Mensaje de Mons. Francisco Pérez con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera que hoy celebra la Iglesia

Este año la Infancia Misionera, en su repaso a los continentes, ha llegado a Oceanía. Hace dos años, este recorrido comenzó “con los niños de Asia… buscamos a Jesús”; continuó el año pasado “con los niños de África… encontramos a Jesús”. Este 2011 “con los niños de Oceanía… seguimos a Jesús”, un lema que es la definición resumida de lo que significa ser cristiano. ¿Qué es ser cristiano? Seguir a Jesús, seguir su camino…; es correr hasta ponernos a su altura y, así, continuar el camino conversando con este amigo que nunca te falla.
Sí, lo de caminar lo llevamos los cristianos en la sangre. Es lo que nos hace ser misioneros. Somos caminantes, seguidores, enviados… a anunciar a Jesús. Todo expresa movimiento. Pero, como el mensaje que anunciamos es el mismo Jesús que está vivo y al que seguimos y nos acompaña, también somos compañeros, amigos, comunidad, es decir, Iglesia.
Toda la historia de la Iglesia, la historia de los cristianos, está llena de caminantes, de seguidores de Jesús, siempre acompañados. Solo hay que acordarse de los primeros amigos de Jesús, los apóstoles. Se pusieron a caminar hacia todos los confines del mundo para anunciar la Buena Nueva. San Pedro llegó hasta Roma, Santo Tomás hasta la India, San Pablo… San Pablo no paró de caminar y seguir a Jesús. Santiago vino hasta España y nos dejó en herencia el Camino de Santiago. Un “camino” que nos muestra lo cercana que es al cristiano la idea de seguir, de caminar. Los grandes santos, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús…, no se estaban quietos, siempre estaban en camino. Pero incluso aquellos santos que se dedicaban a adorar a Jesús en los monasterios “seguían” espiritualmente a este amigo que nunca nos abandona. La Patrona de las Misiones, Santa Teresita del Niño Jesús, es la mejor muestra.
El mayor ejemplo de misionero, San Francisco Javier, recorrió medio mundo por seguir a Jesús, llegando en un viaje que duró años –paraba sólo y únicamente para predicar a Jesús– hasta el Pacífico, hasta las aguas de Oceanía, el continente del lema de este año.
A todos ellos, como a todos los misioneros, como a ti y a mí, nos acompaña Jesús. Pero ir con Jesús, seguirlo, ir a su paso, no es lo mismo que seguir a cualquier otro. Jesús camina firme y no duda. Sabe adónde va y adónde te lleva. Te da la mano y, si tú no quieres, Él no te suelta-
Jesús camina firme y no duda. Tenemos que mirarle y aprender a caminar como lo hace Él. La mejor forma para ello es leer el Evangelio, sentir su frío en el pesebre, ver sus gestos al curar a los enfermos, oír sus palabras a las multitudes y a sus apóstoles. Sin duda, esta es la mejor manera de aprender a caminar como Él, de aprender a seguirle. El Santo Padre Benedicto XVI ponía un ejemplo de cómo ver a Jesús y sus gestos, leyendo el Evangelio: “Jesús lleva aparte a un hombre sordo y mudo y, tras haber realizado algunos gestos simbólicos, alza los ojos al cielo y le dice: «¡Effetá!», es decir: «¡Ábrete!». En aquel instante, relata el evangelista, al hombre le fue restituido el oído, se le desató la lengua y hablaba correctamente. Los gestos de Jesús están llenos de atención amorosa y expresan profunda compasión por el hombre que está ante Él: le manifiesta su interés concreto, lo saca de la confusión de la multitud, le hace sentir su cercanía y comprensión mediante algunos gestos llenos de significado. Le pone los dedos en los oídos y con la saliva le toca la lengua. Le invita después a dirigir con Él la mirada interior, la del corazón, hacia el Padre celestial. Finalmente, lo cura y lo devuelve a su familia, a su gente. Y la multitud, asombrada, no puede sino exclamar: «¡Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos!» (Mc 7,37)” (discurso a los participantes en la Conferencia Internacional sobre pastoral con no oyentes, 20 de noviembre de 2009)
Sabe adónde va y adónde te lleva. En el Evangelio, el apóstol Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn 14,5). Jesús nos lleva hacia su Padre, hacia Dios, hacia la Felicidad Plena, hacia todo lo que de verdad queremos… En el mundo hay guerras, Él nos lleva a la verdadera paz; en el mundo hay tristeza, Él nos lleva a la verdadera alegría; en el mundo hay odio, Él nos lleva al amor. Por eso, hay que tener una confianza plena en Él, para no dejarnos eclipsar por otras cosas que irán apareciendo en nuestro seguimiento de Jesús. Ni tener muchas cosas, ni pasárselo bien a todas horas olvidándonos de los demás, ni creernos los más listos o los más guapos o los mejores; nada de eso puede sustituir a la verdadera alegría de seguir a Jesús.
Te da la mano y, si tú no quieres, Él no te suelta. Es un amigo, el mejor amigo. Él siempre estará para escucharte en la Eucaristía; nunca te dejará. Él no se enfada, ni te echa en cara nada; solo quiere que le digas que sí, que le sigas.
Hace unos años el Papa Benedicto XVI tuvo un encuentro con un grupo de niños de primera comunión. Le preguntaron qué recuerdo tenía de su propia primera comunión: “Fue un hermoso domingo de marzo de 1936; o sea, hace 69 años. Era un día de sol; era muy bella la iglesia y la música; eran muchas las cosas hermosas, y aún las recuerdo. Éramos unos treinta niños y niñas de nuestra pequeña localidad, que apenas tenía 500 habitantes. Comprendí que entonces comenzaba una nueva etapa de mi vida –tenía 9 años– y que era importante permanecer fiel a ese encuentro, a esa comunión. Prometí al Señor: «Quisiera estar siempre contigo» en la medida de lo posible, y le pedí: «Pero, sobre todo, estate Tú siempre conmigo». Y así he ido adelante por la vida. Gracias a Dios, el Señor me ha llevado siempre de la mano y me ha guiado incluso en situaciones difíciles. Así, esa alegría de la primera comunión fue el inicio de un camino recorrido juntos. Espero que, también para todos vosotros, la primera comunión, que habéis recibido en este Año de la Eucaristía, sea el inicio de una amistad con Jesús para toda la vida. El inicio de un camino juntos, porque yendo con Jesús vamos bien, y nuestra vida es buena”. (encuentro con los niños de primera comunión, Plaza de San Pedro, 15 de octubre de 2005).
Por si fuera poco, siempre tendremos a nuestra Madre al lado: la Virgen Santísima nos enseñará cómo hay que seguir a Jesús, porque nadie le ha seguido mejor que Ella. Ponte al paso de Jesús, síguele, habla con él: es tu amigo.

Mons. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona-Tudela y Director Nacional de OMP

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