Encuentro internacional en Rímini organizado por Comunión y Liberación

Desde el día 22 y hasta el próximo sábado se celebra en Rímini (Italia) la XXXI edición del Encuentro para la amistad entre los pueblos con el lema “Esa naturaleza que nos empuja a desear cosas grandes es el corazón”. Este encuentro se convoca cada año en esta ciudad italiana organizado por el movimiento Comunión y Liberación. En la Santa Misa de inauguración se ha leído el mensaje que Benedicto XVI ha dirigido a los más de treinta mil participantes llegados de todo el mundo. El Papa ha insistido en la necesidad de ofrecer respuestas al hombre, ya que «el hombre sabe que no puede responder por sí solo a sus propias necesidades” y por ello, continuó, necesita abrirse al otro, a cualquier cosa o a alguien, que pueda darle aquello que le falta. Debe salir de si mismo hacia aquello que esté a la altura de colmar la amplitud de su deseo.
El Encuentrode Rímini es gran encuentro cultural por el que han pasado en las últimas tres décadas destacadas figuras del ámbito de la cultura, la política, la empresa, la Iglesia y el mundo del espectáculo. Entre ellos destacan nombres como los de Juan Pablo II, el entonces Cardenal Ratzinger, la Madre Teresa de Calcuta, el Dalai Lama, Eugène Ionesco, Andrei Tarkovski, José Carreras, Lech Walesa o Tony Blair, entre otros.
Tras sus 30 años de trayectoria, el Meeting ha alcanzado importantes cifras, como la celebración de 430 exposiciones, 3.200 encuentros y más de 500 espectáculos. El Meeting de Rimini se celebra gracias a la labor de 3.000 voluntarios procedentes del todo el mundo, entre ellos 200 españoles.
Como subraya el título del Encuentro de Rímini, cualquier cosa no es la meta última del corazón del hombre, solamente las “cosas grandes”. Y el Santo Padre tras advertir que el hombre se ve tentado por las cosas que satisface la inmediatez pero al mismo tiempo tan limitadamente ilusorias, recordó del evangelio las tentaciones de Jesús cuando el diablo insinúa que “el pan” como satisfacción material, puede llenar al hombre. Esta es una mentira peligrosa, dijo, porque contiene solamente una parte de verdad y Jesús desvela con su respuesta la falsedad de esta posición: “Sólo Dios basta”. Él solamente sacia el hambre profunda del hombre, quien ha encontrado a Dios, ha encontrado todo y, citando a San Agustín, ha recordado que “nuestro corazón está inquieto hasta que no descansa en Ti” (S. Agustín, Las confesiones, I, 1).
Dios ha venido al mundo, manifestó el Papa a los participantes en este encuentro de Rímini, para despertar en nosotros la sed de las “cosas grandes”. Esto se ve en la página evangélica de inagotable riqueza que narra el encuentro de Jesús con la samaritana del que san Agustín nos ha dejado un comentario luminoso. Aquella mujer como hacía habitualmente fue a sacar agua del pozo de Jacob y se encontró a Jesús sentado, “cansado del viaje”, en el calor del mediodía y después de haberle pedido beber, es Jesús mismo el que le ofrece el agua, no una cualquiera sino una “agua viva” capaz de aplacar la sed. Dios tiene sed de nuestra sed de él, el Espíritu Santo, simbolizado por el “agua viva” de la que habla Jesús es precisamente aquel poder vital que aplaca la sed más profunda del hombre y le da la vida total, aquella vida que él busca y espera sin conocerla.

Benedicto XVI también se refiere en su mensaje a los participantes en el encuentro Comunión y Liberación a los discípulos de Emaús que viven ante Jesús la misma experiencia y es también el Señor el que hace “arder el corazón” a los dos discípulos mientras caminaban “con el rostro triste”. Los discípulos de Emaús al retomar vida al llegar a casa “insistieron” para que permaneciese con ellos: “Permanece con nosotros Señor”. Es la expresión del deseo que palpita en el corazón de todo ser humano.

Este deseo de “cosas grandes” debe transformarse en oración. Los Padres sostenían que rezar no es otra cosa que cambiarse en deseo vehemente del Señor. En un bellísimo texto -continua- define la oración como expresión de deseo y afirma que Dios responde ensanchando nuestro corazón. A este punto el Santo Padre en el mensaje subrayó que a Dios se lo podemos pedir todo, todo aquello que es bueno. La bondad y la potencia de Dios no conocen límite entre cosas grandes y pequeñas, materiales y espirituales, terrenales y celestiales. En el dialogo con Él -llevando nuestra vida ante sus ojos, aprendemos a desear las cosas buenas, en definitiva, a Dios mismo.

Un recuerdo al fundador Luigi Giussani

Tras cinco años del fallecimiento de Mon. Luigi Giussani, el Sumo Pontífice se une espiritualmente a los que se adhieren al movimiento de Comunión y Liberación y -como recordó durante la audiencia del 24 de marzo de 2007 en la plaza de San Pedro- “Don Giussiani se comprometió a despertar en los jóvenes el amor a Cristo, camino, verdad y vida, repitiendo que solo Él es el camino hacia la realización de los deseos más profundos del corazón del hombre“.

Al encomendar a los participantes en el meeting estas reflexiones deseando que sirvan de ayuda para conocer, encontrar y amar cada vez más al Señor y testimoniar en nuestro tiempo que “las grandes cosas” a las que anhela el corazón humano se encuentran en Dios. Benedicto XVI asegura su oración y envía tanto al obispo como a los responsables y organizadores y a todos los presentes, la bendición apostólica.

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 39220 Artículos
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).