El Papa Benedicto XVI expresa su profundo dolor y repulsa por el gravísimo atentado en la catedral de la capital iraquí


En el Ángelus de la solemnidad de Todos los Santos, asegurando su cercanía y sus oraciones, Benedicto XVI ha expresado su profundo dolor y repulsa por el gravísimo atentado perpetrado en la catedral católica de la capital iraquí, con un apremiante llamamiento para que termine la violencia sinsentido:

«En la tarde de ayer, un gravísimo atentado perpetrado en la catedral siro- católica de Bagdad, causó decenas de muertos y heridos, entre los cuales dos sacerdotes y un grupo de fieles reunidos para la Santa Misa dominical. Rezo por las víctimas de esta absurda violencia, aún más feroz por haber golpeado a personas inermes, recogidas en la casa de Dios, que es casa de amor y de reconciliación. Expreso además mi afectuosa cercanía a la comunidad cristiana, nuevamente golpeada, y aliento a todos los pastores y fieles a perseverar en la fortaleza y en la firmeza de la esperanza. Ante los gravísimos episodios de violencia que siguen destrozando a las poblaciones de Oriente Medio, quisiera en fin renovar mi apremiante llamamiento en favor de la paz: paz que es don de Dios, pero que es también el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales ¡Que todos aúnen sus fuerzas para que termine la violencia!

«La santidad – es decir imprimir a Cristo en nosotros – es el objetivo de vida del cristiano». Reflexionando sobre la solemnidad de Todos los Santos, que celebramos hoy, que nos invita a elevar la mirada al Cielo y a meditar sobre la plenitud de la vida divina que nos espera, Benedicto XVI – evocando lo que escribió en su libro Jesús de Nazaret – hizo hincapié en «nuestros profundos lazos con Dios, así como en la certeza de nuestra suerte futura»:

«Como hijos amados, recibimos también la gracia para soportar las pruebas de esta existencia terrenal – el hambre y la sed de justicia, las incomprensiones, las persecuciones – y al mismo tiempo, heredamos desde ahora lo que prometen las bienaventuranzas evangélicas, en las cuales resplandece la nueva imagen del mundo y del hombre que Jesús inaugura».

Tras recordar la importancia de la Liturgia eucarística, en la que pregustamos el don y la belleza de la santidad, en comunión con la multitud inmensa de santos, que en el Cielo aclaman eternamente la salvación de Dios y del Cordero, el Papa se refirió a la conmemoración de mañana, dos de noviembre, de todos los fieles difuntos. Día en el que, con la liturgia y con el piadoso ejercicio de visitar los cementerios, recordamos que «la muerte cristiana forma parte del camino de asimilación a Dios y que desaparecerá cuando Dios será todo en todos».

Si bien la separación de los afectos terrenales es ciertamente dolorosa, el Santo Padre animó a no temerla, porque cuando está acompañada por la oración de sufragio de la Iglesia, no puede quebrar los profundos lazos que nos unen en Cristo:

«Queridos amigos, la eternidad no es ‘un sucederse de días del calendario, sino algo como el momento pleno de satisfacción, en el cual la totalidad nos abraza y nosotros abrazamos la totalidad del ser, de la verdad y del amor (Enc Spe Salvi, 12). A la virgen María – guía segura hacia la santidad – encomendemos nuestra peregrinación hacia la patria celestial, mientras invocamos su maternal intercesión por el reposo eterno de todos nuestros hermanos y hermanas, que se han dormido en la esperanza de la resurrección».

Una vez más, el Santo Padre saludó a los peregrinos en distintas lenguas, éstas fueron sus palabras en español:

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. Hoy celebramos la fiesta de Todos los Santos, la multitud de hermanos nuestros en la fe que, a lo largo de todos los siglos, han llegado a la casa del Padre e interceden por nosotros. Ellos nos recuerdan que Dios nos mira con amor y nos llama también a nosotros a una vida de santidad, a la plenitud de la caridad, a vivir completamente identificados con Cristo. Que la intercesión de la Virgen María y el ejemplo de los santos nos ayuden a recorrer con alegría el camino que lleva a la bienaventuranza eterna. Feliz Fiesta

Luego el Papa saludó también a los participantes en «La carrera de los Santos», y recordó que está «promovida por los Salesianos para sostener proyectos de solidaridad en situaciones de extrema necesidad, como en Haití y en Pakistán».

«La carrera de los Santos», es una iniciativa de la Fundación salesiana ‘Don Bosco en el Mundo’ y se propone patrocinar en cada edición una finalidad benéfica. Con su nombre y con la fecha elegida, esta carrera anhela impulsar y afianzar el significado de la fiesta y devoción popular a Todos los Santos. Poner en primer plano una emergencia de ayuda humanitaria para organizar acciones concretas de solidaridad activa. Y proponer los valores del deporte según la tradición educativa salesiana.

En su primera edición se recogieron fondos para las ‘Obras Mamá Margarita’ de Lubumbashi, en el Congo. La segunda fue para sostener un proyecto misionero en favor de los niños soldado de Sri Lanka. Y la de este año, es decir la tercera, está dedicada a perfeccionar la segunda fase de un programa de socorro para las víctimas de las inundaciones en Pakistán.

Después de una primera fase de abastecimiento para las necesidades inmediatas de supervivencia – gracias a la entrega de alimentos, como harina y aceite, lentejas, azúcar, té y medicinas, el proyecto se propone ahora ayudar a las familias damnificadas a volver a contar con un techo y a reanudar las actividades que tuvieron que abandonar.

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