Saludo de monseñor Raúl Berzosa a sus nuevos diocesanos de Ciudad Rodrigo

Queridos hermanos y hermanas: Al aceptar la invitación del Santo Padre Benedicto XVI para ejercer el ministerio episcopal en la diócesis civitatense, además de mostrar mi sincero agradecimiento, os confieso mi deseo de servir, en la verdad y en la caridad, a una Iglesia, pequeña en número de fieles, pero con gran tradición secular; pastoreada, en las últimas décadas, con generosidad y acierto, por nuestros queridos Don Julián y Don Atilano.

Aunque, desde el día 9 de Abril estaré ya con vosotros, no os oculto que vuestra Diócesis me es familiar y que, desde hace años, la he contemplado con simpatía y admiración. Primero, por mi condición de Secretario de “Iglesia en Castilla”, durante doce años. Y, segundo, por su memorial episcopal, del que destaco a Fray Alonso de Palenzuela (1460-1469), al arandino D. Bernardo Sandoval y Rojas (1586-1588), al también arandino D. Silverio Velasco (1924-1927), y al burgalés D. Demetrio Mansilla (1964-1988). Quisiera, humildemente, no sólo rendirles un merecido homenaje por los lazos comunes de ascendencia territorial, sino, sobre todo, desearía seguir su ejemplo pastoral.

Un saludo cordial a los hermanos obispos de esta provincia eclesiástica de Valladolid, con los que renuevo mi comunión episcopal y reavivo mi afecto sincero. Un saludo muy especial al presbiterio de esta diócesis; los sacerdotes sois los más cercanos y estrechos colaboradores del obispo. Un saludo agradecido a todos los consagrados, valorando vuestra misión cotidiana en diversos y cualificados campos: desde la contemplación al compromiso caritativo, pasando por la enseñanza. Saludo a las familias, sobre todo a las más castigadas por el paro y la crisis. Un recuerdo y una oración para los enfermos. Saludo, finalmente, a las autoridades civiles, militares y académicas. Trabajaré con vosotros, desde la libertad religiosa y la laicidad positiva, en favor del bien común y del desarrollo integral de todos los mirobrigenses.

Oro para que todos −laicos, consagrados y presbíteros−, como una sola familia, acertemos a hacer realidad la Iglesia que es Misterio trinitario de comunión para la misión. Traducida, como venimos subrayando en nuestra región, en hogar de comunión, escuela de aprendizaje mutuo, y creativo taller evangelizador. Es la Iglesia sinodal y evangelizadora tal y como supo resumir Tertuliano: «Nada sin el obispo; nada sin vuestro consejo; nada sin la voluntad decidida de ser y sentirnos todos la única Iglesia». Pido a San Isidoro y a San Sebastián, nuestros patronos, que acierte a ser «obispo de todos, con todos y para todos». Y, siempre, según el corazón, el modelo y las actitudes del Buen Pastor. Ya desde ahora os encomiendo en la Eucaristía y os ruego pidáis también por mí. Vuestro, en Cristo.

Raúl Berzosa Martínez,
Obispo electo de Ciudad Rodrigo
Oviedo, 2 de febrero de 2011
Fiesta de la Presentación del Señor

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