Velar por Dios y velar por el hombre

PALABRA Y VIDA

La articulación de la causa de Dios y la causa del hombre ha estado en el centro de los mensajes que nos dejó Benedicto XVI durante su reciente visita a Barcelona y a Santiago. Nos dijo que «no se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre, su hijo, y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por Él».

De forma consecuente, el Papa hizo una aplicación de esta afirmación a Europa entera, al pedir que este nuestro continente de la ciencia y de las tecnologías, de la civilización y de la cultura, sea también un continente abierto a la trascendencia y a la fraternidad con los otros continentes. Debemos subrayar esta profunda conexión entre la confesión de la fe en Dios y la solidaridad con la causa del hombre, sobre todo del hombre que sufre y del hombre pobre y amenazado. Benedicto XVI nos pide que nos abramos al «Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo».

Este es un gran objetivo que el Papa nos pide persigamos como una tarea de cada cristiano y de nuestras comunidades e instituciones de Iglesia. Es un trabajo que entusiasma. Exige la participación de todos los que amamos a Dios, a la Iglesia y a los hermanos. Para alcanzarlo, la construcción del exterior de la Sagrada Familia en marcha, puede ser como una parábolapara llevar a cabo esta propuesta que nos ha ofrecido Benedicto XVI. Necesitamos un espíritu de fe y de esperanza; necesitamos un trabajo constructivo bien solidario y complementario, ayudándonos los unos a los otros. Y para este trabajo todos somos necesarios.

En medio de la crisis económica que estamos viviendo en el mundo y también entre nosotros, con consecuencias tan dolorosas para muchas personas y familias, el Santo Padre quiso agradecer a los católicos de nuestro país «la generosidad con que sostienen tantas instituciones de caridad y de promoción humana». Y de forma muy explícita nos pidió: «No dejéis de mantener esas obras, que benefician a toda la sociedad y cuya eficacia se ha puesto de manifiesto de modo especial en la actual crisis económica, así como con ocasión de las graves calamidades naturales que han afectado a varios países».

En las palabras pronunciadas antes de la oración del Ángelus, frente a la fachada del Nacimiento, Benedicto XVI nos recordó el testimonio de solidaridad efectiva de Antonio Gaudí, quien «en colaboración con mosén Gil Parés, diseñó y financió con sus propios ahorros la creación de una escuela para los hijos de los albañiles y para los niños de las familias más humildes del barrio, entonces un suburbio marginado de Barcelona». Así Gaudí hacía realidad la convicción que expresaba con estas palabras. «Los pobres siempre han de encontrar acogida en el templo, que es la caridad cristiana».

Este mensaje se hizo todavía más patente, con la invitación a hacerlo operativo, con la visita que, la tarde del 7 de noviembre, el Papa realizó a la obra del «Nen Déu», actualmente especializada en la educación y atención a personas afectadas por diversas disminuciones. Allí dijo que su presencia en esta institución quería ser un reconocimiento y un apoyo a todas las obras similares que trabajan en nuestra sociedad.

En la audiencia general del día 10 de noviembre, ya en Roma, Benedicto XVI, quien siempre expresa una visión personal del último de sus viajes, en esta ocasión dedicó buena parte de su discurso al trabajo generoso en esta institución de las Hermanas Franciscanas de los sagrados Corazones, de los médicos y educadores, de los profesionales y de los voluntarios. Con todo ello nos ha indicado un camino que estamos llamados a continuar actuando según las necesidades de hoy.

† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

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