El Papa reivindica en la apertura del Sínodo para Oriente Medio el derecho a vivir de forma digna en la propia patria

La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio: ‘La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma’ (Hch, 4,32).

Presidiendo, esta mañana en la Basílica de San Pedro, la solemne apertura de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos, Benedicto XVI – al comenzar su homilía – destacó este histórico momento de gracia, oración y reflexión, según Radio Vaticano:
«La Celebración Eucarística, rendimiento de gracias a Dios por excelencia, está marcada hoy, para nosotros, reunidos ante el Sepulcro de San Pedro, por un motivo extraordinario: la gracia de ver reunidos por primera vez en una Asamblea Sinodal, al rededor del Obispo de Roma y Pastor Universal, a los Obispos de la región medioriental. Este singular evento demuestra el interés de la Iglesia entera por la preciosa y amada porción del Pueblo de Dios que vive en Tierra Santa y en todo Oriente Medio. Ante todo, elevamos nuestro agradecimiento al Señor de la historia, porque ha permitido que a pesar de las vivencias a menudo difíciles y atormentadas, Oriente Medio viera siempre, desde los tiempos de Jesús hasta hoy, la continuidad de la presencia de los cristianos».
En aquellas tierras la única Iglesia de Cristo se expresa en la variedad de Tradiciones litúrgicas, espirituales, culturales y disciplinares de las seis veneradas Iglesias Orientales católicas sui iuris, así como en la Tradición latina, reiteró el Papa, haciendo hincapié en que el saludo fraterno que dirigía a los Patriarcas de cada una de ellas «abraza a todos los fieles encomendados a sus cuidados pastorales en sus países pero también en la diáspora».
Tras destacar que la Palabra de Dios de este domingo se ciñe significativamente con el evento sinodal inaugurado, el Santo Padre evocó el episodio del Evangelio de San Lucas, de la curación de los diez leprosos, de los que sólo uno regresa para agradecer a Jesús, y la curación – narrada en el segundo Libro de los Reyes – de Naamán, jefe del ejército arameo, también leproso, que queda curado y reconoce en el profeta al mediador de Dios, profesando su fe en el único Señor. «Dos enfermos de lepra, dos que no eran judíos, que se curan porque creen en la palabra del enviado de Dios. Se curan en el cuerpo, pero se abren a la fe y ésta cura también sus almas. Es decir, los salva»:
«He aquí el tema: la salvación es universal, pero pasa a través de una mediación determinada, histórica: la mediación del pueblo de Israel, que se vuelve luego la de Jesucristo y de la Iglesia».
Una vez más, Benedicto XVI enfatizó que «Dios es amor y quiere que todos los hombres tengan parte en su vida. Y para realizar este diseño Él, que es Uno y Trino, crea en el mundo un misterio de comunión humano y divino, histórico y trascendente: lo crea con ‘el método’ por decir así, de la alianza, enlazándose con amor fiel e inextinguible a los hombres, formándose un pueblo santo, que se vuelva una bendición para todas las familias de la tierra».

El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob quiere conducir a su pueblo a la ‘tierra’ de la libertad y de la paz. Tierra que no es de este mundo – todo el diseño divino excede la historia – pero el Señor lo quiere construir ‘con’ los hombres, ‘para’ los hombres y ‘en’ los hombres, a partir de las coordenadas de espacio y de tiempo en las que ellos viven, que Él mismo ha dado y de las que Oriente Medio forma parte de forma especial. «Cuna de la Iglesia, constituida para llegar el Evangelio de Cristo hasta los confines del mundo».
También nosotros como creyentes miramos hacia Oriente Medio con esta mirada, destacó el Papa, señalando que «ésta perspectiva interior» lo guió en sus viajes apostólicos a Turquía, Tierra Santa – Jordania, Israel, Palestina – y a Chipre, donde pudo conocer las alegrías y las preocupaciones de las comunidades cristianas, acogiendo con gusto luego la propuesta de Patriarcas y Obispos para convocar esta Asamblea sinodal:
«Mirar hacia aquella parte del mundo en la perspectiva de Dios significa reconocer en ella la ‘cuna’ de un diseño universal de salvación en el amor, un misterio de comunión que se actúa en la libertad y por ello pide a los hombres una respuesta. Abraham, los profetas, la Virgen María son los protagonistas de esta respuesta, que, sin embargo, tiene su cumplimiento en Jesucristo, hijo de aquella misma tierra, pero descendido del Cielo. De Él, de su Corazón y de su Espíritu, nació la Iglesia, que es peregrina en este mundo, pero que le pertenece. La Iglesia está constituida para ser, en medio de los hombres, signo e instrumento del único y universal proyecto salvífico de Dios y cumple esta misión siendo simplemente ella misma. Es decir, ‘comunión y testimonio’ como dice el tema de la Asamblea sinodal que hoy se abre y que evoca la célebre definición de san Lucas de la primera comunidad cristiana: ‘La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma’ (Hch, 4,32)».
La Iglesia vive siempre con la misma fuerza que la puso en marcha y que la hizo crecer. Pentecostés es el evento originario, pero también un dinamismo permanente. Y el Sínodo de los Obispos es un momento privilegiado en que se puede renovar, en el camino de la Iglesia, la gracia de Pentecostés, para que «la Buena Noticia sea anunciada con franqueza y pueda ser acogida por todas las gentes»:
«Por lo tanto, el objetivo de esta Cumbre sinodal es prevalentemente pastoral. Aún no pudiendo ignorar la delicada y a veces dramática situación social y política de algunos países, los Pastores de las Iglesias en Oriente Medio desean centrarse sobre aspectos propios de su misión. Al respecto, el Instrumentum laboris, elaborado por un Consejo Presinodal, a cuyos Miembros agradezco vivamente por el trabajo desarrollado, ha subrayado esta finalidad eclesial de la Asamblea, destacando que se propone – bajo la guía del Espíritu Santo – reavivar la comunión de la Iglesia Católica en Oriente Medio».
En este contexto, Benedicto XVI reiteró el anhelo de la Iglesia católica de impulsar el testimonio, la comunión y el diálogo ecuménico e interreligioso:
«Ante todo, en el interior de cada Iglesia, entre todos sus miembros: Patriarcas, Obispos, sacerdotes, religiosos, personas de vida consagrada y laicos. Luego, en las relaciones con las otras Iglesias. La vida eclesial, corroborada de esta forma, verá el desarrollo de frutos muy positivos en el camino ecuménico con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Oriente Medio. Además, esta ocasión es propicia también para proseguir constructivamente el diálogo con los judíos, a los cuales nos enlaza de forma indisoluble la larga historia de la Alianza, así como con los musulmanes».
Tras recordar la importancia y anhelo de que los cristianos vivan su propia identidad en esta tierra bendecida por la presencia y glorioso misterio pascual del Señor Jesucristo, el Papa volvió a reiterar que «a pesar de las dificultades, los cristianos en Tierra Santa están llamados a reavivar su conciencia de ser piedras vivas de la iglesia en Oriente Medio, en los Lugares santos de nuestra salvación»:
«Pero el de vivir de forma digna en su propia patria es, ante todo, un derecho humano fundamental: por lo tanto, es necesario favorecer condiciones de paz y de justicia indispensables para un desarrollo armonioso de todos los habitantes de la región. Todos, pues, están llamados a dar su propia contribución: la comunidad internacional, sosteniendo un camino fiable, leal y constructivo hacia la paz. Y las religiones mayormente presentes en la región, promoviendo los valores espirituales y culturales que unen a los hombres y excluyen toda expresión de violencia».

