Benedicto XVI y la libertad religiosa

CARTAS DOMINICALES

El Parlamento Europeo ha aprobado una resolución que pide el respeto a la libertad religiosa y a los grupos religiosos minoritarios en países caracterizados por la presencia de una religión o confesión religiosa mayoritaria. Nos tenemos que felicitar por esta resolución, que es una respuesta a las recientes intervenciones del Santo Padre Benedicto XVI en defensa de la libertad religiosa.

La preocupación del Santo Padre por la libertad religiosa está siempre presente, pero en los últimos meses se ha hecho mucho más viva. Así lo manifiestan sus intervenciones con ocasión del Sínodo para Oriente Próximo, su discurso en el Wesminster Hall, en Londres, durante su viaje apostólico al Reino Unido, y sus recientes llamadas después de los trágicos atentados contra iglesias cristianas en Irak y Egipto. La libertad religiosa también ocupó el centro de su discurso durante la tradicional audiencia de primeros de año a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante el Vaticano. «El derecho a la libertad religiosa -dijo- no se aplica plenamente allí donde sólo se garantiza la libertad de culto, y además con limitaciones», y pidió «la plena salvaguarda de la libertad religiosa y del resto de derechos humanos, mediante programas que, desde la escuela primaria y en el marco de la enseñanza religiosa, enseñen a respetar a todos los hermanos en humanidad».

En este contexto, resulta especialmente significativo el mensaje de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, que la Santa Sede promueve cada año el día 1 de enero. En este mensaje, el Papa glosa el lema de la jornada, «La libertad religiosa, vía para la paz», y ofrece un amplio panorama sobre los fundamentos del derecho a la libertad religiosa y sobre la necesidad de defenderlo de los riesgos y los ataques, de las violaciones concretas y dramáticas, como las indicadas, pero también de actitudes negativas ante el hecho religioso, que pueden tener un origen ideológico y cultural, pero que llegan a actuaciones, a veces silenciosas y sofisticadas, de oposición a los creyentes y a los símbolos religiosos. «Los cristianos -dice el Papa- son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe».

Es de justicia reconocer la forma explícita y valiente con la que el Papa Benedicto lleva a cabo su servicio de proponer el derecho a la libertad religiosa, no sólo para los cristianos sino también para todos, y hay que remarcar este para todos. Por ello, no duda en alentar el diálogo interreligioso y el compromiso de todas las autoridades religiosas y civiles, con el deseo de servir así eficazmente a la dignidad de la persona humana y a la paz. Y pasando de las declaraciones a los hechos, hay que remarcar la iniciativa ya anunciada por el mismo Santo Padre de convocar a los representantes de las principales religiones del mundo a una nueva jornada de oración y de compromiso por la paz en la ciudad de Asís, el próximo mes de octubre, al cumplirse el vigésimo quinto aniversario del encuentro que Juan Pablo II convocó en 1986 en la ciudad donde nació San Francisco.

Con estas actuaciones el Papa se coloca en el corazón de su misión, como ha declarado el director de la sala de prensa de la Santa Sede. En el primer discurso de su pontificado, señaló que Dios y la relación del hombre con Dios sería la primera de sus prioridades. Así lo está haciendo, como también lo hemos podido ver en los mensajes que nos ha dejado en su reciente viaje a Santiago de Compostela y a Barcelona.

† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

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