«Navidad, Misterio de Esperanza y Solidaridad» carta del obispo de Cádiz y Ceuta


Mis queridos diocesanos:
Sea cual sea la situación por la que atraviesa el mundo, la Iglesia, año tras año, lanza a los cuatro vientos su Mensaje de Navidad. Incluso este Mensaje parece encontrar una resonancia más profunda en los años oscuros y difíciles, tal vez por contraste, tal vez porque sea entonces cuanto más necesitamos del auténtico Mensaje de Navidad.
Como dijo bellamente el llorado Juan Pablo II: “Hasta en los peores años la Navidad ha traído consigo siempre algún rayo de luz. Y este rayo penetraba incluso en las experiencias más duras de desprecio del hombre de aplastamiento de su dignidad”.

En la hora actual necesitamos vivir de la esperanza como del oxígeno que respiramos. Por ello os invito a celebrar la Navidad del 2010 y acoger su mensaje de esperanza y solidaridad.

Navidad es un misterio tan repleto de sentido que su comprensión siempre nos desborda. La celebración anual de la Navidad depende en gran manera de nuestra concreta situación de ánimo y también del condicionamiento histórico en que vivimos. Considero que las condiciones particulares que rodean esta Navidad me parecen adecuadas a invitarnos a contemplar el misterio del nacimiento del Hijo de Dios como un misterio de esperanza y de solidaridad de Dios con los hombres.

Dios, en su inescrutable condescendencia amorosa, ha querido compartir la condición humana y su destino, ha querido ser solidario con la humanidad, se ha adherido a la causa del hombre y ha enviado a su Hijo al mundo. Es este un secreto escondido en la eternidad de Dios, que nuestra fe apenas alcanza a vislumbrar.

“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, volveremos a escuchar el día de Navidad. De este modo Dios se ha hecho “Emmanuel”, el Dios-con-nosotros. En Jesucristo, Dios camina con el hombre y comparte y convive su destino con todo su dramatismo. El Mensaje de Navidad nos dice que desde entonces el hombre no está solo. No vive, no trabaja, no lucha, no sufre, no muere solo: Dios está con él, se ha hecho solidario con la trágica existencia humana.

Los cristianos debemos estar dispuestos a dar razón, modesta y serenamente, de nuestra esperanza cristiana a todos aquellos que buscan con ansiedad razones para vivir y motivos para esperar (cf. 1 Pe 3,15). Las pequeñas ilusiones, las pequeñas esperanzas que nunca se cumplen del todo, nos las podemos forjar nosotros, sin embargo, la gran “Esperanza” sólo puede venir de Dios. Para nosotros tiene un nombre: Jesús el Cristo, nacido en Belén de María la Virgen. La celebración de la Navidad debería hacer de nosotros testigos de esa suprema Esperanza.

Esta Esperanza no destruye ni anula nuestras esperanzas humanas, sino que las entrega y orienta, las sostiene para que no desfallezcan ni se resignen ante la temible experiencia del mal y del sufrimiento.

Navidad exige de nosotros una actitud más solidaria con los hombres, especialmente con los que sufren. En concreto y en nuestras circunstancias actuales: una actitud llena de esperanza y solidaridad con los perjudicados por la carencia de trabajo que genera la actual crisis económica, con los que se sienten amenazados de perder sus actuales puestos de trabajo como efecto de las reconversiones industriales en curso. Hay mucha gente que va a vivir estas fiestas navideñas en un clima de incertidumbre y angustia. Considero, pues, que no tenemos derecho a reducir “nuestra” Navidad a un sentimiento romántico de fraternidad, a una estéril nostalgia de la bondad. ¡Navidad es un misterio de esperanza y solidaridad de Dios con los hombres y exige solidaridad para con nuestros hermanos!

Os invito a no pasar de largo ante las necesidades de tantos hermanos nuestros en esta Navidad del 2010.

Quisiera poder hacerme presente en cada uno de vuestros hogares para desearos cordialmente a todos una feliz Navidad, llena de alegría, solidaridad y esperanza cristiana.

¡Feliz Navidad y Año Nuevo 2011!

+ Antonio Ceballos Atienza
Obispo de Cádiz y Ceuta

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