Un tiempo para la esperanza

PALABRA Y VIDA

Nuestra liturgia inicia un nuevo año. El tiempo que denominamos Adviento, del que hoy celebramos el primer domingo. Tiempo que nos prepara, durante cuatro semanas, para la celebración de la Navidad, el Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. Durante todo el año, pero sobre todo en este tiempo litúrgico, la Iglesia pone esta súplica en los labios de los cristianos que celebran la eucaristía: «Ven, Señor Jesús». Se trata de una plegaria que nos llega de los primeros cristianos y de la que tenemos constancia en el Nuevo Testamento, en las cartas de San Pablo y en el libro del Apocalipsis.

En la sociedad actual la esperanza resulta muy problemática. Más bien se respira resignación, desencanto, frustración y a veces incluso desesperación. Nuestro mundo está muy necesitado de esperanza.

Consciente de esto, el Santo Padre Benedicto XVI ha querido dedicar a la esperanza la segunda encíclica, titulada «Salvados en esperanza». En este escrito propone a los cristianos tres «lugares» de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza, muy oportunos para el tiempo de Adviento. El primero es la oración, como escuela de esperanza, ya que quien reza nunca está solo y no puede desesperar. El segundo «lugar» es el actuar y el sufrir, que comporta la acción humana. El tercero es el juicio final, porque –afirma el Santo Padre- «la fe en el Juicio final es por encima de todo y sobre todo esperanza, esta esperanza cuya necesidad se ha hecho evidente precisamente en las convulsiones de los últimos siglos». En este mismo texto nos dice, citando a San Pablo, que «un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza».

La ciudad de Barcelona acogió, del 3 al 5 de octubre, el XXV Encuentro Internacional de Oración por la Paz. Uno de los puntos en el que más insistió en este encuentro interreligioso fue la necesidad de que la nueva década en la que entraremos pronto sea un tiempo de convivencia y de diálogo en todas las instancias, y no una década como la que cerramos durante la cual «el mundo ha creído más en la contraposición y en el conflicto que en el diálogo y en la paz». El texto de la «Llamada a la paz», que resume el espíritu del Encuentro, acaba con estas palabras: «Queremos entrar en la década que se abre con la fuerza del Espíritu para crear un tiempo de esperanza para el mundo. Se necesita esperanza. Y nosotros tenemos esperanza. Nuestra esperanza viene de lejos y mira al futuro. Un destino común es el único destino que puede tener la humanidad. Que esta década pueda ser la década de la paz, del diálogo y de la esperanza».

Y en la intervención del Dr. Andrea Riccardi, en la ceremonia final del Encuentro, afirmó que «muchas de las actuales crisis políticas se explican por la ausencia de una misión por la cual se pueda vivir».

Los cristianos estamos llamados a poner esperanza en el mundo. Los valores espirituales son los que pueden generar esperanza y superar el desencanto. Creo que el Encuentro de Barcelona realmente ha generado esperanza. La esperanza que podemos «vivir juntos en un tiempo de crisis», que era el lema del Encuentro. La esperanza de superar el terrorismo. La esperanza de reducir la pobreza en nuestra sociedad y en el mundo entero.

Como también afirmó el profesor Riccardi, «tenemos la esperanza de que con la fuerza débil de la fe, podamos conducir a nuestro siglo hacia un tiempo de paz: paz en la vida de los pueblos, paz entre los pueblos, paz entre as religiones y paz en el corazón de los hombres. Ésta es nuestra esperanza y nuestro sueño».

† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

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