Mons. Julián Barrio pide a los gobernantes mayor empeño en “la búsqueda del bien común y en la renovación ética y moral” de la sociedad española


El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, en su homilía en la Ofrenda Nacional al Apóstol, pidió ayer por los gobernantes para que “tengan la fortaleza, generosidad y constancia” en la “búsqueda del bien común y de la renovación ética y moral” de la sociedad, según recogió la agencia de noticias Europa Press ayer. Monseñor Barrio presidió una Eucaristía, rebosante de peregrinos, que ha contado con 31 concelebrantes, entre ellos estaba presente el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Al final de la celebración los tiraboleiros hicieron volar el ‘botafumeiro’ –el tradicional y gran incensario– que se eleva hasta cerca de los techos de la Catedral.
“Acojo vuestra ofrenda nacional, majestad, –dijo al Rey don Juan Carlos–, encomendado la intersección del Apóstol Santiago, a todos los pueblos de España, de Iberoamérica y, de modo especial, al pueblo gallego para que mantengamos una convivencia solidaria no olvidando nuestras raíces”, ha resaltado el arzobispo.
Además, resaltó que “no hay lugar para el conflicto entre la ley divina y la libertad humana” y ha subrayado que “el respeto por la dignidad de la persona” debe ser “la norma inspiradora de todo auténtico progreso social, económico, cultural y científico”. En respuesta a la Ofrenda al Apóstol realizada por el Rey don Juan Carlos, monseñor Julián Barrio recordó los “dos milenios de historia de la Iglesia” para indicar que “nunca han faltado las pruebas a los cristianos” y señalar que “el peligro más grave” que afecta a la institución y el “mayor daño” que sufre procede “de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades”.
Apeló a que cuando “el pesimismo” invade, no se deben “ignorar los imperativos de la fe” y ha aprovechado para dar “gracias a Dios con alegría” por la “pronta recuperación” de Su Majestad El Rey. Asimismo, hizo referencia a que los desafíos de esta época “están ciertamente por encima de las capacidades humanas”. “Lo están los desafíos históricos y sociales, y con mayor razón los espirituales”, expuso el arzobispo.

Renovación cultural y cristiana

Monseñor Barrio aseguró que con Cristo pueden afrontarse los desafíos, “animando una profunda renovación cultural cristiana y recuperando los valores esenciales como la austeridad, el esfuerzo y la solidaridad, sin olvidar la caridad” con el fin de “ofrecer a todos la esperanza de un mañana mejor y digno del hombre, sobre todo en estos momentos no fáciles como decía Su Majestad”.
También en la homilía de respuesta al monarca, el arzobispo resaltó que “evadir la búsqueda de sentido de la vida o resignarse a una falta de esperanza, empobrece la calidad de vida para uno mismo y los demás”, e insistió en que “el hombre es un peregrino abierto a lo trascendente”.
“Si pensamos en los dos milenios de historia de la Iglesia, acaba de decirnos el Papa, podemos observar que nunca han faltado las pruebas a los cristianos, que en algunos periodos y lugares han asumido el carácter de verdaderas y auténticas persecuciones”, comentó el arzobispo compostelano.
Sin embargo, monseñor Barrio recalcó que “el peligro más grave para la Iglesia” no son éstas, sino que “el mayor daño lo padece de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades”. También manifestó que el cristiano “ha de interpretar su vida en clave de servicio” y ha expresado que “el individualismo infiltrado en la conducta y relaciones sociales, inspira con frecuencia actitudes de vida insolidarias”.
También quiso señalar, en su homilía, que cuando “invade el pesimismo” y “se siente la tentación de abdicar de las responsabilidades terrenas” no se pueden “ignorar los imperativos de la fe”. “El esfuerzo por redUcir el mal ha de ser persistente, sabiendo que la oferta del Evangelio es un camino humanizador de porvenir.
En la parte expresada en lengua gallega, como hizo el monarca en su Ofrenda Nacional, Julián Barrio remarcó que la Iglesia “no desatiende las tareas humanas” y concluía diciendo que “por su misma misión espiritual, mueve a todos los hombres a que tomen conciencia de la raíz de donde provienen los males y urge que pongan remedio a las injusticias y a las deplorables condiciones en las que viven muchas personas”.

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