Padre Bruno Cadoré, nuevo Maestro de la Orden de los dominicos

Me llamo Bruno Cadoré, soy un fraile dominico, tengo 56 años, estoy en la Orden desde hace 30 años y mi trayecto es el itinerario de un fraile dominico. Hice estudios de teología, en teología moral. Llegué al Capítulo como provincial de Francia, junto con otros hermanos que representan esta provincia. En la Orden tuve muchas responsabilidades como ser el maestro de frailes estudiantes y también prior de un convento antes de convertirme en provincial.

Estudié medicina en Francia. Me propuse ser un pediatra, era eso lo que quería hacer, trabajar con los niños y trabajé en hematología infantil. Me interesaba eso.

Un día, entré en la iglesia de un convento. No sé por qué, pero busqué uno donde hubiera un  convento dominico, y llegué un día cuando la comunidad rezaba. Vi una comunidad de frailes que tenían la expresión de ser libres y felices. Y yo, en este momento, buscaba algo. Como yo  trabajaba con niños enfermos, me pregunté y pensé que ellos podían tener otro punto de vista sobre el mundo más allá de la enfermedad, la muerte y las dificultades de la vida. Y después entré en esta iglesia. Allí, tuve la impresión de que buscaban algo que era cierto, libre y feliz. Así, iba de  vez en cuando a rezar con los frailes. Y poco a poco, entré en la Orden.

Después de mi noviciado, mi Provincial me pidió que fuera durante dos años a vivir con los hermanos que estaban en Haití. Y esto fue para mí un momento muy importante. Ante todo, yo no sabía lo que era una comunidad de predicadores y lo vi. Después, yo no conocía ese lado del mundo: la gente vive en situaciones extremamente precarias; en aquella época era un momento de dictadura, muy desorganizada. Y allí vi a los hermanos que vivían en una gran región, o más bien en el campo, en las montañas y que estaban realizando el trabajo de organizar las parroquias en comunidades eclesiales de base  que se llamban  fraternidades. A través de estos dos años  de vida, dedicados a vivir con la gente, a conocer el Evangelio con ellos, de hecho, de ser predicado por ellos, que creo que aprendí el Evangelio con ellos y eso fue crucial para mí, porque desde entonces siempre lo he recordado.

Una dominico es un fraile predicador, por tanto, es un “hermano”, que vive con los hermanos, que quiere vivir con  sus hermanos, porque es ahí donde se comparte la palabra de Dios y es ahí  donde nos convertimos en los seres humanos que somos.  “predicadores” que «predican tratando de actuar un poco como Jesús lo  hacía -si se puede decir esto- es decir,  yendo a encontrar a las personas, amándolas, escuchándoles, tomándonos un tiempo para saber qué es de sus vidas, cuáles son sus preguntas, viviendo con ellos, y buscando ahí con ellos cuál es la verdad de la palabra de Dios.

El Maestro de la Orden, no sé muy bien cuál es la función. Voy a descubrirlo. Yo sé cuál fue la función de los Maestros de la Orden que yo conocí, pero yo no sé bien qué cosa es.  Tengo la impresión de que su trabajo esencial es el de conocer a los hermanos, de aprender a amarlos, de valorar lo que predican, de descubrir a las personas con las cuales vive, predica, y por ello, descubrir cómo la palabra de Dios se revela entre las personas a través de la predicación,  es decir por la palabra  intercambiada y el diálogo con la gente. Creo también  que el Maestro de la Orden es el servidor  de la unidad entre todos los hermanos, todas las comunidades, las provincias, en todas las culturas que son tan diferentes. Con el misterio de una unidad que nos fue dada – creo – a través de la alegría de ser destinatarios de la palabra de Dios, la alegría de amar a la gente como hijos de Dios – y si se puede decir – como Domingo – es lo que él hizo; la libertad, la libertad, de tómarse un tiempo para buscar verdaderamente con la gente cuál es la vida de la vida, cuál es la vida dentro de la vida .

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