Multitudinaria participación de fieles en la beatificación de Fray Leopoldo en Granada


Más de 60.000 personas asistieron ayer al acto de beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire en Granada, que culmina así un proceso iniciado hace ya 64 años. A partir de ahora, la Iglesia ha instituido la fecha de su muerte, el 9 de febrero, como el día del nuevo beato. La ceremonia estuvo presidida por el cardenal Angelo Amato y asistieron un total de 150 religiosos
La ceremonia comenzó a las 10.00 horas, con el canto del ‘Ave María’ de Franz Schubert a cargo de la artista granadina Rosa López, que, acompañada de tan sólo un piano, enmudeció a los miles de asistentes a la beatificación, llegados de distintos puntos del país y de allende las fronteras españolas.

Veinte minutos más tarde, subieron al altar un total de 150 religiosos, entre ellos el arzobispo titular de Sila y prefecto de la Congregación para la Causas de los Santos, cardenal Angelo Amato, el arzobispo de Granada, monseñor Francisco Javier Martínez, el vicepostulador de la Causa, fray Alfonso Ramírez, el cardenal arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, y el prefecto de la Congregación del Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, cardenal Antonio Cañizares, el arzobispo castrense Juan del Río, y el arzobispo guatemalteco, de Santa Rosa de Lima, Bernabé Sagastune, entre otros.

Tras un canto del coro, ubicado a la derecha del altar y custodiado por las imágenes de la Santa María de la Alhambra y del Cristo de la Misericordia, de la Hermandad del Silencio, comenzó la lectura de una breve biografía del ‘limosnero’ y del decreto en latín por el que el Papa Benedicto XVI inscribe en el libro de los beatos al fraile. A continuación, se descubrió una imagen del ya beato rodeado de ángeles, con las manos extendidas, elevándose al cielo. Seguidamente, un relicario con los restos del metatarso del pie derecho del beato se han subido en procesión entonces al altar, donde ha sido recibido, con ‘aleluyas’ del Coro, por el arzobispo de Granada.

En su homilía, el cardenal Angelo Amato, que acudió como representante del Vaticano, destacó la “vida ejemplar” y la “humildad” y “caridad” del beato. “Si Granada es conocida en todo el mundo por la Alhambra, también lo es por muchos devotos de Fray Leopoldo. Granada es una ciudad afortunada porque ha contemplado el espectáculo glorioso de la santidad del beato Fray Leopoldo, y por eso fue nombrado su hijo adoptivo”.

Igualmente, recordó que, como hiciera San Juan de Dios, Fray Leopoldo recorría las calles de Granada “edificando con su caridad y su bondad” como rasgos distintivos. “Todos los testigos coinciden en que desde su infancia tenía un corazón de oro y era habitual que compartiera su merienda con otros pastorcillos pobres”.

Su vida, dijo el arzobispo, está tejida de trabajo y de oración, y fue hortelano, sacristán, enfermero de pobres y ancianos y limosnero”. Como limosnero, oficio que ejerció por medio siglo en Granada, iba cargado con alforjas a sus espaldas, y caminaba pidiendo ofreciendo a cambio consejo y oración.

Además hizo referencia a los tiempos de la Guerra Civil en España, refiriéndose a este periodo como “un tiempo triste de persecución religiosa en el que fueron asesinados 4.000 sacerdotes”. “Fray Leopoldo sabía los riesgos que corría pero consiguió que incluso los más anticlericales le dijeran que ojalá todos fueran como él”, destacó el arzobispo, que también ha recordado las tres ‘ave marías’ que el fraile recomendaba rezar y lo “caritativo” que era justificando incluso a los que no tenían una actuación ejemplar. Así, preguntado en cierta ocasión por la posible santidad de un compañero que actuaba quizá de manera cuestionable dijo “es santo, a su manera”.

Biografía

Nacido en el pueblo de la Serranía de Ronda de Alpandeire (Málaga) el 24 de junio de 1864, Francisco Tomás se dedicó en su niñez a cuidar un pequeño rebaño de ovejas y cabras y a arar la tierra, y años más tarde, el 16 de noviembre de 1899, tomó el hábito de los capuchinos en Sevilla, donde continúo trabajando en el huerto de los frailes.

En el otoño de 1903 se trasladó a Granada y desde un principio desempeñó el oficio de hortelano, con estancias alternativas en los conventos de esta ciudad, Sevilla y Antequera. En 1914 regresó para quedarse definitivamente a Granada. De limosnero, recorrió los pueblos de Andalucía Oriental y en ocasiones llegó a ser insultado y apedreado, aunque su devoción, especialmente por la Virgen, no cesaba. De hecho, cuando alguien le pedía un favor, siempre instaba al peticionario a rezar tres Ave Marías.

Tres años antes de su muerte cayó rodando por unas escaleras y sufrió fractura de fémur, y, tras una convalecencia hospitalaria, consiguió volver a caminar con ayuda de dos bastones y continuar con su vida contemplativa, pero ya en el convento. Fray Leopoldo falleció en la mañana del 9 de febrero de 1956, y multitud de fieles acudieron al convento a darle su último adiós. Desde entonces, cada año miles de devotos visitan la cripta en la que descansan sus restos.

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