Benedicto XVI pide a los jueces eclesiásticos rapidez en la administración de la justicia y la verificación seria de las dudas sobre la validez del matrimonio

Benedicto XVI ha recibido este viernes, según Radio Vaticano, a los miembros del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, con el cardenal prefecto Leo Burke, obispos, secretarios, oficiales y todos los colaboradores. Esta ha sido la primera vez que el Papa tiene un encuentro con el Tribunal de la Signatura Apostólica tras la promulgación de la Lex propia, que el mismo Pontífice firmó el 21 de junio de 2008.

“La función de dicho Tribunal -ha dicho el Papa en su discurso- no se limita al ejercicio supremo de la función judicial, sino que tiene también como propio, en el ámbito ejecutivo, la vigilancia sobre la recta administración de la justicia del Cuerpo eclesial”. Esto comporta, como la Lex propia indica, la actualizada recogida de información sobre el estado y la actividad de los tribunales locales; la sistematización y elaboración de datos de los mismos; la individuación de estrategias para valorar los recursos humanos e institucionales; así como el ejercicio constante de las funciones que deben tener presente los moderadores y abogados de los tribunales locales diocesanos e interdiocesanos.

Se trata de una obra coordinada y paciente, dirigida sobre todo a suministrar a los fieles una administración de la justicia recta, preparada y eficiente, como yo mismo pedía, en relación a las causas de nulidad del matrimonio, en la exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis. Allí donde pudiera surgir legítimamente una duda sobre la validez del Matrimonio sacramental, se debe acometer todo cuanto sea necesario para verificar tal fundamento.

El Santo Padre ha añadido además que es necesario también asegurar, en el respeto del derecho canónico, la presencia en el territorio de tribunales eclesiásticos, su carácter pastoral, su correcta y pronta actividad. Que haya asimismo en cada diócesis un número suficiente de personas preparadas para el funcionamiento de tales tribunales y que el ministerio de los mismos sea adecuado a las justas exigencias de celeridad y simplicidad a la que los fieles tienen derecho para el tratamiento de sus causas.

La vigilancia sobre la recta administración de la justicia sería, sin embargo, carente si no comprendiera también la función de tutela de la recta jurisprudencia. Los instrumentos de conocimiento e intervención, que la Lex propia y la posición institucional proveen a la Signatura Apostólica, permiten una acción que, en sinergía con el Tribunal de la Rota Romana, se revela providencial para la Iglesia.

Benedicto XVI ha recordado asimismo, que este Supremo Tribunal está también comprometido en otro campo delicado de la administración de la justicia, que le fue confiado por el siervo de Dios el papa Pablo VI: la predisposición de instrumentos de justicia, que constituyen un servicio de primaria importancia.

Si es verdad, en efecto que la injusticia va afrontada sobre todo con las armas espirituales de la oración, de la caridad, del perdón y de la penitencia, no se puede excluir, sin embargo, en algunos casos, la oportunidad y la necesidad de que ésta sea afrontada con los instrumentos procesales. Ellos constituyen, sobre todo, lugares de diálogo, que frecuentemente conducen a la concordia y a la reconciliación.
Vienen también impulsadas a tal fin, ha explicado el Papa, las iniciativas y normativas dirigidas a la institución de oficinas o consejos que tengan como tarea buscar o sugerir justas soluciones.

En los otros casos, es decir, cuando no se pueda mediar en la controversia pacíficamente, el desarrollo del proceso contencioso administrativo comportará la definición judicial de la controversia: pero también en este caso la actividad de Supremo Tribunal mira a la reconstitución de la comunión eclesial, es decir, al restablecimiento de un orden objetivo conforme al bien de la Iglesia. Solo esta comunión restablecida y justificada a través de la motivación de la decisión judicial puede conducir en el campo eclesial a una autentica paz y concordia.

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