vocación educativa, que debéis ejercer con la responsabilidad propia del cristiano, tenéis nuevamente la oportunidad de encontraros, en un clima de convivencia y oración, todos los profesores que trabajáis a favor de una renovada presencia de la Iglesia, Madre y Maestra, en el ámbito educativo”. Encuentro que este año está marcado por la referencia a la JMJ que se celebrará en Madrid el próximo mes de agosto.

El lema escogido para este año, explica, “quiere llamar nuestra atención para que al dirigir la mirada hacia el futuro tengamos presente a los jóvenes, verdadera esperanza del mundo y de la Iglesia, a los que el Papa invita con el fin de que puedan vivir una experiencia que puede ser decisiva para su vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo y de su amor por cada uno de nosotros. Nadie como los jóvenes para mostrar, cuando viven con coherencia su fe, el dinamismo de la Iglesia y la atractiva vigencia del mensaje cristiano”.

“Conscientes de la falta de puntos de referencia compartidos en nuestra sociedad, del creciente individualismo y relativismo moral, debemos promover con creatividad y audacia modos de vivir la firmeza del testimonio cristiano, respondiendo a las objeciones teóricas nacidas de algunos esquemas de pensamiento opuestos a los principios evangélicos”, apunta. “Mediante la transmisión y educación de la fe, la Iglesia ofrece a los jóvenes el Evangelio como el punto de referencia estable que les ayuda a construir sus vidas”, asegura.

“Si bien la familia es el medio natural y afectivo con mayores responsabilidades en la educación de los hijos, sin embargo, por sí sola, es incapaz de ofrecer al niño y al joven toda la ayuda que necesita en su proceso educativo”, apunta. “La escuela, como complemento y prolongación de la educación familiar, es el instrumento institucional que la sociedad se da a sí misma como lugar de formación integral mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura. En la escuela, los jóvenes se preparan para abrirse a la realidad y formarse como personas y así poder aportar su contribución al bien de la comunidad. Sin embargo, son muchas las voces que hoy, ante el desconcierto educativo, se alzan exigiendo una verdadera educación integral que no se reduzca a los aspectos meramente técnicos y funcionales. Cuando se rehúsa aceptar la visión trascendente del hombre, declarándole soberano de sí mismo, principio y fin inmanente de su existencia y fuente única de las normas éticas que han de regir su conducta privada y pública, se termina por perder el valor de la libertad responsable como su objetivo pedagógico primero. Se concluye, en último término, con la opción tecnócrata de una educación al servicio del puro progreso económico”, afirma.

La Iglesia, prosigue, está presente “en el ámbito educativo, sobre todo, gracias a la escuela católica, en la que la propuesta educativa ofrecida a los alumnos en clave de formación integral está referida a Jesucristo como fundamento de la misma”. Añade que “otro cauce fundamental con el que la Iglesia se hace presente en la escuela es la enseñanza religiosa en los centros de iniciativa estatal, como un medio de integrar en la formación del alumno la dimensión religiosa y moral, sin olvidar que esta materia está presente en los colegios católicos al formar parte del ideario del centro. Esta asignatura, cuyo objetivo no puede reducirse a una información aséptica sobre el hecho religioso, promueve un proceso de inculturación del Evangelio en el ámbito escolar a través de un diálogo entre la fe cristiana y el saber humano, lo que permite al alumno comprender el conjunto de la vida humana, que le transmiten los distintos saberes de la escuela, a la luz de la revelación de Dios en Jesucristo”.

Puntualiza que ni la escuela católica ni la enseñanza religiosa escolar “son privilegios que se otorgan a la Iglesia por parte del Estado, pues a éste no le corresponde imponer un determinado modelo educativo para todos sino garantizar –desde una concepción subsidiaria del mismo- a las familias y a las instituciones sociales un marco de libertad que les permita elegir el tipo de educación que desean para sus hijos”. Y añade: “por último, pero no menos importante, hay que destacar la tarea que realizan los educadores cristianos que, a modo de testigos, procuran mostrar a sus alumnos la fecundidad del Evangelio para alcanzar la formación integral, meta de todo proceso educativo”.

Concluye manifestando su deseo de que “esta nueva Jornada Diocesana de Enseñanza aliente el ánimo y la esperanza de toda la comunidad educativa, para que, arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe, sepamos ayudar a nuestros jóvenes a ser testigos de la esperanza cristiana en el mundo”.

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