Benedicto XVI pone en guardia en el Sínodo contra las nuevas idolatrías

El Papa Benedicto XVI ha invocado en la sesión de apertura de la Asamblea del Sínodo especial para Oriente Medioa el amparo de María, Estrella de esperanza, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, sobre los trabajos sinodales, sobre la humanidad y sobre el mundo y recordó las asechanzas de los falsos dioses, como el terrorismo, el menosprecio de la fe y de los valores, la droga, la falta de moral también en la economía y el desprecio de la creación.
Este lunes por la mañana con el rezo de la hora tertia comenzaron los trabajos formales de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, según ha informado el P. David Gutiérrez, de Radio Vaticano. El Papa Benedicto XVI presidió la Congregación General y dirigió la meditación después de la lectura breve de la hora canónica. En sus palabras el Pontífice recordó que hoy es la memoria litúrgica del beato Juan XXIII quien precisamente hace 48 años inauguraba los trabajos del Concilio Vaticano II confiando los trabajos conciliares a la protección de la Virgen María, cuyo mes del rosario estamos celebrando. Benedicto XVI dijo que también hoy ponía en las manos de la Virgen los trabajos de este Sínodo de los Obispos. El Santo Padre recordó que Juan XXIII invoco a la Theotokos – la Madre de Dios como la definió el Concilio de Efeso – indicando que este fue un título audaz que, no sin controversias, realizó una definición que acercaba a Dios a la humanidad, al reconocer que Jesús, la segunda persona de la Trinidad se encarnó en su seno para entrar en la historia del hombre. Dios que estaba como ensimismado, como lo define la filosofía, que solo tenía relaciones en sí mismo, con la Theotokos entra en relación con nosotros, y sin dejar de ser Dios, quiso nacer de una mujer. Benedicto XVI, siempre en sus palabras en meditación de la hora tertia, se refirió a que al final del Concilio el Papa Pablo VI invoco el nombre de María como Madre de la Iglesia, Mater ecclesiae, con lo que se indica que Jesús no solo nació y vivió en un momento determinado de la historia, sino que se convirtió también en el primogénito de la Iglesia, la comunidad de los creyentes. El Pontífice hizo alusión a San Lucas que narra en el primer capitulo del evangelio la intervención del Espíritu Santo para encarnar a Cristo en la humanidad con el sí de María, y como también en el primer capitulo del Libro de los Hechos narra la intervención del Espíritu Santo para hacer nacer a Cristo en la Iglesia. Así el Papa habló del doble nacimiento del Cristo Totus, nacimiento en Belén, y nacimiento en el Cenáculo, pero entre ambos acontecimientos está de por medio la Cruz y la Resurrección, sacrificio de Cristo que también se refleja en el sacrificio de los mártires. Benedicto XVI retomó unas palabras del Libro del Apocalipsis donde se presenta a la Mujer vestida de sol con la luna a sus pies, rodeada de estrellas y que da a luz con dolor. Cristo nace de nuevo en todas las generaciones con gritos de dolor por la cruz y en la sangre de los mártires. Haciendo alusión al segundo salmo de la hora tertia, el Papa dijo que allí se habla de la caída de las divinidades y los poderes, entre las que se incluía la del emperador, caída que se logra gracias a la presencia del verdadero Dios. Esto se realiza en todos los momentos de la historia, inclusive en nuestros días, y el Pontífice dijo que pensáramos en los dioses de hoy, poniendo como ejemplo el poder del capital anónimo, que no sirve al hombre sino que lo adormienta y amenaza la estabilidad del mundo. También mencionó el poder de las divinidades del terrorismo que deben ser desenmascaradas. De la droga dijo era como la bestia que busca destruir a los jóvenes colocándose también como otra divinidad. El dios creado por las ideologías, especialmente las impuestas por la opinión pública que relativiza tantos aspectos de la vida con las modas. Todas estas divinidades deben caer, sentenció Benedicto XVI, deben convertirse en súbditos de Dios. El Papa, citando nuevamente el capitulo 12 del Apocalipsis, dijo que el dragón esperaba el nacimiento del niño para lanzar un río y tratar de ahogar a la mujer que estaba en fuga, pero la buena tierra absorbe esa agua, y dijo que pensaba en el río como las corrientes que en la actualidad buscan eliminar a Dios, quitarlo del mundo, para ponerse ellas como diosas. Pero la fe sencilla de los creyentes, como la de María, es la tierra buena que absorbe esos ríos porque confía en la salvación. El Papa finalizó su meditación ofreciendo a la Virgen los trabajos de esta asamblea especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos pidiéndole que así como ha abierto la tierra al Cielo con la encarnación de su hijo, que también abra las puertas de la salvación al mundo de hoy.

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