«Paz a ti, paz a tu casa y paz a todo lo tuyo». Antes de concluir con este saludo, el Papa volvió a subrayar también que todos los cristianos y toda la Iglesia apoya el compromiso en favor de la paz y la reconciliación:
«Los cristianos seguirán brindando su contribución, no sólo con las obras de promoción social – como los institutos de educación y de sanidad – sino, sobre todo, con el espíritu de las Bienaventuranzas evangélicas, que anima la práctica del perdón y de la reconciliación. En este compromiso, tendrán siempre el apoyo de toda la Iglesia, como testimonia solemnemente la presencia aquí de los Delegados de los Episcopados de otros continentes».
Con el Papa concelebraron 177 padres sinodales y 69 presbíteros colaboradores en el Sínodo. Y participaron en la Oración Eucarística los cardenales Nasrallah Pierre SFEIR, patriarca de Antioquía de los Maronitas, obispo de Joubbé, Sarba y Jounieh de los Maronitas (LÍBANO); Emmanuel III DELLY, patriarca de Babilonia de los Caldeos (IRAQ); Leonardo SANDRI, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales; el patriarca de Antioquía de los Sirios (LÍBANO), Ignace Youssif III YOUNAN; el patriarca de Alejandría de los Coptos (REPÚBLICA ÁRABE DE EGIPTO), Antonios NAGUIB; el arzobispo de Chipre de los Maronitas (CHIPRE) Mons. Joseph SOUEIF
Después de la Santa Misa, Benedicto XVI introdujo el rezo del Ángelus, recordando el tema la Asamblea sinodal, pidiendo oraciones por el buen logro de la misma, cuyo tema es ‘La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio: ‘La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma’ (Hch, 4,32).
«Esta tarea es ardua, desde el momento en que los cristianos de Oriente Medio tienen que soportar a menudo condiciones de vida difíciles, tanto a nivel personal como familiar y de comunidad. Pero ello no debe desalentar: es precisamente en este contexto que resuena aún más necesario y urgente el perenne mensaje de Cristo: convertíos y creed en el Evangelio ( Mc 1,15). En mi reciente visita a Chipre entregué el Instrumento de Trabajo de esta Asamblea sinodal. Ahora que ha comenzado, invito a todos a rezar invocando de Dios una abundante efusión de dones del Espíritu Santo»
En este mes de octubre denominado mes del Rosario, Benedicto XVI evocó al Venerable Juan Pablo II, alentando asimismo a dejarse guiar por María, tan amada y venerada por nuestros hermanos o de Oriente Medio. A esta Madre amorosa, Estrella de la Esperanza, que acompaña siempre a los que sufren, el Santo Padre le encomendó los trabajos sinodales implorando su intercesión para que los cristianos de Oriente Medio fortalezcan su comunión y den a todos testimonio del Evangelio del amor y de la paz. Escuchemos también las palabras del Santo Padre en español:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular al grupo de la Comunidad y Colegio de Madres Agustinas, de Huelva, en su quinto centenario, así como a los representantes del Colegio Gabriel Taborín, de Córdoba en Argentina. Invito a todos a identificarse cada vez más con Jesucristo, a vivir de su amor, a serle fieles en todo momento, a agradecerle tantos dones como recibimos de su divina bondad y a descubrir su presencia salvadora en medio de las pruebas de la vida. Que en este mes de octubre, la invocación constante del dulce Nombre de la Virgen María, mediante el rezo del santo Rosario, sea para todos fuente de consuelo y esperanza. Feliz Domingo.

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