El cardenal Bertone se define en sus Bodas de Oro Sacerdotales como «amigo de Jesús, sacerdote para servir a la Iglesia»


“Iluminado con el ejemplo de Benedicto XVI, amigo de Jesús, sacerdote para servir a la Iglesia, presentando a la humanidad la ternura del Señor”. Son palabras con las que se define a sí mismo el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, en la Basílica Vaticana, durante la homilía que pronunció ayer por la tarde, en la Santa Misa de acción de gracias con motivo del 50 aniversario de su ordenación sacerdotal.
Recorriendo sintéticamente y con profunda gratitud a Dios el intenso medio siglo de su existencia – en el que ha sido ‘elegido para un servicio incomparablemente bello’ – el Card. Bertone ha evocado con conmoción a las numerosas personas a las que se ha esforzado en servir como sacerdote y salesiano.
Empezando por el obispo que le ordenó, sacerdote, hace 50 años. Y que luego, hace 30, lo consagró en la ordenación episcopal. Numerosos sacerdotes ejemplares, religiosos y religiosas fieles, laicos generosos y comprometidos, familias unidas que testimonian el amor, jóvenes y ancianos, humildes y potentes de la tierra… ‘A todos os llevo en mi corazón’, ‘también a los que no siempre brillan en la coherencia de la fe’, ha señalado el cardenal Bertone, citando a san Pablo. ‘Pues con el pasar de los años, nos damos cuenta de que lo único que dura para siempre es la caridad. Ayudarnos, perdonarnos y servirnos los unos a los otros ¡Deus caritas est!’.
Preguntando quién es el sacerdote, el cardenal secretario de Estado ha reiterado que «la respuesta es siempre y sólo una: el sacerdote es un enamorado de Jesucristo, que es su amigo – el Amigo amado, esperado, encontrado, alabado e implorado». Tras señalar que su divina presencia le ha acompañado y amparado siempre, el purpurado ha recordado el ejemplo del Papa: «En esta experiencia es para nosotros un luminoso ejemplo el Santo Padre Benedicto XVI. Él en el afanoso torbellino del mundo de hoy, a menudo enfermo de superficialidad, invita a todos, pero en especial a nosotros los sacerdotes, a la reflexión, a profundizar en la fe en una relación de amistad con Jesús. E indica la comunión eclesial como cimiento para un incisivo testimonio evangélico. Basta escuchar con atención sus palabras, meditar en ellas de forma sapiencial, para probar la saciedad del alma y de la mente. Durante el Año sacerdotal, recién concluido, Benedicto XVI ha propuesto el ejemplo del Santo Cura de Ars, pero ha presentado también una galería estupenda de sacerdotes valientes, santos y doctos, en el camino de la Iglesia, a veces difícil pero glorioso».
El cardenal Tarcisio Bertone concluyó su homilía como ‘hijo de Don Bosco y devoto de María Auxiliadora’, renovando su consagración a la Virgen. Tierna Madre que le acompaña en cada etapa de su camino, a lo largo de la vida y de su compromiso eclesial.

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