Benedicto XVI agradece a los obispos filipinos sus importante esfuerzo para abolir la pena de muerte en este país


Acogiendo cordialmente a los obispos de Filipinas, al final de su visita ad limina Apostolorum, Benedicto XVI les ha asegurado que reza para que puedan perseverar en su importante misión de pastores, que es la de impulsar el encuentro de todos los filipinos con la Buena Nueva de Nuestro Señor Jesucristo. Con la Constitución Pastoral, del Concilio Vaticano II, ‘Gaudium et spes’ – Los gozos y las esperanzas – sobre la Iglesia en el mundo actual, el Santo Padre ha reiterado, precisamente, que «la Iglesia, predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos, respeta y promueve también la libertad y la responsabilidad políticas del ciudadano» (Gaudium et spes n.76).
Al mismo tiempo, ha recordado el Papa «es de justicia, que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y sólo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones» (Gaudium et spes n.76):
«A la luz de esta tarea profética, encomiendo a la Iglesia en las Filipinas que persevere en desempeñar su papel en favor de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, y en defensa de la integridad del matrimonio y la familia. En estos ámbitos vosotros estáis promoviendo las verdades acerca de la persona humana y de la sociedad, que mana no sólo de la revelación divina, sino también de la ley natural, un orden que es accesible a la razón humana y, por lo tanto, proporciona una base para el diálogo y el discernimiento más profundo por parte de todas las personas de buena voluntad. Asimismo, destaco con profundo reconocimiento la importante labor de la Iglesia para abolir la pena de muerte en vuestro país».
En lo que respecta a los medios de comunicación, el Papa ha recordado la tarea de la Iglesia y de toda la comunidad católica de «transmitir una visión de la fe llena de esperanza de virtud, para que los filipinos pueden encontrar estímulo y orientación en su camino hacia una vida plena en Cristo»:
«Se debe presentar una voz única y positiva, en todos los medios de comunicación – tanto antiguos como nuevos – para que el mensaje del Evangelio pueda tener un impacto cada vez más profundo en el pueblo de la nación. Es importante que los laicos católicos competentes en las comunicaciones sociales tengan su propio lugar, para proponer el mensaje cristiano de una manera convincente y atractiva. Para que el Evangelio de Cristo pueda ser levadura en la sociedad filipina, toda la comunidad católica debe impulsar la fuerza de la verdad proclamada con amor».
También ante los problemas económicos y sociales, la Iglesia, en su misión de proclamar a Cristo, reitera su compromiso en favor de los más pobres y débiles de la sociedad, ha subrayado una vez más Benedicto XVI, alentando a los obispos filipinos:
«En la segunda Plenaria de Filipinas, la Iglesia en vuestro país dedicó una atención especial a su misión en favor de los pobres. Es alentador ver que este compromiso ha dado sus frutos, con la participación activa de las instituciones católicas de caridad en todo el país. Sin embargo, muchos de vuestros conciudadanos, siguen sin empleo, sin servicios adecuados de educación o de base. Por lo tanto, vuestro anuncio evangélico y vuestra acción caritativa en favor de los pobres siguen siendo muy apreciada. Además de este esfuerzo, estáis preocupados con razón, en impulsar un compromiso permanente en la lucha contra la corrupción, con la conciencia de que el desarrollo de una economía justa y sostenible, sólo se logrará cuando se logre una aplicación clara y coherente de la justicia y del derecho en todo el país».

Concluyendo su denso discurso a los obispos de Filipinas y recordando que el Venerable Juan Pablo II les había dicho que son «los pastores de un pueblo enamorado de María» (14 de enero de 1995), Benedicto XVI ha encomendado su misión pastoral a la Madre de Dios, extendiendo su bendición a todo el amado pueblo filipino.

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