Aportación de la Iglesia a la Europa de hoy


Por Mons. Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos

Cuando se entrecruzan el razonamiento con la descalificación, los argumentos con los eslóganes, la verdad con el relativismo, la convicción con el diletantismo y la afirmación de Dios con su negación, el choque es inevitable. Los muchos millones de televidentes que han seguido el viaje de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y a Barcelona, han comprobado que este Papa es un hombre que razona, que argumenta, que proclama la verdad con tanta humildad como convencimiento, y que predica sin ambages que Dios es Dios y el hombre un reflejo suyo.
Es, pues, completamente lógico y normal que algunos –pocos en número, aunque con mucha capacidad para hacerse oír- que se autoprofesan corifeos del relativismo, del laicismo y del ateísmo, hayan reaccionado en contra de lo que ha dicho Benedicto XVI. Menos lógico es que se hayan subido al carro de las descalificaciones en lugar de reaccionar con argumentos más sólidos que los del Papa y criticarle con educación y civismo; conscientes de que la razón no está de parte de quien da más gritos sino del que aporta mejores argumentos.
De todos modos, se haría un flaco servicio al mensaje proclamado por Benedicto XVI si nos enzarzamos en una polémica estéril y preconcebida. Es mejor reflexionar sobre dicho mensaje y tratar de proyectarlo sobre el cielo y el suelo de esta Europa que estamos construyendo entre todos y de la que todos hemos de sentirnos responsables.
Porque, en última instancia, Benedicto XVI nos ha dejado algunas ideas de notable lucidez e importancia sobre lo que Europa se está jugando en este momento de su historia. No es el único que, desde hace años, viene llamando la atención sobre el riesgo que corre hoy Europa por su olvido de Dios y su indiferencia ante el sentido trascendente del hombre y de la historia. Pero Benedicto XVI lo hace con una especial clarividencia y convicción. La homilía de la Plaza del Obradoiro es una prueba de ello. “Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Entonces, ¿cómo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e imán de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla? Por eso, es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa”.
El Papa está tan persuadido de esto, que preguntándose “cuál es la aportación específica y fundamental de la Iglesia a Europa” en este momento, no ha dudado en afirmar: “Su aportación se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ésta: que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida”. Por eso, “es una tragedia” que muchísimos europeos sigan afirmando “que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad”, porque se ensombrece la consoladora verdad bíblica de que Dios envió a su Hijo Jesucristo al mundo, para que nadie perezca sino que todos tengan vida eterna.
Por ello, pienso que los que nos profesamos cristianos, no podemos dejar de escuchar estas palabras del Papa, en la citada homilía de Santiago de Compostela: “A nosotros nos toca seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada vez más y dando un testimonio claro y valiente del Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos”.
No hay miedo a traicionar al hombre ni a la modernidad. Al contrario, proclamar la gloria de Dios lleva consigo proclamar la gloria del hombre, que es imagen e icono de Dios. Ojalá que ninguno olvidemos las palabras que Benedicto XVI hizo resonar ante el Pórtico de la Gloria: “La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero”.

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 39344 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).