Saludo del nuevo obispo de Tarazona a sus diocesanos


Queridos hermanos y amigos:
Mis primeras palabras quieren ser de saludo cordial y fraterno para todos los que estáis
aquí presentes y para todos los fieles de esta querida diócesis de Tarazona. Al inicio de mi servicio
pastoral doy gracias al Señor por la generosidad y bondad que ha tenido conmigo al llevarme
como Padre providente desde el bautismo hasta la plenitud de sacerdocio, llamándome al servicio
episcopal en esta amada diócesis de Tarazona.
Quiero también en estos momentos agradecer públicamente al Santo Padre la confianza
que me ha mostrado al confiarme el ministerio apostólico. Después de tantos años al servicio de
la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, la
propuesta me cogió de sorpresa. Ciertamente, el proceder de Dios es misterioso e inescrutable,
pero al mismo tiempo providente y misericordioso. San Agustín, nuestro Padre, decía: “si la
Iglesia pide vuestros servicios, obedeced con humilde corazón a Dios”. Por ello en medio de mis
dudas y perplejidades me ha confortado la seguridad de que, si el Señor nos pide un servicio, su
gracia suplirá nuestras deficiencias y limitaciones. Confío queridos hermanos y amigos, en
vuestras oraciones, en vuestra acogida fraterna, en vuestra colaboración y generosidad de
corazón para emprender juntos la misión apostólica que el Santo Padre me ha confiado.
Cuando la Santa Sede me dijo que mi servicio pastoral sería en esta diócesis, la alegría
disipó mis temores, pues volvía a la tierra que me vio nacer; sentí que la cercanía de nuestra
historia y cultura facilitaría la sintonía de nuestros corazones y uniría nuestros propósitos
pastorales. Sí, yo nací en la ribera de Navarra, a pocos kilómetros de aquí, y mi primera
consagración religiosa la hice a la sombra de la querida sierra del Moncayo, en Monteagudo, junto
a los aposentos y tumba de San Ezequiel Moreno. Que este querido santo de nuestro tiempo,
junto con San Atilano, natural y patrón de esta diócesis nos protejan siempre y guíen nuestros
pasos.
Queridos sacerdotes: os saludo con afecto de padre y amigo. Agradezco vuestro trabajo
pastoral, el testimonio de vuestras vidas y la disponibilidad al servicio del evangelio en esta
diócesis de Tarazona. Quiero deciros desde aquí y desde hoy que estoy a vuestra entera
disposición; constituís desde este momento el principal objetivo de mi atención e interés. Contad
siempre conmigo. Confío, al mismo tiempo, en vuestra colaboración para que podamos cumplir
juntos la misión que la Iglesia nos ha encomendado.
Queridos miembros de la vida consagrada: religioso, como vosotros, con afecto de
hermano, os aliento a seguir a Jesús más de cerca, con alegría, en fidelidad a vuestra identidad
religiosa y a vuestra misión específica dentro de la Iglesia. Será para mí una inmensa alegría
acoger, favorecer y promover vuestros dones carismáticos al servicio de todo el pueblo de esta
querida diócesis.
Queridas hermanas contemplativas, bajo vuestra incesante y ferviente oración pongo las
necesidades y las esperanzas de mi servicio pastoral. A vuestras plegarias encomiendo la diócesis
de Tarazona.
Saludo con afecto y cariño a todos los fieles laicos de esta diócesis y os aliento a que
asumamos juntos la responsabilidad que tenemos, como cristianos y como hombres de buena

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