Sentido Cristiano de las vacaciones

PALABRA Y VIDA

En el Evangelio de San Marcos hay un pasaje en el que se narra que, después de unos días de especial fatiga, el Señor dijo a los discípulos: «Venid conmigo a un lugar solitario y descansad un poco». Como que la palabra de Cristo no está nunca vinculada sólo al momento en que la pronuncia, creo que constituye también una invitación a vivir cristianamente el hecho de las vacaciones. Por supuesto para aquellas personas que puedan disfrutar de ellas, lo que no es posible para muchos, especialmente en estos tiempos de crisis económica.

Benedicto XVI, llegado el periodo veraniego, dedica cada año unas reflexiones a las vacaciones en sus palabras a la hora del rezo del ángelus. Tengo a mano las que dijo el 8 de julio de 2007: «Es tiempo de vacaciones y mañana partiré para Lorenzago di Cadore, donde seré huésped del obispo de Treviso, en la casa que ya acogió al venerado Juan Pablo II. El aire de la montaña me hará bien –así lo espero- y podré dedicarme más libremente a la reflexión y a la oración».

Estas palabras nos indican ya una primera finalidad de las vacaciones. Junto a un tiempo de distensión deberían ser un tiempo para el espíritu, un tiempo para la lectura, un tiempo para reponer fuerzas no sólo físicas, sino también — y sobre todo- espirituales.

A esta finalidad se refería el papa en la alocución que he citado. Recordemos sus palabras: «Deseo a todos, especialmente a los que sienten de ello mayor necesidad, que puedan tomar vacaciones para reponer las energías físicas y espirituales, y renovar un contacto saludable con la naturaleza. La montaña, en particular, evoca la elevación del espíritu hacia las alturas, hacia el grado alto de nuestra humanidad que, por desgracia, la vida diaria tiende a rebajar».

El descanso tiene en la tradición judeocristiana un lugar de honor. El descanso semanal del domingo –ampliado al fin de semana- y el descanso anual de las vacaciones constituyen unos logros muy considerables de nuestra sociedad. Por desgracia, ambas realidades se ven hoy muy erosionadas.

Cada día son más las personas que han de trabajar en domingo para atender los servicios públicos: hospitales, hoteles, museos, centros de diversión, etc. Esta realidad se da de una manera especial en nuestra archidiócesis porque tiene una amplia zona turística. Y el periodo estival ofrece unas posibilidades de trabajo a personas que quizá no disponen de esta posibilidad durante el resto del año.

El descanso es también un bien escaso, del que lamentablemente muchos no pueden disponer. Razón de más para que, quienes dispongan de esta posibilidad, la vivan con sentido de responsabilidad, como una oportunidad para crecer como personas y como cristianos.

† Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

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