"Evangelizados y evangelizadores", carta del obispo de Lleida


La llamada del Señor: Id y haced discípulos míos … va dirigida a todos los bautizados que tenemos que ser evangelizadores allí donde vivimos, con el convencimiento de que si un cristiano o una parroquia no evangeliza, muere. Un sacerdote italiano ilustraba este convencimiento con la imagen de los dos mares de Palestina, el mar de Galilea y el mar Muerto. Los dos son alimentados por el mismo río Jordán. El primero produce una vida abundante y una buena cantidad de peces porque el Jordán entra y sale; el otro no produce más que muerte porque el Jordán sólo entra y no sale. Y concluía diciendo: un cristiano que no quiere más que consumir en la Iglesia, sin darse demasiado, está condenado a vegetar y a morir.
¿Sin embargo, como anunciar a Jesús en medio de la vida? Muchos dicen que no están preparados cuando, en realidad, no se trata de hacer grandes montajes sino de darle más profundidad evangélica en aquello que hago cada día, amando y ayudándonos los unos a los otros a ser más verdaderos discípulos de Jesús, sirviendo a los que nos rodean en nuestros ambientes naturales de vida y estableciendo relaciones de ayuda mutua y de caridad fraterna.
Claro está que, en este camino, no se tiene que prescindir de la dimensión comunitaria y por eso nos tenemos que juntar con otros y formar grupos donde no tendría que faltar la plegaria compartida, la meditación de la Palabra de Dios -mejor si nos acompaña y guía alguien que nos ayude a entender- y poniendo en común nuestra fe y lo que hacemos para transmitirla. Bastaría hacerse la pregunta ignaciana: ¿qué ha hecho el Señor por mí esta semana y qué he hecho yo para el Señor? ¿Por qué no compartir cómo he tratado yo de servir a los otros durante la semana, y cómo he tratado de evangelizar de palabra y de obra?
Podríamos hacer, por ejemplo, un listado de las personas con las cuales tenemos contacto habitual y rogar por ellas ‘nominalmente’ y por algunas de manera especial, porque nos parece que Dios nos las encomienda particularmente. La oración es el punto más importante en el proceso de la evangelización y nos tiene que acompañar siempre si queremos sacar frutos. Las metodologías son importantes pero secundarías, es el Espíritu Santo quien toca los corazones y puede convertirlos.
Paralelamente está el servicio: amar al prójimo sirviéndolo. Es el gran mandamiento del Señor y no podemos prescindir en el proceso de la evangelización. Es así como ofrecemos el testimonio de vida que todos esperan de nosotros cristianos: dando nuestro tiempo, nuestra persona y, a veces, nuestros bienes. Sirviendo -tratando con amor cristiano- a quienes no conocen a Jesús, construimos puentes de amistad que más tarde podrán conducirles al Evangelio. En ellos podrán nacer preguntas que tendremos que responder compartiendo nuestra experiencia de fe, exponiendo de la manera más clara y concreta posible aquello que el Señor ha hecho en nuestra vida, dando así razón de nuestra esperanza (1 Pe 3,15).
Compartamos, pues, aquello que conocemos de Jesús, aunque sea poco, y ayudemos a que otros lo puedan conocer y, participando en grupos de plegaria y reflexión, puedan dar pasos progresivos hacia la Comunidad Eucarística.
Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,
+ Joan Piris Frígola
Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.