El obispo de Ciudad Rodrigo pide que en la celebración de la Navidad se tenga en cuenta a los que más sufren


FELIZ NAVIDAD PARA TODOS

“Hoy en la ciudad de Belén os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Con estas palabras la Sagrada Escritura recuerda al mundo entero el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad: Dios ha querido compartir con nosotros la condición humana para hacernos hijos suyos, miembros de su familia y herederos de su gloria. Como confesamos en el Credo, Dios se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvación. Ante esta incomparable noticia los coros de los ángeles y, con ellos, todos los creyentes, radiantes de alegría, podemos cantar: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.
Pero, las palabras de la Escritura, no sólo nos recuerdan un acontecimiento acaecido en el pasado, sino que nos hablan de un “hoy”. Con ello se nos dice que el nacimiento de Jesucristo sigue aconteciendo hoy, en cada instante. Aunque en las celebraciones litúrgicas celebramos los misterios centrales de la vida del Señor en distintos momentos del año, sin embargo en cada celebración de la Eucaristía se actualiza y se hace sacramentalmente presente la persona de Jesús y, por lo tanto, los misterios de su encarnación, nacimiento, pasión, muerte y resurrección. Por eso podemos afirmar que Dios se hace “hoy” hombre por nosotros para librarnos del pecado y de la condenación eterna, y para llevarnos un día a participar de la plenitud de su gloria.
Esta gran noticia del nacimiento de Jesucristo pasó inadvertida para muchos hombres y mujeres en tiempos de Jesús y puede pasar también inadvertida para nosotros. La publicidad de estos días nos invita a centrar nuestra atención en los regalos, las comidas, bebidas y viajes. Como consecuencia de ello, todos corremos el riesgo de dejarnos guiar por lo que nos dicen o hacen los demás, olvidando así los aspectos centrales de las celebraciones navideñas y buscando la alegría y la felicidad donde nunca las vamos a encontrar. La verdadera felicidad para el ser humano nace del hecho humanamente incomprensible de que Dios ha querido vivir con nosotros y caminar a nuestro lado. Quienes no hagan el esfuerzo por acoger y vivir esta gran noticia de la Navidad, se quedarán sin disfrutar de la verdadera alegría de estos días entrañables.
Para no dejarnos arrastrar por las modas y por la propaganda del momento, tendríamos que atrevernos a ser distintos, leyendo y meditando en la Escritura el misterio que celebramos. Además, los que nos confesamos seguidores de Jesucristo deberíamos participar en la celebración de la Eucaristía y tener algún momento de oración ante el Santísimo Sacramento para entrar en comunión con el misterio del nacimiento de Jesucristo. De este modo, animados por la alegría y la paz del Señor, podremos vivir y actuar como criaturas nuevas.
En estos encuentros de oración, no debería faltar nunca un recuerdo por quienes no pueden celebrar esta gran noticia del nacimiento de Jesucristo, porque son perseguidos o están encarcelados a causa de su fe. En Irak, en China, en Pakistán y en otros países de la tierra muchos cristianos tienen serías dificultades para vivir, confesar y celebrar su fe porque son perseguidos y martirizados.
Tampoco podemos olvidar en nuestra oración a quienes sufren de distinto modo, cerca o lejos de nosotros, a causa del hambre, de la soledad o de la pobreza. Además de orar por ellos, podríamos hacer también una aportación económica a Caritas para paliar sus necesidades. No olvidemos nunca que en ellos nace y se hace especialmente presente el Señor.
Desde el gozo, que nace de la presencia de Cristo en medio de nosotros, pido a nuestro Dios que nos conceda el don de la paz y que colme las aspiraciones más profundas del corazón de quienes os confesáis católicos y de quienes vivís alejados de Él a causa del secularismo, de la indiferencia o por otras razones.

Atilano Rodríguez
Obispo de C Rodrigo

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