En el Día de la Memoria

Cada año en el mes de enero se recuerda el Día de la Memoria, dedicado a todos los judios asesinados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Junto con las incesantes historias que llenan los periódicos y la televisión en esos días, incluso en Israel, les contamos la experiencia del sacerdote David Neuhaus, vicario de la la comunidad católica de lengua hebrea. De origen judio, su familia se vio obligada a dejar Berlín cuando el delirante proyecto comenzaba a tomar fuerza en Europa.

Padre DAVID NEUHAUS: “Mi familia vivió durante siglos en el lugar que se convirtió en Alemania. Estaban plenamente integrados, incluso tengo algunos tíos que murieron luchando en el ejército alemán. Cuando era niño tenía además una caja llena de medallas de mis tíos, que las habían ganado por defender su patria. Cuando Hitler llegó al poder en 1933, con un despegue lento pero de rápido crecimiento, los judios fueron retirados de la sociedad alemana. Para ellos fue un gran shock, porque se sentían completamente integrados, eran ciudadanos alemanes, orgullosos de servir a su país”.

Padre DAVID NEUHAUS: “Pero gracias a Dios mi familia había comprendido que era la hora de irse, y se fueron a Sudáfrica. Todos los demás miembros de mi familia que decidieron no partir murieron en el Holocausto, la mayoría de ellos en los campos de concentración. Algunos de mis familiares se suicidaron cuando se dieron cuenta de que había sido detenidos por los nazis. La historia de mi familia es una historia común de muchas otras familias que están en Israel, porque el Estado de Israel fue fundado para dar un lugar a los sobrevivientes del Holocausto y a los que les obligaron salir de Europa por causa de la persecución. Personas que eran completamente europeas”.

Por muchos años la humanidad ha tratado de encontrar un sentido a lo que sucedió. Sin lograrlo, incluso alguien llegó a proclamar la muerte de Dios.

Padre DAVID NEUHAUS: “A menudo digo que no fue Dios quien murió en los campos de concentración, sino seres humanos. En ese sentido, Dios murió junto con sus hijos, pero sin duda permaneció la fe para vivir, y nosotros creemos en Jesús que murió y luego resucitó. Por esta razón pienso que debemos celebrar este día, porque si los judios siguen vivos es una señal de la fidelidad de Dios. Ya sea como judios o cristianos, debemos tratar de que exista la seguridad de que algo así como el Holocausto no se repita nunca más en la historia”.

“Y tal vez un día la humanidad tendrá el coraje de repetir con convicción y a una sola voz, lo que el rabino Elio Toaff dijo cuando apenas terminó la Shoah: “el sacrificio de millones de personas que murieron ha expiado los pecados de un mundo sumido en la violencia y la locura racista, haciendo renacer en los hombres el sentido de la justicia, la moral y lo divino, haciéndoles que vean de nuevo en los hombres la imagen de Dios que se tiene que respetar, honrar y amar”.

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