El cardenal Rouco invita a «afrontar la responsabilidad histórica de vivir el matrimonio y la familia cristianamente”

El Arzobispo de Madrid, cardenal Antonio Mª Rouco Varela, ha presidido esta mañana la solemne Misa de la Familia en la madrileña Plaza de Colón. Concelebrada por más de 50 obispos españoles y europeos, la Misa ha dado comienzo después de escuchar el mensaje que Su Santidad Benedicto XVI ha dirigido a las familias asistentes al acto.

En su homilía, el Cardenal ha recordado que “Cardenales, Arzobispos, Obispos, Sacerdotes y familias cristianas, venidas de muchas diócesis de España y de Europa, nos hemos dado una nueva cita para renovar ante el mundo la proclamación del Evangelio de la familia, para celebrarlo en el marco litúrgico de la Eucaristía y para dar testimonio de él en la plenitud de su significado y contenidos”. Para el Cardenal, “el Evangelio de la Familia incluye el Evangelio del matrimonio y de la vida y es inseparable del núcleo central de la Buena Noticia de que Jesucristo es el Salvador, el Mesías, el Señor”. Por eso, ha afirmado que no “seremos capaces de acoger la gracia de la salvación y hacerla nuestra si no es a través de la familia, formada y vivida cristianamente”.

Así, “proclamamos el Evangelio de la Familia con la palabra iluminada por la Palabra de Dios que se ha hecho Carne en el seno de la Virgen María. Lo celebramos en la Eucaristía, el Sacramento de la oblación y de la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo”. Y “lo testimoniamos con la presencia pública, expresada en esta magna asamblea de las familias cristianas”. Porque “vuestra presencia, queridos padres y abuelos, jóvenes y niños, habla por sí sola en esta mañana de domingo del típico invierno madrileño, frío y soleado a la vez”.

“¡A vosotras, queridas familias cristianas, os ama el Señor! Vuestra presencia, sacrificada y gozosa es la que confiere esta mañana al testimonio eclesial del Evangelio de la familia una convincente autenticidad. Refleja fiel y bellamente el día a día de vuestra donación esponsal en la vida íntima de vuestro matrimonio y la generosidad de vuestro amor mutuo: abierto a la vida y a la educación abnegada de vuestros hijos, servicial con “los mayores” de vuestras familias y fraterno en las relaciones con los demás…, con los próximos y los lejanos; amor sensible a las exigencias del bien común”.

“¡Cuántos son hoy en España los que en el drama de la pérdida del puesto de trabajo han encontrado en la familia ¡en las familias! remedio y amparo! ¡Incontables! Vuestra participación en esta Misa de las Familias, animosa, valiente y festiva, da testimonio sobre todo, y de un modo extraordinariamente elocuente, de cuáles son las raíces más profundas y la savia viva que os sostiene y alimenta: ¡el sí que os habéis dado en Cristo!: el Cristo que ha santificado y continúa santificando vuestra unión para que seáis signo vivo de su amor esponsal a su Iglesia y, en ella, a la humanidad entera”.

“La verdad del matrimonio y de la familia cristiana se hace densa en vuestras vidas. El anuncio del Evangelio, del Evangelio de la familia, adquiere una actualidad inusitada: ¡la fuerza de “la denuncia y profecía” y el acento insobornable de la esperanza en un momento sumamente crítico de la historia!”.

Por ello, se ha preguntado: “¿Es que se puede abordar seria y responsablemente el futuro del hombre –¡un futuro digno!– si se prescinde de la verdad del matrimonio y de la familia? ¿Es posible ignorarla y pasar de ella, si se quiere construir una sociedad libre, justa y solidaria en la que el hombre pueda encontrar las condiciones necesarias para su desarrollo personal de acuerdo con su naturaleza trascendente de imagen e hijo de Dios?”.

Y ha respondido: “Sencillamente: ¡no! Siempre que se cuestiona y/o se niega la verdad del matrimonio y de la familia –¡la plenitud de sus significados personales y sociales!– en la teoría y en la práctica, las consecuencias negativas no se hacen esperar. Se ciegan las fuentes de la vida con la práctica permisiva del aborto. Se banaliza con la eutanasia hasta extremos −hasta hace poco tiempo impensables−, la responsabilidad de vivir y de respetar la vida del prójimo. ¡El derecho irrevocable a la vida queda profundamente herido! Los niños y los jóvenes crecen y se educan en un ambiente de rupturas y distancias paternas, desconfiados y desconcertados, sin conocer una limpia y auténtica experiencia del amor gratuito: de ser queridos por sí mismos y de poder corresponder, igualmente, amando sin cálculos egoístas a los que les dieron la vida –sus padres– y a aquellos con los que la comparten con una insuperable e íntima cercanía –sus hermanos–. Las relaciones sociales se hacen frías y distantes: ¡nos endurecemos consciente o inconscientemente ante el dolor y las necesidad físicas y espirituales de nuestros vecinos y conciudadanos!… La sociedad se envejece y la crisis demográfica –¡imparable!– amenaza y pone en peligro el futuro de nuestros marcos de vida y bienestar económico y social”.

Esto, ha afirmado, es lo que está sucediendo en mayor o menor medida en las sociedades europeas. “Se trata de manifestaciones de una crisis mucho más honda en sus causas, que las que se detectan en los campos de la técnica y de la acción económica, social y política”. Son causas “que tienen que ver con la familia: con su fortaleza interna y con las posibilidades económicas, sociales, jurídicas y culturales de poder ser afirmada y realizada en la integridad de su verdadero ser, ¡libremente!, tanto en la sociedad como en la comunidad política”.

“Nos encontramos, pues, queridas familias cristianas de España y de Europa, ante un reto histórico formidable: ser los signos e instrumentos imprescindibles de la esperanza para Europa en una de sus horas más complejas y dramáticas. ¡No hay que tener miedo al afrontar la responsabilidad histórica de vivir el matrimonio y la familia cristianamente con la fortaleza de la fe y con la confianza puesta en la gracia y el amor de Jesucristo! En la Sagrada Familia de Nazareth encontráis el ejemplo y la cercanía espiritual que no os fallará nunca”.

“¡La Iglesia os necesita para poder ser evangelizada y para evangelizar! Os necesita como siempre; pero, además hoy, con una nueva, grave e inaplazable urgencia”.

Por ello, ha concluido afirmando que “en este, por tantos cercanos y entrañables recuerdos, evocador marco de la Plaza de Colón el encuentro de las familias cristianas –¡una auténtica y gozosa fiesta!– alentadas por el Mensaje luminoso y cordial de nuestro Santo Padre Benedicto XVI, está anunciando al mundo: ¡en Europa, en la España y en la Europa de nuestros días, comienza a alumbrar la esperanza!”.

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