Reflexiones para después de la visita del Santo Padre

PALABRA Y VIDA

Hemos vivido con alegría la visita del Papa Benedicto XVI a Barcelona los días 6 y 7 del pasado noviembre. Ha sido un auténtico don de Dios. De nuevo quisiera agradecer al Santo Padre la solicitud y el afecto que ha manifestado por nuestra Iglesia local y por las otras Iglesias particulares que peregrinan en nuestras tierras, como también por nuestra historia cristiana y nuestra cultura.

Puedo añadir también que el Papa quedó muy satisfecho por la acogida que le dio la archidiócesis y Cataluña entera. Al pie del avión en el que regresaba a Roma, al anochecer del 7 de noviembre, me dijo que se llevaba un recuerdo inolvidable de esta visita.

En la carta que tuvo la deferencia de enviarme el día 9 de noviembre, a las cuarenta y ocho horas de su visita, Benedicto XVI agradece «la espléndida acogida, la agradable hospitalidad y las continuas atenciones que me fueron dispensadas en todos los momentos de mi agradable estancia en esta bella ciudad». Y añadía: «Le ruego también que haga llegar mi vivo agradecimiento a todos sus colaboradores, así como a las autoridades, fuerzas de seguridad y voluntarios, por su generosa cooperación en la preparación, desarrollo y feliz realización de esta entrañable iniciativa».

También nosotros conservamos un recuerdo inolvidable de la estancia del Santo Padre entre nosotros. Ahora, después de la feliz realización del acontecimiento, nuestro objetivo es asegurar los frutos de esta visita. En especial para intensificar, con renovada ilusión, nuestra fidelidad a Dios y a la Iglesia. Amemos más al Papa y valoremos su ministerio de sucesor de Pedro, crezcamos en el amor a Dios y a los hermanos, y trabajemos con generosidad en la nueva evangelización de nuestra sociedad, especialmente en aquellos ámbitos que podemos considerar como más necesitados de las palabras y del testimonio de los cristianos.

Se trata de que el acontecimiento espiritual que ha sido la estancia del Santo Padre se perpetúe en un rescoldo que nos renueve y nos mueva a la acción. Tendremos que reflexionar y hacer un discernimiento. Hemos de iniciar un tiempo de construcción a partir de su visita pastoral. Esto ha de ser una tarea realizada por toda nuestra comunidad diocesana.

Para ayudar a ello, el pasado 8 de diciembre, fiesta de la Purísima, publiqué una exhortación pastoral titulada Preparemos con el Papa los caminos del Señor. En ese texto repaso algunos de los temas básicos que nos ha dejado Benedicto XVI e invito a todos los diocesanos a continuar y concretar aún más las reflexiones que sugiero. Para facilitarlo, también propongo unas pautas para la reflexión, hecha tanto de forma individual como comunitaria. El resultado de este trabajo tiene que ser enviado a la Secretaría General del Arzobispado y esperamos que nos ayude en la preparación del próximo Plan Pastoral diocesano.

Deseo que todo este trabajo pueda ayudarnos a hacer realidad aquello que el Papa nos dice en la carta que he citado antes: «Que el Señor enriquezca a los hijos e hijas de esta noble tierra con la abundancia de los dones de su amor y misericordia, para que les sean una ayuda en la realización de sus deberes personales, familiares y sociales».

† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

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