El Papa se pregunta si una sociedad más cristiana no hubiera podido evitar la muerte trtágica de cuatro niños gitanos en Roma

» “La plenitud de la Ley es la caridad”, escribe san Pablo (Rm 13,10). Ante esta exigencia, por ejemplo, el penoso caso de los cuatro niños Rom, muertos la pasada semana en la periferia de esta ciudad, en su barraca incendiada, nos lleva a preguntarnos si una sociedad más solidaria y fraterna, más coherente en el amor, es decir más cristiana, no hubiera podido evitar este trágico suceso. Esta pregunta vale para tantos otros acontecimientos dolorosos, más o menos conocidos, que ocurren cotidianamente en nuestras ciudades y en nuestros pueblos», ha señalado el Papa n el rezo del Ángelus, comentando el evangelio del domingo. ////

El Papa Benedicto XVI como cada domingo o día festivo se ha asomado a la ventana de su estudio del palacio Apostólico este pasado domingo para rezar la oración mariana del Ángelus con los fieles romanos y peregrinos congregados en la plaza de San Pedro. En esta ocasión, el Santo Padre ha reflexionado sobre el Evangelio dominical que prosigue al denominado “Sermón de la montaña”. Después de las bienaventuranzas, que son su programa de vida, ha dicho Benedicto XVI, Jesús proclama la nueva Ley, su Torah, como la llaman nuestros hermanos judíos.
Efectivamente, el Mesías, a su venida, hubiera debido traer también la revelación definitiva de la Ley, y es precisamente eso lo que Jesús declara: “No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Y, dirigiéndose a sus discípulos añade: “Si vuestra justicia no es mejor que la de los letrados y de los fariseos, no entrareis en el Reino de los cielos” (Mt 5,17.20). ¿Pero en que consiste esta “plenitud” de la Ley de Cristo, y esta justicia “superior” que Él exige?
Jesús lo explica mediante una serie de antítesis entre los mandamientos antiguos y su manera de volverlos a proponer. Cada vez comienza: “Habéis oído que se dijo a los antiguos…”, y después afirma: “Pero yo os digo…”. Por ejemplo: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás, y el que mate será procesado”. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado” (Mt 5,21-22). Y así por seis veces.
“Esta manera de hablar suscitaba una gran impresión en la gente, que permanecía asustada, porque aquel “yo os digo” equivalía a reivindicar para sí la misma autoridad de Dios, fuente de la Ley. La novedad de Jesús consiste, esencialmente, en el hecho que él mismo “llena” los mandamientos con el amor de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en Él. Y nosotros, por medio de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del espíritu Santo, que nos capacita para vivir el amor divino”
Por esta razón cada precepto se convierte como en una exigencia de amor, ha afirmado Benedicto XVI, y todos quedan agrupados en un único mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo. “La plenitud de la Ley es la caridad”, escribe san Pablo (Rm 13,10). Ante esta exigencia, por ejemplo, el penoso caso de los cuatro niños gitanos, muertos la pasada semana en la periferia de esta ciudad, en su barraca incendiada, nos lleva a preguntarnos si una sociedad más solidaria y fraterna, más coherente en el amor, es decir más cristiana, no hubiera podido evitar este trágico suceso. Esta pregunta vale para tantos otros acontecimientos dolorosos, más o menos conocidos, que ocurren cotidianamente en nuestras ciudades y en nuestros pueblos.
“¡Queridos amigos, sin duda no es casualidad que la primera gran predicación de Jesús se denomine “Sermón de la montaña”! Moisés subió al monte Sinaí para recibir la Ley de Dios y llevarla al Pueblo elegido, Jesús, el mismo Hijo de Dios es el que ha bajado del Cielo para llevarnos al Cielo, a la altura de Dios, por el camino del amor. Es más, el mismo es el camino: no debemos hacer otra cosa que seguir a Él, para poner en práctica la voluntad de Dios y entrar en su Reino, en la vida eterna”
Benedicto XVI ha finalizado su alocución previa a la plegaria mariana del Ángelus afirmando que, solamente una criatura ha llegado ya a la cima de la montaña: la Virgen María. Gracias a la unión con Jesús, su justicia ha sido perfecta: por ello la invocamos como Speculum iustitiae, Espejo de justicia. Confiémonos a ella, para que nos guíe en nuestros pasos con fidelidad a la Ley de Cristo.
Tras el rezo del ángelus y el responso por lo fieles difuntos el Papa ha saludado en varias lenguas. En Francés ha recordado la celebración, el pasado viernes, la Jornada mundial del enfermo y les ha invitado a promover una civilización que quiera a la vida, la respete y la proteja según la voluntad del Creador. También les ha pedido que preserven no solamente la salud del cuerpos sino también la de sus almas. Con fervor, invoquemos a la Virgen María, Nuestra Señora de Lourdes, por los enfermos del mundo entero y por las personas que les asisten.
En eslovaco el Papa ha recordado a los peregrinos presentes de esta lengua que mañana la Iglesia en Europa celebrará la fiesta de sus compatronos, los santos hermanos Cirilo y Metodio. Siguiendo sus huellas también vosotros habéis venido a Roma -les ha dicho el Papa- y que esta peregrinación les refuerce en la fe, que ellos han anunciado a sus antepasados.
Finalmente este ha sido el saludo del Santo Padre en español para lo peregrinos de nuestra lengua presentes en la plaza de san Pedro:
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, y en particular a los fieles de la parroquia San Antonio Abad, de Cartagena, y a los alumnos del Instituto Suárez de Figueroa, de Zafra. Como nos enseñan las lecturas de la Misa del día de hoy, la voluntad de Dios se nos manifiesta como un camino de sabiduría, para que sepamos discernir el bien y el mal con libertad. Asimismo, mediante el cumplimiento fiel de la voluntad amorosa de Dios, Cristo nos ha salvado. Pidamos, por intercesión de la Virgen María, que sepamos abrir nuestro corazón a la acción poderosa del Espíritu Santo, para conformar nuestra vida con el querer de Dios. Feliz domingo

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