Saludo del nuevo obispo auxiliar de Sevilla a los fieles de su nueva diócesis

Queridos hermanos y amigos:
Cuando la Santa Sede acaba de dar a conocer mi nombramiento como Obispo titular de Vergi y auxiliar de Sevilla, mis primeras palabras no pueden ser más que de gratitud al Señor y al Santo Padre, por la confianza que me manifiesta al elegirme para este ministerio. Renuevo mi confianza en Jesús, el Señor, que siempre da las gracias necesarias para la misión que nos encomienda. Esta convicción de todos los cristianos la he podido experimentar a lo largo de toda mi vida sacerdotal.
Al dar mi consentimiento a esta decisión del Santo Padre, he recordado con emoción las palabras con las que él mismo se presentó a la Iglesia después de su elección, diciendo que era un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Siguiendo su ejemplo, me ofrezco como un pobre trabajador de la viña del Señor en la Iglesia particular de Sevilla, a la que me envía para ayudar a su Arzobispo.
A Mons. Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, deseo manifestarle desde el primer momento mi afecto más sincero y mi propósito de no regatear esfuerzos para ofrecerle la ayuda que ha solicitado al Santo Padre, pidiendo un obispo auxiliar para la archidiócesis. El me distinguió con su confianza en los distintos ministerios que me encomendó cuando pastoreaba la diócesis de Córdoba y, ahora, Dios me vuelve a poner a su lado para servir bajo su guía a la Iglesia de Sevilla. Así que sé con certeza que voy a encontrar en el Arzobispo la orientación paternal que este novel obispo necesita.
Y con su Arzobispo saludo con afecto y respeto a toda la Iglesia de Sevilla, a los sacerdotes y diáconos, a los seminaristas, a los religiosos y religiosas, a las parroquias, movimientos y asociaciones, hermandades y cofradías, y a todas las familias cristianas, verdaderas iglesias domésticas en las que se vive y transmite la fe. A todos me ofrezco como hermano y amigo. El ministerio episcopal siempre abre la Iglesia particular a la Iglesia universal. Os pido que me recibáis como miembro de la familia de Dios. El Santo Padre me envía a vivir y a trabajar con vosotros. Estoy seguro de que me haréis sitio en vuestro corazón.
Saludo, también, con respeto a las autoridades civiles, militares, judiciales y universitarias de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de la provincia y de la ciudad de Sevilla. La permanente construcción de una sociedad cada día más justa y fraterna necesita la aportación de las mejores convicciones y esfuerzos de todos los ciudadanos. Uniré mis trabajos a los de la iglesia de Sevilla para hacer realidad esta aspiración que todos compartimos.
En esta ocasión es justo volver la mirada al camino recorrido. A esta Iglesia de Córdoba le debo todo. Llegué para quedarme hace veintiocho años, cuando fui ordenado sacerdote. En el Seminario Mayor de San Pelagio; en las parroquias de Alcolea, el Barrio de los Angeles y la de San Juan y Todos los Santos; en los colegios y residencias para mayores de La Trinidad; en la curia del Obispado, en CajaSur y en toda la diócesis –creo que no hay ningún pueblo que no haya visitado con motivo de unos trabajos pastorales u otros- he ido dándome y he recibido mucho más. Por tanto, decir gracias a Córdoba, de todo corazón, es lo que me sale del alma.

Gracias a nuestro obispo, Mons. Demetrio Fernández, por la cercanía y confianza con la que me ha distinguido desde que está entre nosotros, por la ilusión y la alegría que me ha manifestado desde que conoció mi nombramiento episcopal. Además, en él puedo personalizar a la Iglesia de Córdoba, que me ha dado tanto.

En este día no puedo callar mi amor y gratitud a mi familia, padres y hermanos. Ellos son para mí maestros y testigos de la fe, el trabajo y el servicio sencillo en la vida cotidiana.

Me encomiendo a nuestros hermanos y hermanas, particularmente a los que peregrinaron en estas iglesias particulares de Córdoba y Sevilla, que gozan de la presencia de Dios y son para nosotros ejemplo y ayuda en nuestro seguimiento de Cristo. Me acojo a la intercesión de San Tesifón, primer obispo de la sede que se me asigna y patrón de la ciudad de Berja. Y de una manera especial acudo a la Santísima Virgen María, celebrada hoy como Virgen de la Esperanza o de la O y amada de una forma tan singular en la iglesia hispalense. También vosotros, hermanos y hermanas de Córdoba y Sevilla, rezad por mí en estos días en que me preparo para recibir la ordenación episcopal.

Córdoba, 18 de diciembre de 2010

Santiago Gómez Sierra
Obispo electo Titular de Vergi y Auxiliar de Sevilla

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