"Fieles a la misión recibida", carta del obispo de Lleida


Cuando hablamos de iniciación cristiana y de acciones evangelizadoras hay que tener en cuenta que el Señor nos ha pedido, a sus seguidores, constituir como Iglesia una mediación transparente, humilde y de servicio como la que Él protagonizó.
Tendríamos que presentar el Evangelio como aquello que es, «Buena Noticia» para todas las parcelas de la vida humana (sin disociar fe-vida): porque afecta a la persona y a la sociedad, a los problemas concretos, a la conciencia personal y colectiva de la gente, a sus actividades como ciudadanos, a los criterios de juicio, a los valores, en los centros de interés, en las líneas de pensamiento, en las fuentes que las inspiran y a los modelos de vida que se presentan en contraste con el Reino de Dios; como especificaba Pablo VI (EN 18 y 19).
La iniciación cristiana quiere motivar a las personas buscando provocar un movimiento hacia la fe. No se trata, en principio, de exponer sistemáticamente la doctrina sino de ayudar a descubrir el sentido de la vida a la luz del Dios que se nos ha revelado Jesucristo.
Y tenemos que ofrecer la Buena Noticia de Jesús a todos sin fronteras (EN 18 y 19) y a todas las dimensiones de la vida humana: economía, política, cultura, movilidad… Tarde o temprano, la gente se pregunta sobre el sentido de la vida y nosotros tenemos respuesta: «en el evangelio se revela la justicia salvadora de Dios…» (Rom 1,17).
Y, más allá de métodos y estructuras siempre necesarias, intentamos dar preferencia al testimonio de vida siendo signos auténticos de aquello que proclamamos, con contactos personales y fraternales que eviten todo tipo de voluntad (o apariencia) de dominio o superioridad, y con maneras de vivir que manifiesten un verdadero concepto de servicio.
Ya el Concilio Provincial Tarraconense, hace más de quince años, nos instaba a todos los miembros de nuestras Iglesias a ser sujetos de la acción evangelizadora y noticia del Cristo con la palabra y el testimonio de amor fraterno: «mediante la predicación ordinaria y extraordinaria, las celebraciones litúrgicas, la presencia en los medios de comunicación social, la acción comunicativa de laicos competentes y el testimonio de la caridad que intenta dar respuesta a las necesidades de la gente, iluminando con la fe y con la esperanza las grandes cuestiones de la existencia, en las cuales sólo el amor de Cristo puede dar sentido pleno».
Y nos pedía a todos los seguidores de Jesús tomar conciencia del mundo nuevo que vivimos y que nos interroga de muchas maneras y en el que tenemos que anunciar a Jesucristo salvador con gestos y lenguajes capaces de comunicar la ternura y el amor de Dios.
Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,
+ Joan Piris Frígola
Obispo de Lleida

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