El dolor de los coptos

La iglesia copta estaba llena. Se encontraba localizada en la novena estación, en la Vía Dolorosa, en la ciudad vieja, y entre los fieles presentes estaban el nuncio apostólico, mons. Antonio Franco y el Patriarca latino emérito, Michel Sabbah. Llegaron diversos mensajes de solidaridad, incluso de representantes de diversas confesiones cristianas.

Los 21 cristianos asesinados en la ciudad egipcia de Alejandría en las primeras horas de Año Nuevo fueron recordados así el martes a la tarde en Jerusalén, junto a sus amigos reunidos para la oración y el apoyo. El Papa Benedicto XVI definió el ataque bomba como “un gesto vil”, y el presidente egipcio Hosni Mubarak habló de “terrorismo que no conoce ni patria ni religión”.

A pocas semanas de la masacre de los cristianos en Irak, el ultraje de Alejandría ha preocupado a los cristianos del cercano y Medio Oriente y parece ser parte – según el pontífice – de un movimiento anticristiano. Pero ¿estos hechos debilitan o refuerzan la fe de los cristianos en Medio Oriente? Para mons. Anba Abraham, arzobispo copto ortodoxo de Jerusalén, no hay dudas.

“Estos eventos refuerzan la fe de los cristianos más que debilitarla. Quizá algunos cristianos emigran, pero al final vuelven con su fe reforzada, y con amor consolidado por su patria. Muchos de estos eventos ocurrieron durante los siglos, pero los cristianos están todavía aquí. Sucederán todavía, pero permaneceremos porque tenemos una promesa de Cristo. Aunque Cristo dijo que habíamos tenido que sufrir, también dijo que había vencido el mundo, y prometió que estaría siempre con nosotros. Él no nos dejará nunca. Nosotros somos su pequeño rebaño. ¿Cómo podría dejarnos?»

“Nuestra sangre demuestra que amamos a Cristo”, dijo el arzobispo, “precisamente como su sangre ha demostrado que nos ama”. El martirio es testimonio, dijo, y este gesto ha proclamado a todo el mundo que nuestra fe en Jesucristo ha sido reforzada. Y a la pregunta de si los ataques han acercado a los cristianos del cercano y Medio Oriente, responde el sacerdote Antonious El-Ourshalimi, secretario general ante el Patriarcado copto.

“Los une de modo que no hay ninguna diferencia entre católicos y ortodoxos, porque nuestro Jesús es el mismo Jesús. Nuestras diferencias desaparecen justo en estos trágicos momentos porque vamos en la misma dirección”.

Secándose las lágrimas, el sacerdote Antonious asume así la reacción de los cristianos locales.

“Quiero decir al pueblo de Egipto: no tengan miedo. No lograrán destruir nuestro espíritu”.

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