Arzobispo de Santiago de Compostela: "La Ciudad del Apóstol ha sido en este año ciudad de significativas referencias para muchas personas"

HOMILÍA en el JUBILEO de la CIUDAD de SANTIAGO

Queridos hermanos y hermanas de la Ciudad de Santiago:
Ya en el atardecer de este Año Santo Compostelano habéis querido uniros a los
miles y miles de peregrinos que a lo largo de este Año Santo han venido a
participar en las gracias jubilares. Desde el primer momento siendo testigos
privilegiados de este tiempo de perdón y de gracia, no habéis sido meros
espectadores en medio de vuestras actividades ordinarias sino que os habéis
propuesto ser amigos y testigos del Señor como el Apóstol Santiago. Hoy queréis
haceros eco del agradecimiento de todos los peregrinos uniendo vuestra propia
gratitud.
Cercana ya la celebración del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre,
percibimos que Dios se hace de nuestra familia. Se ha hecho Dios con nosotros.
¡Cuántos siglos de espera, cuantas ilusiones concebidas, cuantas esperanzas
fundadas! Dios tiene tiempo, Dios no tiene prisa para ir desvelando sus misterios:
el misterio de María, el misterio de su Hijo Jesucristo. La respuesta estaba en las
Escrituras. Pero nuestro problema no es saber leer sino no querer enterarse.
Frecuentemente Dios no habla lo que queremos escuchar, sino lo que tiene que
decir; y no actúa como nosotros queremos sino cómo y dónde tiene previsto.
Abrimos la última página del adviento que nos introduce en el corazón mismo de
la encarnación y nacimiento del mesías. ¿Sabremos reconocerle? Esta es la tarea
que hemos de llevar a cabo aceptando por la fe a Cristo en su palabra proclamada,
en la eucaristía celebrada, y en los hermanos con quienes nos hemos reunido y en
los que Dios se hace presente en la vida de cada día. Hoy aparece María como la
puerta por la que Dios quiere entrar en el mundo. La predestinación de María al
misterio de Cristo era prevista en los planes divinos por su excepcional
colaboración a la redención de los hombres. Era la razón de ser de su identidad y
de su misión evangélica. El sí responsable y pleno de María al designio y a la obra
de la Redención, comporta también el valor y la responsabilidad del ser humano
ante Dios y ante los hombres. La negación de uno mismo, la obediencia a la
Voluntad divina, la disponibilidad al Amor y a la acción misteriosa y salvífica de
Dios constituyen la urgencia definitiva y la lección permanente de una genuina
espiritualidad de Adviento ante el Misterio de Cristo en nuestra peregrinación
terrena. El Papa acaba de decirnos: “Dejadme que desde Compostela, corazón
espiritual de Galicia y, al mismo tiempo, escuela de universalidad sin confines,
exhorte a todos los fieles de esta querida Archidiócesis… a vivir iluminados por la
verdad de Cristo, confesando la fe con alegría, coherencia y sencillez, en casa, en
el trabajo y en el compromiso como ciudadanos. Que la alegría de sentiros hijos
queridos de Dios os lleve también a un amor cada vez más entrañable a la Iglesia,
cooperando con ella en su labor de llevar a Cristo a todos los hombres. Orad al
Dueño de la mies, para que muchos jóvenes se consagren a esta misión en el
ministerio sacerdotal y en la vida consagrada: hoy, como siempre, merece la pena
entregarse de por vida a proponer la novedad del Evangelio”.
La Ciudad del Apóstol ha sido en este año “ciudad de significativas referencias
para muchas personas”, “ciudad situada en la cima de un monte”, a la que tantas
y tantas personas han dirigido sus pasos. Aquí encontramos la tumba del apóstol
Santiago y aquí vivimos el encuentro con la tradición apostólica que fundamenta
nuestra fe. Los cristianos de esta ciudad hemos de sentirnos de manera especial
herederos agradecidos de los desvelos y afanes del ministerio apostólico del
apóstol Santiago, conscientes de que “la fe nace del mensaje y el mensaje consiste
en hablar de Cristo”. Esto ha de notarse en la unidad pastoral y en el esfuerzo por
llevar a cabo la misión evangelizadora en esta ciudad.
Animados por el testimonio de fe de tantos peregrinos que han venido con el peso
y el gozo de su existencia, y confortados por la gracia hemos de conquistar el
legado de fe que hemos recibido. Reavivando la memoria del Apóstol, esta ciudad
ha de vivir en misión y para la misión apostólica. “El Jubileo ha sido un tiempo
propicio para salir de un modo rutinario de vivir la fe y para redescubrir la
verdadera amistad con el Señor. Ha sido un tiempo oportuno para dar a la
conversión el significado de una ruptura total con el pecado, experimentando la
alegría del perdón recibido y dado. Ha sido un tiempo favorable para redescubrir
la comunión y la fraternidad en las parroquias, en los movimientos y en las
diversas comunidades, eliminando los obstáculos de la indiferencia, el aislamiento
y el rechazo de los demás, abriendo el corazón a nuestros hermanos y hermanas,
particularmente a los más pobres y a los que sufren”.
Hoxe participamos na nosa peregrinación da alegría de tantos peregrinos que
encontraron o Señor e continuaron o seu peregrinar cun renovado entusiasmo
espiritual, sentíndose como o Apóstolo amigos e testemuñas do Señor. A
experiencia do Xubileo é un paso singular do Señor por cada un de nós, e a nosa
única fe en Cristo fainos membros dunha mesma comuñón eclesial: A nosa
cidade, que neste ano de maneira especial foi cidade da hospitalidade, viviu
acontecementos eclesiais significativos aparte desa acción invisible, certa e eficaz
da gracia que como savia divina fixo florecer e dar froitos a tantas ramas secas da
árbore da Igrexa. Nas postrimerías do Ano Santo Compostelán da man do
apóstolo Santiago, proclamemos e vivamos que “Deus nos ama e enviou a
Xesucristo, seu Fillo, para salvarnos”. Esta inquedanza quero compartila con cada
un de vós, coas familias, coas parroquias e coas diferentes institucións da cidade
para que este acontecemento xubilar reforce o noso compromiso cristián para
continuar cunha forte experiencia espiritual e un crecemento na solidariedade
fraterna. Exhórtovos a non botar en saco roto a gracia de Deus.
Pidamos o ardor e a intrepidez do Apóstolo na tarefa evanxelizadora neste novo
milenio. Peregrina, Señor Santiago, connosco para que co teu exemplo esteamos
sempre dispostos a beber o cáliz do Señor. Santa María, intercede por nós ante o
teu Fillo para que “nos conceda fortaleza na fe, seguridade na esperanza e
constancia no amor”. Amén.

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