Carta del obispo de Girona para comenzar el nuevo año

¡Feliz año 2011!
Durante estos días, y especialmente en Nochevieja, oímos y repetimos: ¡feliz año nuevo! Y añadimos los más diversos comentarios.Según el calendario, efectivamente ha empezado el nuevo año, el 2011; ahora bien, que sea bueno y feliz dependerá de muchos factores, algunos de los cuales podemos controlar, prever o provocar, y otros que en modo alguno podemos ahora siquiera adivinar, y seguro que nos sorprenderán.El deseo de felicidad es una de las aspiraciones más enraizadas en nuestro ser y, por ello mismo, una de las más buscadas.Recordemos que una de las proclamas de Jesús son las Bienaventuranzas. En realidad las Bienaventuranzas expresan la experiencia de Jesús, el compromiso de Dios y, al mismo tiempo, su mirada profunda a unos colectivos humanos. Si queréis, su felicitación hacia unos colectivos de persones que, según los criterios del mundo, en modo alguno son felices. Es el mundo al revés, como bien ha escrito alguien; es cierto, pero es el mundo según la perspectiva de Dios.El deseo de felicidad, si es sincero, comporta un compromiso personal en relación con uno mismo y con los demás. Uno no puede decir sinceramente “feliz año nuevo” y quedarse tan tranquilo… Suena a moneda falsa.

La pregunta en este inicio de 2011 es la siguiente: ¿cómo podemos hacer posible que sea un año feliz para cada uno de nosotros? O expresado de otra forma: ¿cómo podré ser más feliz y ayudar a los demás a que también lo sean? Esta es la gran cuestión.Seguro que viviremos momentos de gozo, de una cierta plenitud personal, pero también de sufrimiento, de incertidumbre, de preocupación; deberemos afrontar momentos difíciles… La felicidad, la paz profunda de nuestro ser no deriva de los hechos, sean cuales sean, aunque sean poco favorables, sino de como los vivimos. Ciertamente los hechos positivos nos ayudan, de forma espontánea, a catar la felicidad, mientras que los negativos o dolorosos, nos acercan a la amargura. Pero no es menos cierto que la felicidad no depende únicamente de nosotros mismos, ni de nuestro estado de ánimo, sino que procede de los dones de Dios, del compromiso de Dios con nosotros, de su amor y compañía, de su ternura que nos alcanzará de muchos maneras, que ahora mismo no podemos prever.Debemos insistir en el hecho que plantear propuestas de felicidad sin tener presente la cuestión del mal, es una ilusión y un engaño. Mantengamos los pies en el suelo, seamos conscientes del mal que podemos hacer y que podemos sufrir; seamos conscientes que no podemos pensar en la felicidad personal mientras a nuestro lado son muchos los que sufren por falta de recursos materiales, por la escasa valoración y estima que experimentan, por la violencia que padecen… Plantear un modelo de felicidad que no asuma la contradicción, el dolor, que no responda a las situaciones más dramáticas del ser humano, es plantear una felicidad irreal, ilusoria e imposible.Nosotros creemos en Jesús crucificado y resucitado, es decir, esperamos la Salvación, la vida en plenitud que ya podemos catar. Ciertamente que es Dios quien tiene la última palabra y esta no será otra que la victoria sobre el pecado, el mal y la muerte. Pero ahora, mientras caminamos, necesitamos su ayuda y, por ello, desear un feliz año, es desear y pedir que tengamos un año lleno de los dones de Dios.
Un buen ejemplo es el fragmento de esta conocida plegaria: Había pedido a Dios fuerzas para triunfar… Y Él me ha hecho débil para que aprenda el gusto por las pequeñas cosas… Le había pedido salud para realizar grandes cosas. Él me ha dado la enfermedad para que haga cosas aun mejores…Por todo ello, en el inicio del año, es oportuna la fórmula de bendición tradicional en Israel al iniciarlo: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.”Así podremos vivir un feliz año, que os deseo con todo mi afecto

Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 40347 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).