El Papa invita a los obispos a dar respuesta a la nostalgia de Cristo que tiene el mundo de hoy


El Papa Benedicto XVI ha expresado, según ha informado Radio Vaticano, su gratitud y la de toda la Iglesia por el generoso servicio desarrollado hasta ahora por los cinco nuevos obispos que el mismo Pontífice ha ordenado en la Basílica vaticana este sábado, entre los que se encuentra el riojano Mons. Celso Morga Iruzubieta, secretario de la Congregación para el Clero y ha invitado a los fieles presentes a acompañarlos con la oración en el ministerio al que han sido llamados en la Curia Romana y en las Representaciones Pontificias como Sucesores de los Apóstoles, para que sean iluminados y guiados por el Espíritu Santo en la mies del Señor.
El Santo Padre ha comenzado su homilía dirigiéndose con afecto a cada uno de ellos: Mons. Savio Hong Tai-Fai, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos; Mons. Marcello Bartolucci, secretario de la Congregación para las Causas de los Santos; Mons. Celso Morga Iruzubieta, secretario de la Congregación para el Clero; Monseñor Antonio Guido Filipazzi, nuncio apostólico, al igual que Mons. Edgar Peña Parra.
Reflexionando luego sobre el Evangelio de la misa de hoy, el Papa ha hecho hincapié en la necesidad de rogar a Dios para que envíe obreros a su mies, pues ésta es mucha y los obreros son pocos. «Es la hora de la misión», ha enfatizado Benedicto XVI alentando a estos nuevos pastores con las palabras del profeta Isaías, a brindar la buena noticia a los que sufren y a vendar los corazones desgarrados:
«Es éste el trabajo para la mies en el campo de Dios, en el campo de la historia humana: llevar a los hombres la luz de la verdad, liberarlos de la pobreza de verdad, que es la verdadera tristeza y la verdadera pobreza del hombre. Brindarles la buena noticia no es sólo palabra, sino evento: Dios, Él mismo, ha venido a nosotros. Él nos toma de la mano, nos atrae hacia lo alto, hacia sí mismo. Y, así el corazón desgarrado queda sanado. Demos gracias al Señor porque envía obreros a la mies de la historia del mundo. Demos gracias porque os envía a vosotros, porque habéis dicho ‘sí’ y porque en esta hora pronunciareis de nuevo vuestro ‘sí’ para ser obreros del Señor para los hombres».
El Papa ha reiterado que «la mies es mucha, también hoy, precisamente hoy»: «Aunque pueda parecer que gran parte del mundo moderno, de los hombres de hoy, le dan la espalda a Dios y piensan que la fe es algo del pasado, sin embargo, existe el anhelo de que se restablezcan por fin la justicia, el amor y la paz, que se superen la pobreza y el sufrimiento, que los hombres encuentren la alegría. Todo este anhelo está presente en el mundo de hoy. El anhelo hacia lo que es grande y bueno. Es la nostalgia del Redentor, de Dios mismo, aun allí donde se le niega. Precisamente en esta hora el trabajo en el campo de Dios es particularmente urgente y precisamente en esta hora percibimos de forma particularmente dolorosa la verdad de la palabra de Jesús: ‘los obreros son pocos’».
Y, al mismo tiempo, el Señor nos hace entender la importancia de nuestra oración y de que cooperemos con Dios, pues no depende de nuestra capacidad sino de nuestra súplica, que se eleva en acción de gracias en especial hoy, por la misión de los nuevos obispos:
«La liturgia de este día nos da dos definiciones de vuestra misión de obispos, de sacerdotes de Jesucristo: ser obreros de la mies de la historia del mundo con la tarea de sanar, abriendo las puertas del mundo a la señoría de Dios, para que la voluntad de Dios se cumpla en la tierra, así como en el cielo. Además, vuestro ministerio se describe como cooperación a la misión de Jesucristo, como participación al don del Espíritu Santo, dado a Él por ser Mesías, el Hijo ungido por Dios. La Carta a los Hebreos – la segunda lectura – completa todo ello a partir de la imagen del sumo sacerdote Melquisedec, misteriosamente nos conduce a Cristo, verdadero Sumo Sacerdote, Rey de paz y de justicia».
«Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración». Benedicto XVI ha reflexionado luego sobre cada uno de los cuatro pilares del tema elegido para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año. Con especial referencia a la perseverancia, tras señalar que el pastor «no debe ser un siervo del espíritu del tiempo», sino que debe ser intrépido y se debe oponer con valentía a las corrientes del momento, el Papa ha culminado su homilía evocando la entrañable exhortación de su amado predecesor, el venerable Juan Pablo II: «Duc in altum (Lc 5, 4) ‘Boga mar adentro y echad vuestras redes para pescar’. Es lo que dijo Jesús a Pedro y a sus compañeros cuando los llamó a ser ‘pescadores de hombres’ Duc in altum – El Papa Juan Pablo II, en sus últimos años, repitió con fuerza esta palabra y la proclamó en voz alta a los discípulos del Señor de hoy. Duc in altum – os dice el Señor en esta hora a vosotros, queridos amigos. Habéis sido llamados para cargos que atañen a la Iglesia universal. Llamados a echar la red del Evangelio en el mar agitado de este tiempo para obtener la adhesión de los hombres a Cristo. Para sacarlos, por decirlo así, de las aguas salinas de la muerte y de la oscuridad en la cual la luz del cielo no penetra. Debéis llevarlos a la tierra de la vida, en la comunión con Jesucristo».

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