Nuestra Señora de Tierra Santa

Decenas de autobuses y coches desfilaron en la mañana del último domingo de octubre a la entrada del santuario mariano de Deir Rafat, consagrado a Nuestra Señora Reina de Palestina. Es en este lugar, rico de memorias bíblicas y muy cercano a la localidad de Beit Shemesh, a 35 km de Jerusalén, se reunieron aproximadamente 2500 fieles el 30 de octubre, que llegaron numerosos de Jerusalén y sobre todo de Galilea, pero también de los Territorios Palestinos, en particular de Belén y Ramallah, gracias a los permisos especiales obtenidos por las autoridades israelitas.

“Me llamo Manal, vengo de Ramallah. Es algo importante que, nosotros cristianos de la región, festejamos y oramos. El hecho de estar aquí todos juntos ya es una fiesta porque, a causa de la situación, nos faltan estas ocasiones”.

Durante su homilía, mons. Shomali hizo un llamamiento a los fieles a encomendarse a María, exhortándolos a leer el mensaje del Sínodo para Oriente Medio. E insistió en 4 puntos: la importancia de la lectura asidua de la Palabra de Dios; la necesidad de una mayor unión dentro de la Iglesia católica, en sus diversas expresiones para un mayor testimonio; la necesidad de intensificar el diálogo ecuménico, especialmente en relación a la propuesta de unificar la fiesta de la Pascua; finalmente, el llamamiento a los cristianos a salir de su aislamiento y abrirse al diálogo también con los fieles de otras religiones, siguiendo el ejemplo de Jesucristo, que no hizo distinción entre las personas.
Al final de la misa, la tradicional procesión solemne y recogida con el icono y la estatua de la Virgen. Una manifestación de gran fervor popular, una ocasión para el pueblo de Dios que vive en Tierra Santa de mostrar su amor a la Virgen, hija privilegiada de esta tierra.

Este santuario hoy está encomendado a la comunidad de las Pequeñas Hermanas de Belén, que viven en el monasterio cercano a Beit Gemal. Este centro mariano, construido hace algunos años, antes de 1948, por iniciativa del Patriarca latino de la época, Su Santidad Luigi Barlassina, acoge a los peregrinos y da hospitalidad. Fue mons. Barlassina quien instituyó la fiesta de Nuestra Señora de Palestina, con el fin de proteger, de modo particular, su tierra natal, lejos de cualquier connotación política.

“Es necesario recordar que la fiesta de Nuestra Señora de Palestina se remonta al 1927, cuando este país se llamaba Palestina. Queremos orar a la Virgen para que interceda por nosotros, para que seamos capaces de llevar la paz a nuestros países, Palestina, Israel”.

También él regresa del Sínodo en calidad de responsable de la pastoral de los católicos de expresión judía, el sacerdote David nos dice que hoy en Deir Rafat existen algunos fieles de la comunidad católica de lengua hebrea, aunque domingo sea día laboral.

“La gente era muy numerosa, venida un poco de toda Tierra Santa, Israel, Palestina, también de Palestina, lo cual no es algo común, tan simple porque tuvieron que pedir permiso, pero gracias a Dios muchos, no todos, lo recibieron”.

La fiesta de este año de Deir Rafat, fue grande y participada, un momento de comunión eclesial intenso, a una semana de la conclusión del Sínodo, en donde los padres votaron la propuesta de que en Oriente Medio y, en particular, en Tierra Santa sean completamente consagrados a María.

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