"El futuro de los niños, en nuestras manos", carta del cardenal de Barcelona


El segundo domingo de febrero celebra la Iglesia la colecta de la campaña contra el hambre en el mundo, promovida por “Manos Unidas”, una ONG cristiana que ya cumplió sus cincuenta años de actividad en favor del desarrollo de los países más pobres del mundo.
La campaña de este año tiene como lema “Su mañana es hoy” y está centrada en el cuarto objetivo del Milenio: reducir la mortandad infantil, esto es, luchas con todos los medios a nuestro alcance para evitar que enfermen y mueran los niños menores de cinco años. Por eso el lema escogido expresa muy bien la urgencia de esta actuación: si hoy somos capaces de hacer algo por estos niños, es hoy que garantizamos un mañana para ellos.
El último informe de las Naciones Unidas sobre el cumplimiento de los objetivos del milenio indica que, en algunos aspectos, la situación de los niños ha mejorado. Así, por ejemplo, se han incrementado las tasas de vacunación contra las enfermedades que, como el sarampión, segaban miles y miles de vidas. Se van adoptando medidas preventivas y terapéuticas contra el sida. Está siendo efectivo el suministro de nutrientes para evitar, a corto plazo, la desnutrición infantil. Hay campañas para promover la lactancia desde el primer día de vida y su prolongación al menos durante seis meses.
No obstante, estos adelantos resultan muy insuficientes dada la gravedad del problema. Las estadísticas nos dicen que están muriendo más de mil niños menores de cinco años cada hora. Y la mayoría de estas muertes tienen lugar durante el primer mes de vida.
Ante esta situación, afirmar que el mañana de los niños de los países más pobres del mundo se juega hoy nos exige un compromiso de solidaridad y de ayuda. Lo podemos hacer de diversas maneras. Una de ellas es la colaboración con “Manos Unidas”.
Hace ya más de cincuenta años que “Manos Unidas” declaró la guerra al hambre y a la pobreza como raíces de las muchas causas por las que mueren los niños. Durante medio siglo ha ido promoviendo proyectos integrales de desarrollo. Los frutos de esta tarea son visibles y alentadores. Pero no son suficientes.
Combatir el hambre es una tarea de las Administraciones y de los organismos internacionales, pero sin olvidar la responsabilidad que todos tenemos en esta necesaria lucha contra las consecuencias de la pobreza y la desnutrición, sobre todo en los niños y niñas de los países pobres.
Hoy vivimos un proceso de globalización. Están globalizadas la economía y las finanzas, y por ello la crisis actual está siendo una crisis cada vez más general. Pero la globalización económica no va acompañada de una globalización social. Tenemos un mundo cada vez más interconectado, más informado sobre lo que sucede en cualquier punto del planeta, pero esta interconexión no comporta por desgracia más solidaridad.
Como cristianos, no nos podemos quedar en las lamentaciones sobre esta situación. No podemos contentarnos con las palabras. Hemos de pasar a los hechos. Y la llamada de “Manos Unidas” y la respuesta que cada año le damos las comunidades cristianas y muchas personas de buena voluntad es un hecho muy notable, sobre todo cuando, como este año, tiene por objetivo reducir la mortandad infantil y garantizar, ya hoy, el futuro de los hombres y las mujeres de mañana, quienes tendrán que hacer un mundo más justo y más solidario.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

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