"Marta y María. Oración y acción", carta del obispo de Girona


Estamos en pleno verano: calor, vacaciones, o sin posibilidad de hacerlas; viajes; los estudiantes han finalizado sus estudios, la vida, en su conjunto, tiene un aire nuevo; y, tal vez, una de las características del verano es que durante esta época nos relacionamos más con otras personas, o por lo menos disponemos de más tiempo para hacerlo.
Una reflexión desde la meditación del texto evangélico del presente domingo, que es conveniente leer para entenderla mejor.
MARÍA Y MARTA, ambas, con su oración y acción, acogen a Jesús en la casa amiga, pero María ha escogido la mejor parte.
Una escena familiar. Se trata de un hecho sencillo y cálido: acoger a Jesús en casa. Una casa donde Jesús se encuentra a gusto tras predicar, curar y caminar, donde se siente en familia.
Es importante captar el significado de estas dos figuras femeninas.
Marta acoge a Jesús en casa, y puede simbolizar la fe que acoge a Jesús, y por ello se siente desasosegada y atareada, pues quiere obsequiarlo como se merece. ¡ES LA FE DE LAS PERSONAS ACTIVAS! María, su hermana, escucha a Jesús sentada a sus pies. ES LA FE DE LAS PERSONAS CONTEMPLATIVAS.
Las palabras de reproche de Jesús a Marta son pronunciadas cuando ella protesta porque su hermana no hace nada. Como si la actitud de escuchar, y escuchar a Jesús y contemplarlo, no fuera importante para acogerlo.
Se trata más bien de un comentario comprensivo, como los que hemos escuchado a menudo en nuestras familias, dirigidos a la madre o a las hermanas.
Es más bien una palabra de bendición de Jesús a María: “Ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”.
¡ES LA FE DE LAS PERSONAS CONTEMPLATIVAS QUE ESCUCHAN Y MIRAN A JESÚS!
Y SEGUIDAMENTE DEBEMOS AÑADIR: NOSOTROS TAMBIÉN HEMOS DE SER COMO ESTAS PERSONAS.
Jesús aprovecha una ocasión muy corriente para decir algo harto repetido: “andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria”. Él mismo es lo único necesario.

El grito de Jesús nos resulta hoy especialmente necesario, dado que vivimos bajo un ritmo frenético, con rápidos cambios, desorientación. Podemos sentir una inquietud interior al no saber que es lo que vale la pena, estamos decepcionados y experimentamos un gran vacío interior.
La figura de María no simboliza el hecho de escuchar sin hacer nada. Es abrirse a Jesús, escuchar su palabra que ilumina el sentido de la vida; quiere decir orar, contemplar, leer, pensar, reflexionar, celebrar la fe. Se trata de callar y escuchar al Señor para aprender a vivir; sí, para aprender a vivir a su lado, para acogerlo de todo corazón.
¡La figura de Marta nos retrata muy bien a muchos de nosotros!, siempre preocupados por ofrecer lo mejor a Jesús y, por ello, inquietos, atareados, con frecuentes reuniones y actividades. El peligro reside en que al estar tan preocupados por “hacer”, por la acción, nos olvidemos de la persona y la dejemos sola.
No obstante, la acción es del todo necesaria. Desde el ejercicio de las responsabilidades cotidianas, hasta los compromisos de servicio y de transformación de la realidad.

Por todo ello, no hemos de escoger: o Marta o María, sino Marta y María, al mismo tiempo.
Todos sabemos por experiencia que, cuando nos invitan, nos complace todo lo que nos han preparado, lo que nos ofrecen, pero todavía nos gusta más que se ocupen de nosotros, que nos atiendan y nos acompañen.
Estamos ante una lección válida para la vida ordinaria. Con frecuencia vivimos atareados y deseosos de ofrecer cosas a los niños, a los jóvenes, a la gente más cercana a nosotros, sin darnos cuenta que lo que más desean es que los atendamos, que estemos a su lado.
Es cierto que en la vida no podemos serlo todo. Por esta razón en la vida cristiana hay el acento contemplativo, específico de los monjes y las monjas, y el acento de la vida activa, que corresponde a la mayoría de nosotros. También en este caso debemos buscar momentos, espacios, tiempos, celebraciones que nos ayuden a ser como María, a vivir el acento o la dimensión contemplativa.
Un ejemplo: en la Eucaristía repetimos con frecuencia: ¡El Señor esté con vosotros! Y esta es la gran verdad de la Eucaristía. Pero, para que la Iglesia pueda poner esta mesa han sido necesarias muchas Martas que la hayan dispuesto, y así, todos nosotros, como María, podemos acoger, escuchar, contemplar y amar a Jesús. Al mismo tiempo, muchas Marías nos recuerdan su importancia decisiva para nuestras vidas.

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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