Discurso de Mons. Piris a los delegados diocesanos de Medios de Comunicación Social

¡Bienvenidos a esta sede de la Conferencia Episcopal Española, que es la Casa de la Iglesia –así se llama-, y por ello de todos nosotros, donde venimos en esta ocasión a intercambiar experiencias y aprender unos de otros para servir mejor al Pueblo de Dios.

Para ayudarnos a ello agradezco la presencia y participación de los ponentes, de manera especial la del arzobispo Mons. Rino Fisichella, que ha tenido que hacer un hueco en su apretada agenda para estar con nosotros. Su gran saber y experiencia pastoral los dedica ahora, por encargo del Papa Benedicto XVI –a quien expresamos nuestra adhesión y comunión-, a promover en la Iglesia la Nueva Evangelización de la que tan necesitada están los hombres y mujeres de nuestro tiempo, en especial nuestros países de antigua tradición cristiana, hoy sacudidos por el secularismo ambiental y la complejidad de nuestro momento histórico y cultural.

Secundar este empeño apostólico del Papa Benedicto XVI, al que ha convocado a toda la Iglesia eligiéndolo como tema de la próxima asamblea General del Sínodo de los Obispos, es el objetivo que nos ha movido a dedicar nuestra asamblea anual de delegados diocesanos de Medios de Comunicación Social precisamente a: «Comunicación y cultura en la misión pastoral de la Iglesia. Nueva Evangelización, nuevos lenguajes». Queremos reflexionar sobre las posibilidades que las comunicaciones sociales ofrecen para la Nueva Evangelización en la cultura actual, en gran parte conformada por los medios de comunicación.

“La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo”, nos señala el Papa Benedicto XVI en el comienzo del Motu proprio Ubicumque et Semper, haciéndose eco del mandato misional del mismo Cristo, repetido también de manera expresa e insistente por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, y ha de realizar este imperativo permanente en el contexto de cada época, y que en la nuestra está experimentando -como reconoce también el Santo Padre- un alejamiento o marginación de Dios en los países de antigua tradición cristiana, como es nuestro caso, silenciándolo en la vida social y confinando la fe al ámbito de la intimidad, desprovista de carta de ciudadanía en el espacio público y cultural.

En todo ello no ha tenido poco que ver, como reconoce Benedicto XVI, el cada vez más poderoso influjo de las comunicaciones sociales propiciadas por las nuevas tecnologías, hasta el punto de calificar la nuestra como la sociedad de la información.

Recuperar la significabilidad de lo original cristiano en la sociedad actual, restablecer en ella el entramado o cosmovisión cristiana y hacerlo con el aporte -imprescindible en estos tiempos- de las comunicaciones sociales, es la tarea a la que estamos convocados y hace que vuestro trabajo en la Iglesia tenga una importancia capital. De ahí que sea necesario empeñarnos aún más en explicar a los hombres y mujeres de hoy, con creatividad y coherencia, lo nuclear de nuestra fe y hacerlo con lenguajes nuevos que todos entiendan, como siempre lo ha hecho la Iglesia fecundando con la fe la cultura de cada pueblo y de cada hora de la Historia, enriqueciéndola y llevándola a su perfeccionamiento en la verdad y la belleza.

La creatividad comunicativa que la Nueva Evangelización exige ahora a la Iglesia, como ocurrió en los comienzos del Cristianismo en una cultura paganizada, “dar razón de nuestra esperanza” (cf. 1P 3,15), lo que seguirá haciendo posible, con el auxilio del Espíritu Santo, que seamos siempre actuales o modernos y al mismo tiempo enraizados en lo permanente del acontecimiento salvador de Cristo.

De todo esto, queridos comunicadores, se deriva un mayor aprecio por la dimensión apostólica, pastoral y evangelizadora, de nuestro trabajo de comunicación, ya que no se puede reducir nuestro quehacer en la Iglesia a un puro aporte técnico, de estrategias de comunicación, de organización de campañas o de eventos, cosas por otra parte necesarias. Es mucho más. Vosotros sois más que técnicos que trabajáis para la Iglesia: la vuestra no es una tarea de simple aporte de la imprescindible profesionalidad. La tarea de las delegaciones y secretariados de Medios de Comunicación social precisa armarse cada vez más entre nosotros de un mayor sentido pastoral y apostólico, armonizado con un buen saber y quehacer profesional y de medios técnicos modernos. Este empeño exigirá, en unos, más formación y dosis de profesionalidad comunicativa y, en otros, más sentido evangelizador y pastoral, pero en todos es imprescindible una vigorosa espiritualidad cristiana, la de volver y apoyarse siempre en lo esencial: en Dios mismo.

En este sentido, en su homilía en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela el Papa Benedicto XVI nos trasladaba uno de los mensajes fundamentales y reiterados de su pontificado sobre cuál debe ser la misión prioritaria de la Iglesia en estos momentos: “Su aportación –nos decía- se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida. Solo Él es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detrás de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo”.

Este llamamiento a hacer comprender, en un mundo secularizado como el nuestro, la primacía de Dios y mostrarlo como condición de la plenitud del hombre es la tarea esencial y urgente que Benedicto XVI intenta trasladar a todos los ámbitos de la acción de los católicos –¡también la nuestra de comunicadores!- y para ello lleva tiempo disponiendo en esta línea prioritaria -incisiva y apostólica- la tarea de toda la Iglesia. Hagámosla también nuestra y unamos nuestra vida y nuestro labor de comunicadores a esta misión.

Tenemos el encargo del Señor de ir por todo el mundo y proclamar la Buena Noticia (cf. Mt 28, 19), y por ser tan importante esta tarea-misión no podemos comunicar de cualquier manera. Hemos de buscar cada día capacitarnos para utilizar debidamente la palabra, la escritura, la imagen e incluso las nuevas tecnologías de comunicación poniéndolas al servicio del bien integral de la persona y de la humanidad entera. Como dice el Papa en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones de este año 2011, “si (las nuevas tecnologías de que disponemos) se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano”.

“La proclamación del Evangelio supone –nos señala también el Papa en su Mensaje- una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón.”

Éste es a también nuestro cometido evangelizador y ha de ser nuestro estilo de comunicar. El trabajo y las reflexiones de estos días pueden ayudarnos a llevarlos a cabo. Ojalá todos, con la ayuda de Dios, aprovechemos estas jornadas.

Muchas gracias.

Agencia SIC
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