Felicitación navideña del arzobispo de Toledo y primado de España


Permítanme que desde aquí les felicite la Navidad a todos. Lo más profundo de Navidad es que el Verbo eterno de Dios, su Hijo, se ha hecho pequeño; esta noticia no pasa, sino que puede convertirse cada año en un asombro y una novedad.
Es verdad: el Hijo de Dios –que es Dios– se ha hecho tan pequeño como para estar en un pesebre. Pero así se ha hecho Palabra a nuestro alcance.
Palabra es Logos en griego, esto, sabiduría de Dios, principio para entender la vida y la muerte, para vivir el amor al padre y a los hermanos. Sin amor el ser humano no puede vivir.
Y es que, como describía B. Pascal, hay en el universo tres órdenes; el orden cuantitativo, el ámbito de las ciencias naturales y experimentales; éste es importante, pero menos que el orden del espíritu, que es más grande que el de las galaxias. Sin embargo, el orden primordial, mayor, es el del amor, aparentemente inútil, que no ocupa lugar, pero sin el que no podemos vivir. Sin amor no se entiende la Navidad.
Me gustaría que este amor de Cristo llegara a todos los hogares, sobre todo a los que más sufren y a los que más necesitan, a los que mueren de nostalgia de Dios, aún sin saberlo. Cristo es para todos, sobre todo para los que aún no le conocen.
En Navidad, “nos preocupa la muy grave situación económica y social que vive nuestro país con las dolorosas consecuencias de sufrimiento, pobreza y marginación que ello origina en gran número de personas. Nos sentimos solidarios con todas ellas y con sus familias, que se ven obligadas a vivir en situaciones de necesidad, de pobreza, de inseguridad. Nadie puede negar tampoco que las crisis económicas presentan casi siempre estrechas relaciones con otras crisis profundas de naturaleza social y hasta moral” (Asamblea Plenaria de noviembre de 1993).
Es preciso no dejarse deslumbrar por las luces en las casas y en las plazas, que pueden impedir “ver a Cristo” en la celebración de la Navidad. En la sonrisa de los niños y en los rostros marcados por el sufrimiento es más fácil ver el rostro luminoso del Niño de Belén.
Quiero también, en esta Navidad, dirigirme a los jóvenes, porque el año 2011 que comenzaremos enseguida, es un año muy importante, en el que el Papa Benedicto convoca a todos los jóvenes católicos del mundo, en Madrid para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud. Es importante que sintáis que este Cristo ha nacido para nosotros, que vosotros, jóvenes, no os dejéis vence por el mal y por realidades que, en el fondo, os apartan de la verdad y de la alegría profunda.
A todos los católicos de Toledo os quiero recordar también que estamos reflexionando muy profundamente en nuestra iniciación cristiana, es decir, en lo que nos hace cristianos en el bautismo, en la confirmación, en la Eucaristía. A eso es a lo que vino Jesús, a encontrarse con nosotros, y estos sacramentos son importantísimos para encontrarse con Él. En cualquier caso, queremos estar unidos y desear a todos, sobre todo a los pequeños, a los enfermos, a los mayores, una muy Feliz Navidad.

+ Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo
Primado de España

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