El Papa denuncia el consumismo de medicamentos mientras que millones de personas carecen de los las medicinas indispensables


En un mensaje a los participantes en la XXV Conferencia Internacional, que coincide con la celebración del vigésimo quinto aniversario del Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios, Benedicto XVI destaca su profundo agradecimiento a Dios por este precioso instrumento para el apostolado de la misericordia y la diaconía de la caridad, corazón de la misión de la Iglesia.
Haciendo hincapié en el tema elegido para este año, «Caritas in veritate. Por un cuidado de la salud equitativo y humano», el Papa reitera «el particular interés de la comunidad cristiana hacia el ser humano, su dignidad trascendente y sus derechos inalienables». Pues «la salud es un bien precioso, para la persona y la colectividad, que se debe promover, conservar y tutelar, dedicando medios, recursos y energías necesarias con el fin de que más personas puedan beneficiarse».
Lamentando que, «aún hoy permanece el problema de que muchas poblaciones del mundo no tienen acceso a los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades fundamentales, y, en particular, en lo que concierne a salud», Benedicto XVI advierte que «es necesario actuar con mayor empeño en todos los niveles, para que el derecho a la salud se vuelva efectivo, favoreciendo el acceso a los cuidados sanitarios primarios».
Una vez más, el Santo Padre destaca que «en nuestra época se asiste, por una parte, a una atención a la salud que corre el riesgo de transformarse en consumismo farmacológico, médico y quirúrgico, volviéndose casi un culto para el cuerpo. Y, por otra parte, asistimos a la dificultad de millones de personas para acceder a condiciones de subsistencia mínimas y a los medicamentos indispensables para curarse».
Tras reiterar que «también en el sector de la salud – parte integrante de la existencia de cada uno y del bien común – es importante instaurar una verdadera justicia distributiva que garantice cuidados adecuados a todos, sobre la base de necesidades objetivas», el Papa subraya que, «para no volverse inhumano», «el mundo de la salud no puede eximirse de las reglas morales que deben gobernarlo».
Como subraya en su Encíclica Caritas in veritate, Benedicto XVI recuerda que «la Doctrina Social de la Iglesia ha evidenciado siempre la justicia distributiva y la justicia social en todos los sectores de las relaciones humana». Y «se promueve la justicia cuando se acoge la vida del otro y nos asumimos la responsabilidad que nos corresponde sobre esa vida, respondiendo a sus expectativas, porque en él se percibe el rostro mismo del Hijo de Dios, que se hizo hombre por nosotros».

Señalando nuevamente «que la imagen divina impresa en nuestro hermano funda la altísima dignidad de cada persona y suscita en cada uno la exigencia del respeto, del cuidado y del servicio», el Santo Padre añade, citando a san Agustín, que «la justicia consiste en ayudar a los pobres». «Inclinarse como el Buen Samaritano hacia el hombre abandonado al borde del camino es cumplir aquella ‘justicia más grande’, que Jesús pide a sus discípulos y que cumple en su vida, porque el cumplimiento de la Ley es el amor», vuelve a recordar Benedicto XVI, refiriéndose luego a cómo «la comunidad cristiana, siguiendo las huellas de su Señor, ha cumplido el mandato de ir por el mundo a ‘enseñar y a curar a los enfermos’». Y cómo «a lo largo de los siglos la Iglesia ha sido muy sensible al ministerio para con los enfermos y los que sufren, como parte integrante de su misión» (Juan Pablo II, Motu Proprio Dolentium Hominum, 1), de testimoniar la salvación integral, que es la salud del alma y del cuerpo».
«El Pueblo de Dios que peregrina por los senderos tortuosos de la historia une sus esfuerzos a los de tantos otros hombres y mujeres de buena voluntad para dar un rostro verdaderamente humano a los sistemas sanitarios», afirma una vez más Benedicto XVI y señala que «la justicia sanitaria debe ser una de las prioridades en la agenda de los gobiernos y de las Instituciones internacionales». Y, sin embargo, «lamentablemente, junto con los resultados positivos y alentadores, hay opiniones y líneas de pensamiento que la hieren».
«Me refiero a temas como aquellos que se enlazan con la denominada ‘salud reproductiva’, con el recurso a técnicas artificiales de procreación que conllevan la destrucción de embriones, o con la eutanasia legalizada», explica el Papa, destacando luego que «el amor a la justicia, la tutela de la vida desde su concepción a su ocaso natural y el respeto de la dignidad de cada ser humano deben ser sostenidos testimoniados, también a contracorriente». Pues «los valores éticos fundamentales son patrimonio común de la moralidad universal y base de la convivencia democrática».
En este denso mensaje, Benedicto XVI vuelve a señalar que «es necesario el esfuerzo conjunto de todos, pero, también y sobre todo, es necesaria una profunda conversión de la mirada interior. Sólo si se mira el mundo con la mirada del Creador, que es mirada de amor, la humanidad aprenderá a vivir en esta tierra en la paz y en la justicia, destinando con equidad la tierra y sus recursos al bien de cada hombre y de cada mujer».
Por lo que, tal como escribió en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, el Papa reitera que desea que se adopte «un modelo de desarrollo basado en el papel central del ser humano, en la promoción y participación en el bien común, en la responsabilidad, en la toma de conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida y en la prudencia, virtud que indica lo que se ha de hacer hoy, en previsión de lo que puede ocurrir mañana» (n.9).
«A los hermanos y hermanas que sufren», Benedicto XVI les expresa su cercanía y los alienta a vivir también la enfermedad como ocasión de gracia para crecer espiritualmente y participar en los sufrimientos de Cristo por el bien del mundo. A todos los que están comprometidos en el amplio sector de la salud, el Papa los alienta a perseverar en su precioso servicio. Y, encomendando a todos a la Virgen María, Salud de los enfermos, imparte de corazón su Bendición Apostólica que extiende también a sus familias.

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