Benedicto XVI señala a los superiores mayores de los religiosos las claves para comprender y revitalizar la vida consagrada


Benedicto XVI ha recibido este viernes en audiencia en el palacio apostólico del Vaticano, a los participantes a la Asamblea semestral de la Unión de Superiores Generales, que se está celebrando en Roma en continuidad con la del pasado mes de mayo, sobre el tema de la vida consagrada en Europa.

“Sois por vocación -les ha dicho el Papa en su discurso- buscadores de Dios. A está búsqueda consagráis las mejores energías de vuestra vida; pasáis de las secundarias a las esenciales, a lo que es verdaderamente importante. Buscáis lo definitivo, buscáis a Dios”. Como los primeros monjes, ha proseguido el Santo Padre, “cultiváis una orientación escatológica: detrás de lo provisional, buscáis lo que queda, lo que no pasa”.

La renovación profunda de la vida consagrada parte de la centralidad de la Palabra de Dios, y de forma más concreta, del Evangelio, regla suprema para todos vosotros, como afirma el Concilio Vaticano II, en el Decreto Perfectae caritatis (cfr n. 2) y como comprendieron muy bien vuestros Fundadores: la vida consagrada es una planta rica de ramas que ahonda sus raíces en el Evangelio».

Y esto lo demuestra, ha explicado Benedicto XVI, la historia misma de los Institutos religiosos, en los cuales la “firme voluntad de vivir el mensaje de Cristo y configurar la propia vida en ello” es el criterio fundamental del discernimiento vocacional.

“Es el Evangelio, vivido cotidianamente, el elemento que embellece la vida consagrada”. De ello tiene necesidad la sociedad actual y esto espera de vosotros la Iglesia: “ser evangelio viviente”, ha afirmado el Papa.

Otro aspecto fundamental de la vida consagrada, que ha subrayado, ha sido el de la “fraternidad”. “La vida fraterna es uno de los aspectos que más buscan los jóvenes que se acercan a vuestra vida”, les ha dicho el Pontífice a los Superiores Generales; “es un elemento profético importante que ofrecéis en una sociedad fuertemente individualista”. “Hay necesidad de un serio y constante discernimiento para escuchar lo que el Espíritu dice a la comunidad, para reconocer aquello que viene del Señor y aquello que les es contrario”.
«Sin el discernimiento, acompañado por la oración y por la reflexión, la vida consagrada corre el riesgo de acomodarse sobre los criterios de este mundo: el individualismo, el consumismo y el materialismo. Criterios que apagan la fraternidad y hacen perder fascinación y aliciente a la misma vida consagrada. Sed maestros de discernimiento, con el fin de que vuestros hermanos y vuestras hermanas asuman este habitus y vuestras comunidades sean signo elocuente para el mundo de hoy».
“Vosotros que ejercéis el servicio de la autoridad y tenéis competencias de guías, recordad que una parte importante de la animación espiritual y del gobierno es la búsqueda común de los medios para favorecer la comunión, la mutua comunicación, el calor y la verdad en las relaciones recíprocas. Y el último elemento que ha destacado el Santo Padre ha sido “la misión”.
«La misión es el modo de ser de la Iglesia y, en ella, de la vida consagrada. Forma parte de vuestra identidad, os impulsa a llevar el Evangelio a todos, sin confines. La misión, sostenida por una fuerte experiencia de Dios, por una robusta formación y por la vida fraterna en comunidad, es una clave para comprender y revitalizar la vida consagrada».

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