"Tiene boca y habla", carta de Mons. Jesús Sanz


Queridos hermanos y amigos: Paz y Bien.
Estamos en estos días con una palabra entre las manos. Sí, una palabra que se puede acoger y acariciar como se arrulla algo querido estrechándolo contra el corazón. La noticia ya había surgido hace unos meses, pero se ha querido presentar y dar de ello explicación en un Congreso recientemente celebrado en Madrid. Se trata de la nueva edición de la Sagrada Biblia que, con traducción, introducciones y notas, ha publicado como esperada novedad la Conferencia Episcopal Española. El responsable de este encuentro importante ha sido D. Jorge Juan Fernández Sangrador, sacerdote asturiano y experto en Sagrada Escritura y Patrología, que actualmente es director de la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y del departamento editorial de la Conferencia Episcopal (Edice).
Hemos participado cerca de 1000 personas in situ, y han seguido el evento por los medios de comunicación social miles de personas en España y en todo el mundo. De nuestra Diócesis también hemos participado un grupo de personas. Sin duda que ha sido un éxito muy grato, porque el mayor parabién se reseña en el fruto que se nos dirige como una invitación, un acompañamiento, a leer y profundizar en la Palabra de Dios que en nuestra propia lengua materna una vez más podemos disponernos a escuchar.
Siempre me conmovió que Dios no nos ha dejado en la ignorancia de su propio misterio, sino que ha querido hacernos partícipes de él como quien desvela su secreto. El latido de su Corazón se hace pálpito humano, y lo que puede y quiere comunicarnos entra en nuestras palabras y en nuestros gestos para que podamos entenderlo.
Lo dice el prólogo del Evangelio de San Juan, que “en el principio era el Verbo”, era la Palabra que hizo todas las cosas. Porque, en efecto, Dios creó las cosas… diciéndolas: “dijo Dios, hágase…”, y las cosas fueron hechas. Y como una firma de autor, cada ser llamado a la vida por los labios creadores del mismo Dios, tenía la impronta de belleza y de bondad que plasmaron los dedos del Señor. Algo que se hizo más inmenso, más intenso, más bondadoso y más bello, cuando se trató del hombre y de la mujer: “vio Dios lo que había hecho, y era muy bueno (era muy bello)”, como dice el relato de la creación del libro del Génesis.
Somos portavoces de una Palabra que nos ha hecho. Somos portadores de una Presencia que como imagen y semejanza reflejamos. El misterio de nuestra vida, la felicidad de nuestro encanto, pasa precisamente por esta portavocía y esta portaduría que sólo al ser humano Dios le ha confiado. La pregunta es: ¿qué narra nuestra vida o que representan nuestros pasos? Podemos ser transparencia de la Belleza Bondadosa de Dios o su eclipse más indeseado. Podemos ser eco de la Verdad esplendorosa del Señor, o su desmentido más infiel y clamoroso. En eso quedamos retratados en nuestra intimidad y en eso se cifra también nuestro público testimonio.
Los santos de cada generación han sido precisamente eso para sus contemporáneos y los venideros: portavoces de una Palabra más grande que ellos, y portadores de una Gracia mayor. Y siendo así imagen y semejanza del Buen Dios, han hecho del trozo de mundo e historia que Él puso en sus manos, algo más bello, más verdadero, más justo, más bondadoso, más cercano al proyecto ensoñado por el Creador y más distante de nuestras peores pesadillas.
De esto habla la Santa Escritura, la Sagrada Biblia. Vale la pena tomar con piedad y ahínco esta Palabra bendita, y ponernos a la escucha de lo mucho en ahí Dios nos revela cuando habla o cuando calla. Sí, Dios tiene boca y sus labios nos narran la más preciosa historia, la que nos salva, porque de modo discreto siempre tiene algo que decirnos Él al susurrarnos su Palabra o al musitarnos su silencio. Es la Palabra que la Iglesia ha recibido, la que custodia fielmente, la que celebra en la liturgia, la que propone en la catequesis, la que entona en los sacramentos, la que proclama misioneramente, la que han vivido los santos y por la que murieron nuestros mártires. Bendita Palabra. Te alabamos, Señor. Con mi afecto y bendición,

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo
Adm. Apost. de Huesca y de Jaca

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