Benedicto XVI aboga por una revisión del modelo de desarrollo económico ante el desequilibrio persistente entre pobres y ricos


El Papa Benedicto XVI un domingo más, a mediodía, ha dirigido ayer el rezo mariano del Ángelus desde la ventana de su estudio en la plaza de san Pedro ante miles de fieles y peregrinos llegados de todo el mundo, según ha difundido Radio Vaticano. El Papa esta vez en su alocución antes de la oración mariana, aprovechando la Jornada de Acción de gracias que se celebra tradicionalmente en Italia el segundo domingo de noviembre, al final de la temporada de las cosechas, ha querido reflexionar sobre el trabajo agrícola. Un aspecto que el Papa ha abordado partiendo de la segunda lectura de la liturgia de hoy, en la que el apóstol Pablo subraya la importancia del trabajo para la vida del hombre.
El Santo Padre ha dicho que hay que tomar seriamente en consideración “la actual crisis económica, de la que se ha tratado estos días de manera especial en la cumbre del G20 en Seúl”. Las numerosas causas que la han provocado necesitan una revisión profunda del modelo de desarrollo económico global. “Se trata de un síntoma agudo que se ha añadido a otros más graves y ya bien conocidos” como son, ha enumerado el Papa: “el desequilibrio entre riqueza y pobreza, el escándalo del hambre, la emergencia ecológica y el problema de la desocupación, también éste general.

En este cuadro, es decisivo un relanzamiento estratégico de la agricultura. De hecho, el proceso de industrialización, en ocasiones, ha dejado en la sombra el sector agrícola, que, a pesar de sacar beneficio de las consecuencias y de las técnicas modernas, ha perdido sin embargo importancia, con notables consecuencias también en el plano cultural. Me parece el momento para un llamamiento a revalorizar la agricultura, no en sentido nostálgico, sino como recurso indispensable para el futuro

“En la actual situación económica, la tentación para las economías más dinámicas -ha señalado el Pontífice- es la de recurrir a alianzas ventajosas que, sin embargo, pueden resultar gravosas para otros Estados más pobres”, prologando así “situaciones de pobreza extrema de masas de hombres y mujeres y acabando con los recursos económicos de la Tierra, confiada por Dios Creador al hombre, para la que la cultive y la custodie”.

Además, a pesar de la crisis, se constata que en Países de antigua industrialización aún se incentiven estilos de vida marcados por un consumo insostenible, que resultan dañosos para el ambiente y para los pobres. Es necesario, apostar por tanto, de manera verdaderamente concertada, por un nuevo equilibrio entre agricultura, industria y servicios, para que el desarrollo sea sostenible, para que a nadie le falte el pan y el trabajo. Y el aire, el agua y los otros recursos primarios sean preservados como bienes universales

Por todo ello, Benedicto XVI ha dicho que “es fundamental cultivar y difundir una clara conciencia ética”, que esté a la altura de los desafíos más complejos del tiempo presente. “Educarnos todos para un consumo más sabio y responsable; promover la responsabilidad personal junto a la dimensión social de las actividades rurales, fundadas sobre valores perennes, como la acogida, la solidaridad, o el compartir las fatigas del trabajo”.

El Papa ha añadido que muchos jóvenes han elegido ya este camino, incluso algunos con carreras universitarias que vuelven a dedicarse a la empresa agrícola, sintiendo responder así no solo a una necesidad personal y familiar, sino también a un signo de los tiempos, a una sensibilidad concreta para el bien común”.

Benedicto XVI como es tradicional ha saludado después en distintas lenguas a los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de san Pedro para el rezo del Ángelus. Estas han sido sus palabras en español.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los grupos de las Parroquia de las Santas Juliana y Semproniana, de Barcelona; y de Santa María de las Virtudes, de Villa Martín, de Cádiz. En el evangelio proclamado este domingo, hay una invitación a la perseverancia cristiana. Os invito hermanos a acoger con un corazón bien dispuesto el misterio salvador de Cristo, Señor de la historia, que nos une íntimamente a su obra redentora, y nos impulsa a un trabajo generoso y constante en favor de todos los hombres. Feliz domingo

Al saludar con alegría a los fieles de lengua francesa, el Pontífice ha recordado su reciente peregrinación a Santiago de Compostela, donde afirmó que “es necesario ofrecer a nuestros contemporáneos un testimonio claro y valiente del Evangelio”. “Los cristianos desean compartir su bien más precioso: la Buena Nueva de Cristo que salva, para responder así a las preguntas que tantos hombres se hacen a cerca de la verdad”.

También saludando en polaco, el Santo Padre ha recordado que, por iniciativa de la Asociación “Ayuda a la Iglesia que sufre”, la Iglesia de este país reza hoy por todos los hermanos y hermanas que sufren en el mundo a causa del Evangelio. “Vosotros que en el pasado habéis sufrido también por haber sido fieles a Cristo y a la Iglesia -ha dicho el Papa- tenéis una particular sensibilidad hacia los que hoy sufren aquella prueba. Alcemos a Dios nuestra oración por la libertad de anunciar en el mundo el mensaje evangélico”.

Finalmente, el Santo Padre ha dirigido un saludo a los iraquíes presentes en la plaza de san Pedro: “invoco el don de la paz para vuestro país, ha dicho.

Efectivamente, como resultado de la operación humanitaria, organizada por el Ministerio de Relaciones Exteriores italiano por iniciativa del cardenal Tarcisio Bertone, el Policlínico universitario “Agostino Gemelli” acogió este sábado, a 26 ciudadanos iraquíes heridos en el atentado del pasado 31 de octubre a la iglesia cristiana de Bagdad.

Se trata de 7 hombres, 16 mujeres y 3 niños que son asistidos por un grupo multidisciplinario previsto para la gestión de grandes emergencias de ese policlínico romano. El equipo sanitario esta compuesto por diversos especialistas en emergencias del cual forman parte también psicólogos, mediadores culturales y voluntarios de la Cruz Roja.

Junto a los heridos, también sus 21 acompañantes están hospedados en una estructura de la Universidad Católica. De esta forma a través de sus estructuras sanitarias y residenciales, la Universidad Católica del Sagrado Corazón pretende expresar cercanía y ofrecer ayuda concreta “para los cristianos de Irak, que sufren la tremenda prueba del testimonio cruento de la fe”.

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