El cardenal Rouco señala que “dar testimonio de Jesucristo con obras y palabras es el primer imperativo pastoral para la Iglesia de hoy”


El cardenal Arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Antonio Mª Rouco Varela, ha intervenido ayer mañana en el curso de verano ‘Dios en la sociedad postsecular’ que se está celebrando en Ávila, organizado por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’, la Universidad CEU San Pablo y la Universidad Católica de Valencia. A su conferencia han asistido los rectores de las tres Universidades, acompañados por el Obispo de Ávila, Mons. Jesús García Burillo.

En su intervención, ha abordado la cuestión de Dios en la sociedad española postmoderna, constatando que la sociedad española se ha secularizado, siendo frecuente reducir “lo religioso a un ‘mínimun’ insignificante, tanto en el ámbito estrictamente individual como en el familiar”. Así, ha señalado que hoy abundan los casos en los que “se celebran y viven los momentos más decisivos para la existencia de las personas sin ningún contexto y referencia religiosa. El número de jóvenes matrimonios que minusvaloran y, consiguientemente, no cuidan el despertar religioso de sus niños, crece. La ligereza creciente con la que se trata la pregunta por la existencia de Dios y por su importancia para la vida, cuando no la actitud hostil referida a la fe en Él y a su afirmación, se manifiestan con sorprendente facilidad en conversaciones, discursos, intervenciones públicas, aulas y medios de comunicación social”. “Es verdad que no son muchos los españoles que se declaran abiertamente ateos, pero no son pocos los que viven como si Dios no existiera”.

Para el Cardenal de Madrid, esta secularización de las ideas y de la visión de la vida y del mundo ha llevado en la actualidad a “la crisis de los fundamentos morales de la existencia de la sociedad”. Crisis que se constata en “la desfiguración jurídica del verdadero matrimonio entre el hombre y la mujer” o “la frecuente desestructuración de la familia”, o en “la corrupción en la administración pública, en los negocios financieros y comerciales”, que hace que “el principio ideológico del relativismo ético se vaya introduciendo con un éxito cada vez mayor en el comportamiento de muchos españoles e incluso en las ideas que adoptan para autojustificarse”.

Entre el proceso de secularización de una sociedad y la crisis moral, ha señalado que siempre hay una crisis espiritual, ya que “se deja de cultivar el trato con Dios en la oración, se abandonan las prácticas religiosas familiares y eclesiales…”. Pero “en la experiencia espiritual de los españoles contemporáneos, al lado de las crisis, frente a ellas y venciéndolas”, se constata que “la Iglesia florece hoy de nuevo con la oración de muchas almas contemplativas”.

Ha reconocido la urgencia de anunciar a Dios hoy en España, para lo que hay que recuperar la vida espiritual, algo que se expresa “en una forma de vivir la propia personalidad, la relación con los demás, el matrimonio, la familia, la sociedad, la humanidad… desde el amor y la caridad de Cristo”. Y es que, “la vida en Dios es vida espiritualmente vivida como vocación para la santidad”. “Hablar de Dios y con Dios en el vivir y el quehacer de los cristianos. Hablar de Jesucristo y con Jesucristo como el Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvación, presente en su Iglesia, se ha hecho una de las tareas más urgentes para encontrar la buena fórmula de anunciar a Dios en la sociedad española contemporánea: ¡para evangelizarla!”.

Ha concluido su intervención afirmando que “dar testimonio de Jesucristo con obras y palabras es el primer imperativo pastoral para la Iglesia de hoy”.

Ley del aborto
En declaraciones a los Medios antes de impartir su conferencia, el Cardenal ha sido preguntado por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el aborto, manifestando su esperanza de “que la declaren en algunos de sus aspectos inconstitucional. Es una opinión empírica, que tiene que ver con la interpretación de la Ley a la luz del artículo de la Constitución que garantiza el derecho a la vida de todos, y fruto de la forma como el Tribunal Constitucional trató la constitucionalidad de la primera Ley, en la que declaró que el embrión, el concebido, desde el primer momento de su existencia es un bien protegido constitucionalmente, y que cede sólo ante un bien mayor. Con esa doctrina del Tribunal Constitucional es muy difícil –hablo como jurista, no desde el punto de vista teológico o desde la visión teológica del problema, sino desde el análisis teórico de la cuestión- es muy difícil, repito, poder admitir que sea libre el aborto en las 14 primeras semanas del embarazo”. “Otra cosa es el problema moral y ético, que naturalmente está relacionado”.

En este sentido, y respecto a la postura de los presidentes autonómicos que se han negado a aplicar esta Ley, ha dicho que “una cosa es el principio de separación entre la vida pública y la vida privada y otra distinta las responsabilidades morales y éticas que tiene un gobernante en relación con la ley vigente. En un sistema jurídico como el nuestro, tiene que aplicarla, y si no la aplica tendrá que renunciar a su cargo”. Aunque ha puntualizado que “hay que aplicarlo a las situaciones concretas, porque para un gobernante es una obligación, tiene la obligación del sistema jurídico vigente en una democracia de cumplir la ley. No está por encima de la ley. Otra cosa es qué hace con su conciencia ante una ley que es injusta. Eso es un problema que habría que ver en cada caso cómo se resuelve”.

También ha hablado de la próxima JMJ que se celebrará en Madrid en agosto de 2011, reconociendo que “vendrán muchísimos jóvenes. Las primeras inscripciones, que comenzaron el 1 de julio, son espectaculares. Confiamos en que Madrid y España puedan responder a ese, llamaríamos, ‘reto’, primero espiritual y luego pastoral, para la Iglesia; también es un reto para la sociedad y para España, que siempre se ha caracterizado por una hospitalidad vivida muy entrañablemente”. En este sentido, ha apuntado que “España ha sido, desde sus primeros momentos del segundo milenio de historia, uno de los lugares más acogedores a través del Camino de Santiago. Y el Camino de Santiago es quizá una demostración hoy, todavía viva, de esa capacidad de hospitalidad que tenemos los españoles”. Algo que “no nos viene por casualidad. Nos ha venido de una tradición plasmada y alimentada por la fe cristiana, y que hace del hombre y de la forma de vivir la vida por parte del hombre forzosamente apertura y entrega al otro, lo que se llama amor al prójimo. Y cuando se vive la moral personal desde ese gran ideal que es el amor al próximo, se es hospitalario, se acoge al que viene”. Por ello, ha concluido manifestando su esperanza de que “ese reto lo podamos asumir con frutos de todo orden: primero espirituales, pero también humanos, sociales y culturales, para Madrid y para toda España”.

Por último, y en referencia a su intervención ha afirmado que “los cambios sociales en el campo de la vida y de la experiencia religiosa, en España, han sido hondos. Unos han sido más extensos, y han afectado a gran parte de la geografía europea y española; otros han afectado más a la vida íntima de las personas, a lo más hondo y profundo de la persona. Y es que lo religioso tiene que ver con lo más profundo, lo más hondo de la existencia de la persona. Cuando hay situaciones de confusión, de desorientación, de pérdida de valoración de lo religioso, afecta al tejido social. La ética y la moral no admiten separaciones, sí distinciones. La vida pública y la vida privada están muy ligadas entre sí”.

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